INVESTIGACIÓN BIOMÉDICA EN ESPAÑA Eduardo Salido Ruiz (*)
Agradecido de que se me haya pedido opinión sobre la investigación en Medicina en nuestro ambiente, no he podido rehusar, sin que ello signifique que yo me considere experto en política de investigación. No es ésta la disciplina en la que me he formado y, por tanto, esta crítica no es más que la opinión personal de un usuario que hace investigación en nuestro medio, y que puede hacer comparaciones con la situación que he percibido en algún otro país en el que también he trabajado. En este sentido, asumo que puedo no estar bien informado o tener una percepción equivocada de la realidad, pero si me piden opinión la doy tal como la siento. Como cualquier otra actividad humana, la producción científica depende de recursos materiales y humanos, ambos matizados por el contexto social.
Se ha hablado mucho de los recursos materiales, del porcentaje del PIB que España dedica a investigación... hasta el punto que se ha convertido en un tópico el decir que los investigadores españoles no producimos más porque no tenemos suficientes medios. En este tópico parece implícito que ésta es la única diferencia con respecto a los investigadores más productivos del mundo, y que por lo demás somos tan inteligentes o más que los otros, y que hacemos un uso más que adecuado de los recursos que disponemos. Por mi falta de formación en economía y por lo manido del tema, pasaré rápidamente sobre mi opinión acerca de los recursos materiales. Es cierto que nuestro país dedica a investigación un porcentaje del PIB inferior al de otros países europeos de similar estado de desarrollo, y que ésto se traduce en que partimos de un punto algo más bajo en cuanto a recursos materiales con los que hacer nuestra investigación. Lo que no comparto es que la solución al problema sea simplemente invertir más dinero público en investigación, sin antes mejorar la eficacia de la inversión. Para hablar de eficacia tenemos que estar de acuerdo en lo que es el producto de la actividad científica, y en este sentido opino que hay tres bienes derivados de la investigación en Medicina: conocimiento científico, educación y asistencia sanitaria.
También podemos considerar tres niveles en la investigación (al igual que ocurre en el deporte): de alta competición, de población, y de espectadores. La alta competición se evalúa en términos mundiales, y es lógico que los mejores investigadores trabajen en los países más desarrollados económicamente, y que consigan logros a los que a todos nos gustaría aspirar, pero que tenemos pocas posibilidades de alcanzar. No obstante, desde el punto de vista de la salud de la población, el tipo de deporte más importante es que la mayoría de los ciudadanos haga ejercicio; similarmente, creo que la investigación más importante para un país con nuestro nivel de desarrollo es la investigación seria, bien hecha, aunque no sea en los temas más llamativos para la élite. Si la mayoría de los médicos y profesores de Medicina hacemos este tipo de investigación, las posibilidades de que en el futuro tengamos investigadores competitivos aumenta, pero es que además aumenta muy significativamente la calidad de actividades como la docencia de futuros médicos y la atención a nuestros pacientes, por lo que el rendimiento a medio plazo es mayor.
Recursos desperdiciados
Existen, no obstante, un porcentaje de recursos que se desperdician en nuestro país en la "investigación como espectáculo": leer lo que han hecho otros, gastar mucho dinero en "fichar" máquinas sofisticadas para intentar reproducir unos cuantos experimentos, y proclamar a través de los medios de manipulación de opinión que hemos sido los primeros en España, Canarias, Tenerife, Ofra o Chamberí en hacer esto o aquéllo. Entiendo que el deseo de llevarse bien con nuestro ego empuje a dar a conocer en la Prensa no científica los "logros" científicos que alcanzamos, pero si uno fuese a creer lo que aparece en este tipo de prensa, así no quedan enfermedades para las que médicos españoles, canarios, tinerfeños... (según la tirada del periódico) no hayan encontrado el remedio. Y el problema con esta actitud no es simplemente que se exagere la nota (algo que sería casi irrelevante si se tratase de investigación en historia o literatura), sino que se crean expectativas falsas en la población. Cuando contribuimos a que se frivolice la investigación en Medicina, además de parecernos mas a un charlatán que a un científico, favorecemos que la población ponga una fé irrealista en nosotros, y creamos un fantasma que nos persigue y nos fuerza a seguir exagerando el resto de nuestra carrera profesional.
