GUMERSINDO ROBAYNA: "Soy cirujano de profesión y viticultor por afición"

 

El doctor Gumersindo Robayna pertenece a esas familias tradicionales en las que se hereda "todo", el nombre, la profesión, pertenencias... Hijo de médico y padre de médico, ambos con el mismo nombre: Gumersindo. Es licenciado y doctor en Medicina y Cirugía por las Universidades de Madrid y La Laguna, respectivamente, y especialista en Cirugía General. Se define como "cirujano de profesión y viticultor por afición", vocación tardía ya que se integró totalmente en esta cultura después de los cincuenta años.

Noviembre de 1998

 

Nació en Santa Cruz de Tenerife, en 1933. Hijo de don Gumersindo Robayna Galván, recientemente fallecido (médico muy popular en Santa Cruz y con gran capacidad de trabajo. Fue el primer jefe del Servicio de Dermatología y Venerología del antiguo Hospital Civil, Jefe Local de Sanidad y alcalde de la ciudad, entre 1955-1960). Estudió el Bachillerato en Colegio de los Escolapios, donde adquirió -según manifiesta- "una preparación básica en ciencias y una formación bastante completa de humanidades, algo que carece el actual plan de estudios preuniversitarios y que considero ha sido muy interesante culturalmente y para desarrollar mis hobbies". La carrera la realizó en Madrid, finalizándola en 1956, formándose posteriormente en la especialidad de Cirugía General. Es académico numerario de la Real Academia de Medicina de Tenerife y correspondiente de la Real Academia Nacional. Fellow del Colegio Internacional de Cirugía y de la Royal Society of Medicine, de Londres. Miembro de la Sociedad Española de Patología Digestiva y miembro de honor de la sociedad canaria de esta especialidad. También, pertenece a la Asociación Española de Cirujanos y a la Sociedad Canaria de Cirugía. Entre sus aficiones destaca la Viticultura, comentando lo siguiente: "soy cirujano de profesión y viticultor por afición, de vocación tardía, pues empecé a los cincuenta años. Esta segunda actividad me absorbe mi tiempo libre, que comparto con asistencia a conferencias, exposiciones de pintura, conciertos y la lectura, con preferencia de temas de historia. Mis otras aficiones son la natación y la equitación".

Asimismo, señala que se siente orgulloso de sus cuatro hijos: Gumersindo, que hace anestesia en Inverness (Escocia); Berta, física en Cobaltoterapia del Hospital Universitario de Canarias (HUC); Cristina, licenciada en Económicas, ocupa un cargo directivo en una empresa y Elena, licenciada en Empresariales. Antes de fin de año los dos primeros leerán sus tesis doctorales en la Facultad. A los cuarenta y tres años comenzó a trabajar en cirugía experimental, para su tesis doctoral sobre pancreatitis aguda hemorrágica necrotizante. De esta época conserva un recuerdo especial de sus colaboradores, manifestando "tuve como colaboradores a dos buenos estudiantes que continuaron conmigo en la Clínica la Colina, hoy destacados cirujanos, Norberto Hernández y Ángel Carrillo, catedráticos de Patología Quirúrgica. Posteriormente tuve una serie de ayudantes en la Clínica que me los enviaban del Hospital Militar y que estaban haciendo la mili y a la mayoría de ellos les he seguido su trayectoria. Uno es jefe de Cirugía Cardíaca infantil en Hospital de Valle de Hebrón, otro es cirujano laparoscopista en dos clínicas privadas de Barcelona, otro jefe clínico en Puerta de Hierro. En el HUC un antiguo colaborador es jefe clínico de Urología, otro traumatólogo en La Candelaria, y el penúltimo que estuvo conmigo es actualmente oncólogo; varios cirujanos de esos dos Centro han sido mis colaboradores en la Colina".

 

¿Influyó la profesión paterna para estudiar Medicina?

"En cuarto curso de Bachillerato soñé con ser ingeniero de montes, indudablemente primaba mi afición a la naturaleza. En mí decisión de estudiar Medicina, tal vez, influyera que al final del bachillerato empollaba en el despacho de mi padre. Sus narraciones de investigadores célebres y su personalidad influyeron indirectamente en mi animo. ´Don Gumer´ era un hombre muy liberal, que respetaba las opiniones de los demás y jamás trató de imponer a sus cuatro hijos, ni a nadie, su criterio; de él heredamos el amor al trabajo y la tenacidad. De mi madre saqué su optimismo y el saber ver la parte positiva de las cosas, a los dos les tengo mucho que agradecer".

 

Dr. Robayna, cuéntenos alguna anécdota o vivencias de su etapa de estudiante.

"Llegué a Madrid con diecisiete años, afortunadamente mi padre me había conseguido una plaza en Colegio Mayor "Jiménez de Cisneros", donde el ambiente era extraordinario y se podía compaginar el estudio con el deporte y las actividades culturales. Asistí a conferencias muy interesantes y escuche -en vivo- la actuación de famosos solistas de la época. A las siete y media de la mañana hacíamos footing por la Ciudad Universitaria y dos días a la semana entrenaba en el equipo de rugby del Colegio. Llegué a jugar algunos partidos amistosos de linier, con Corviniano Rodríguez Galván, que venía de la misma clase de las Escuelas Pías; actuaba de talonier Bernardino Valle, un canarión que estudiaba Medicina. Los tres teníamos mucho entusiasmo, pero nuestras facultades físicas no estaban a la altura de las circunstancias para soportar el terrible encontronazo de la melé, y después de varias magulladuras y algún esguince decidimos abandonar ese viril deporte".