Y lo que es incluso peor, corremos el riesgo de que la sociedad de la que dependemos pierda confianza en nosotros. Conozco demasiados ejemplos de casos en que se ha confundido hacer investigación original con comprar una máquina nueva, de la que no dispone el vecino, cuanto más cara mejor. Incluso con la mejor de las intenciones, la falta de formación y dedicación de individuos que están en posición de decidir como invertir los recursos hace relativamente frecuente que se caiga en esta forma de fetichismo. Con frecuencia me sorprende ver que en nuestro medio, de recursos tan limitados, se compran aparatos extremadamente caros, sin una justificación clara, a los que no se les aplican criterios de productividad. Además, son insuficientes las ocasiones en que esos equipos se adquieren para ser compartidos y amortizados gracias a una utilización masiva, y es más frecuente que se caiga en la tentación de usar las máquinas sofisticadas como artículo de lujo, herramienta de poder o llave que posibilita que aparezcan como coautores de artículos científicos individuos que no han contribuido física o intelectualmente al desarrollo del trabajo, sino que simplemente han "trabajado" el despacho del responsable político de quien depende el uso del dinero público.
El contexto social en el que la investigación está inmersa determina en gran medida el nivel del éxito de la misma. En España, a diferencia de los países más desarrollados, la investigación parece ser sólo "responsabilidad del estado", pero ¿estaríamos dispuestos a pagar más impuestos para que se invirtiera más en investigación?, ¿estaríamos dispuestos a que las empresas farmacéuticas no subvencionasen comidas, reuniones y viajes, e invirtieran ese dinero en investigación?, ¿cómo de generosos somos con asociaciones benéficas? Como punto de referencia, en países como USA o Reino Unido, las empresas privadas invierten en investigación mucho más que en nuestro país, no se considera ético muchas de las ayudas personalizadas de la industria farmacéutica al médico, y un porcentaje alto de las investigaciones en Medicina están subvencionadas por ONGs (fundaciones, asociaciones filantrópicas...), de modo que no hay tanta dependencia del estado a la hora de hacer investigación.
Alto coste de los materiales
Otro componente que incide en el rendimiento de los recursos de que disponemos es el alto coste de los materiales necesarios para hacer investigación en España. ¿Cómo se explica que un mismo reactivo tenga un precio en España entre tres y cinco veces superior, algunos artículos hasta diez veces superior a lo que se paga en USA, al cambio? Varios factores parecen influir: primero, tenemos muchos intermediarios, que no producen nada, sino que compran y venden y con ésto han de justificar sus beneficios; segundo, el mercado de consumidores de productos de investigación es pequeño, lo que aumenta los gastos proporcionales del servicio, máxime en sitios periféricos como Canarias, y limita la competición entre empresas, de modo que se dan situaciones de casi monopolio.
Tercero, las instituciones públicas suelen pagar tarde y mal, con una gestión anticuada, que da pie a que los proveedores carguen costes de financiación a veces abusivos; cuarto, son pocas las instituciones públicas españolas que disponen de una gestión moderna y agresiva, que busque la mejor relación coste-beneficio en las compras de material y equipos, que ejerzan de contrapunto al natural deseo de los proveedores de aumentar sus beneficios; y quinto, los proveedores están organizados para convencer a las personas que han de tomar la decisión acerca de su producto, mientras que el "dinero público" muchas veces no duele a nadie.
Los recursos humanos son igualmente importantes, y en este campo nuestro país partiría de la misma línea de salida que el resto: la inteligencia, ganas de trabajar, y obsesión con la excelencia que hacen falta para ser un buen científico están repartidas en la especie humana y no se concentran significativamente en ninguna región del mundo. Lo que si es cierto es que los países más desarrollados y organizados para hacer investigación acaban recogiendo a los individuos mejor dotados para esa actividad, independientemente de cual sea su país de origen. España recoge esencialmente sólo a científicos de origen español, e incluso la obsesión nacionalista de las distintas regiones del país pone algunas barreras a la selección de los mejores. La endogamia que propician los sistemas vigentes en las instituciones públicas españolas empobrece tremendamente los recursos humanos de que disponemos para investigar. Además, no nos hemos propuesto atraer a jóvenes de otros países, a veces justificado por los altos niveles de paro que se dan entre nuestros licenciados. Siendo realistas, también hay que tener presente que el "mercado de cerebros" está globalizado, y si uno se pone en la piel de un licenciado brillante y trabajador de China, mil veces de mil elegiría emigrar a USA antes que a España. El mismo razonamiento hizo que la España de nuestros antepasados contase con individuos como Cristóbal Colón o El Greco.
Formación y recursos
Conscientes de que los recursos humanos con que España puede contar son eminentemente individuos españoles, en las últimas décadas se ha hecho un esfuerzo encomiable para que licenciados que salen de nuestras facultades, con conocimientos casi exclusivamente teóricos, se formen en los centros de investigación de mayor reputación del mundo. El objetivo implícito (y explícito en el texto de algunas becas, como la Fulbright-MEC a la que debo mi formación en la Universidad de California) era que muchos de estos científicos volviesen al país de origen, y desarrollasen aquí su potencial. Algunos (sobre todo los de las primeras hornadas) hemos tenido fácil la reincorporación. El porcentaje de científicos españoles que quieren retornar a este país es bastante alto, quizá porque hay otros muchos atractivos en nuestra sociedad para alguien que ha crecido aquí. Esto hace aún más lamentable el que, salvo unas tímidas becas de reincorporación temporal, nuestras instituciones no se hayan esforzado más en elegir a los mejores en términos objetivos, y en muchos casos se haya potenciado la endogamia de una manera vergonzosa, en perjuicio del que "viene de fuera". En la medida que existe, el nepotismo y el tráfico de influencias y favores menoscaba la capacidad de nuestras instituciones para competir con las de otros países donde los méritos objetivos del candidato es lo que determina a quien se contrata. A esto se suma la excesiva estabilidad en el empleo en las instituciones públicas, que no penaliza al que no trabaja con el despido, sino que mantiene funcionarios en sus puestos a perpetuidad, incluso en casos en que claramente no están interesados en la labor que supuestamente deberían desarrollar. Otro problema de entorno social, que también menoscaba nuestro potencial para crear ciencia es que el mencionado instinto tribal es perjudicial no sólo a la hora de seleccionar el personal, sino que se hace patente también a nivel de organismo, favoreciendo la dispersión de los recursos y la falta de definición de objetivos comunes. Para los que vivimos en esta región es fácil reconocer que se invierte demasiada energía en enfrentamientos entre Las Palmas y Tenerife, entre Ofra y Chamberí, entre médicos "de hospital" y "de universidad", de la planta trece par y la trece impar... y que estas corrientes catabólicas no hacen sino dificultar una actividad creativa, y de esfuerzo en equipo como es la investigación.
Unidades de investigación
He abundado en lo que me molesta de la situación actual de la investigación en nuestro medio porque creo que así perfilo mejor mi opinión, pero esto no quiere decir que no observe aspecto positivos, muy esperenzadores en la investigación que estamos haciendo. De hecho, da la impresión de que varios de los puntos en que he incidido están ya en la mente de los que ocupan puestos de responsabilidad en política de investigación, y quizás no se hayan tomado medidas más rápidas por problemas de índole estratégico o pragmático que se escapan a gente como yo, que no somos profesionales de política científica. En cualquier caso, parece ser que hay suficiente gente de acuerdo en el diagnóstico de algunos de los problemas comentados en esta crítica constructiva. Por esto podemos plantearnos tratamientos racionales que mejoren nuestro rendimiento científico.
Uno de los aspectos más positivos que he vivido en los años recientes, ha sido la potenciación de Unidades de Investigación como esfuerzo conjunto de científicos básicos y médicos clínicos. Este diseño intenta optimizar los recursos materiales, compartiendo en lugar de duplicando innecesariamente, y los recursos humanos, sumando profesionales de varias áreas, en lugar de dividiendo. Esta empresa común incide en un área donde nuestro país puede ser muy competitivo a nivel global por tres motivos fundamentales: primero, tenemos tradición de atención sanitaria pública, con una práctica médica de buen nivel (a pesar de las listas de espera, que se deben más a problemas de organización, creo); segundo, es un tipo de investigación que no depende tanto del nivel tecnológico del país; y tercero, esta actividad precisa de la participación de pacientes, que en España es llamativamente positiva, debido a una relación médico-paciente tradicionalmente buena.
Esto se traduce en que nuestras instituciones están contribuyendo cada vez más al conocimiento científico en Medicina, como se puede constatar en el número y calidad de publicaciones científicas de las Unidades de Investigación. Por todo esto, y a pesar de los inconvenientes que he comentado más arriba, no puedo sino sentirme optimista con respecto al futuro de nuestro trabajo en investigación.
(*) Profesor titular de Anatomía Patológica y miembro de la Unidad Mixta de Investigación del Hospital Universitario de Canarias-Universidad de La Laguna