"También, participé en una competición de piraguas por el Manzanares. Había llovido bastante y el río tenía un cierto cause, en uno de los saltos de nivel volcamos por culpa mía. En la parte posterior de la embarcación iba Armenta, el entrenador de rugby, un todo terreno que había estado de voluntario en la guerra contra Rusia con la División Azul, y posteriormente había participado en una regata a remo desde Mallorca a Roma. Para este personaje y en aquel tiempo la situación era humillante, en un arranque violento me persiguió con las aguas hasta medio muslo enarbolando el remo, para regocijo de los espectadores domingueros que seguían la prueba desde un puente. Afortunadamente para mi, Armenta tenía una artrodesis de un tobillo y yo me pude escapar, aunque cogí una bronquitis por el remojón".

"Mi peor vivencia en la Facultad fue el primer día en la sala de disección, aquello me resultó impactante. Los cerebros de los cadáveres estaban metidos -nadando- en formol, en soperas de porcelana blanca; en el almuerzo en el Colegio Mayor nos dieron ese mismo día sopa de fideos en soperas de porcelana blanca... En cuarto curso entré de alumno en el Servicio de Medicina Interna de Jiménez Díaz, en el Hospital de San Carlos (hoy museo Reina Sofía), los sábado por las mañana completaba mi formación asistiendo a aquellas maravillosas sesiones clínicas de don Gregorio Marañón. Los dos eran unos grandes maestros en fisiopatología, materia médica que siempre me ha apasionado. De esa época guardo unos recuerdos gratos e imborrables".

¿Donde se ha desarrollado su dilatada vida profesional?

"A los veintitrés años, en 1956, una vez licenciado en Medicina, comencé mi preparación quirúrgica con el Dr. González Duarte, en el Gran Hospital de la Beneficencia del Estado, en Madrid. En aquel tiempo, era una institución modélica por donde pasaban cirujanos extranjeros, presidentes de repúblicas sudamericanas y hasta el rey Saud de Arabia. En mayo del siguiente año, interrumpí mi trabajo durante seis meses para incorporarme a mi destino de alférez de Infantería, en el Primer Tercio de la Legión (la misma bandera o batallón que había mandado Franco, cuando era comandante). En Melilla disfruté de mis principales aficiones, natación y equitación. A los tres meses de vida cuartelera pasé al Hospital Pagé, donde se hacía buena cirugía de la Escuela de Gómez Ulla; de Melilla volví a Madrid".

"En Septiembre de 1958 me casé con Berta Elvira Duque, nieta del famoso cirujano palmero-cubano Dr. Pérez-Camacho. Ella sabía lo que le esperaba; buena esposa y una excelente madre, siempre ha estado a la altura de las circunstancias. Nos establecimos en Londres donde yo asistía al quirófano y clases tutoriales de Patología Quirúrgica, del King`s College Hospital. A los pocos meses ocupé una plaza interina de House surgeon (cirujano interno), en un Hospital de la ciudad de Slough, y al terminar el contrato inicié el rotatorio en los hospitales de la Oxford Regional Board. Allí, tuve la oportunidad de conocer al famoso traumatólogo catalán exiliado Dr. Trueta. En los intervalos, hice un curso de ciencias básicas en el Colegio de Cirujanos de Londres y otro en la Escuela de Postgraduados del Hanmersmith`s Hospital".

"A los treinta años me establecí en Santa Cruz de Tenerife, en una consulta privada. Por las mañanas, a tiempo parcial, trabajaba de cirujano agregado en el antiguo Hospital Civil; a las tres de la tarde, daba clases de enfermería en la Cruz Roja; a las cuatro, pasaba la consulta de mi padre de medicina general, en el Ambulatorio; luego mis operaciones privadas y de compañías de seguros. En el Hospital cubría las urgencias de Cirugía de los doctores Trujillo y Zerolo. En total, un montón de horas semanales sin festivos, ni vacaciones, y con muy poco contacto con mis hijos".

"Tres años después y a instancia del ginecólogo Francisco Montes de Oca, decidimos comprar juntos una finca rústica abandonada, con una casa de dos plantas. Por entonces, la demanda de camas quirúrgicas era superior a la oferta y se hacía indispensable disponer de clínica propia; con un crédito personal que nos dio un banco adquirimos la propiedad y encargamos el proyecto de adaptación de un edificio nuevo al ya existente. Inmediatamente y contando con la aportación de la misma cantidad por parte del traumatólogo Domingo de la Rosa, decidimos iniciar el desmonte de terreno. Cuando colocamos la primera piedra estaban también los doctores Ráfols y Gómez Afonso, así surgió Clínica la Colina S.L., que llegó a tener de partícipes-propietarios a dieciséis profesionales. Esta Institución -en aquella época- significó un hito en la historia de la medicina en Canarias, pues fue la primera vez que se materializó el deseo de los médicos de aunar en un mismo edificio una policlínica, incluyendo radiología, laboratorio y rehabilitación, con la hospitalización. El próximo marzo cumplirá los treinta años. Actualmente, continúo con la consulta en la Colina y de cirujano en el Ambulatorio de Santa Cruz, plaza que ocupé por concurso de méritos cuando se jubiló el Dr. Soriano, de quien fui ayudante en el antiguo Insalud".

 

Don Gumersindo, ¿y esas anécdotas que usted tanto cuenta...?

"Estando de alférez de guardia en Tahuima, actualmente Marruecos, el capitán de cuartel me preguntó que si yo era médico y al contestarle que sí me envió a uno de los calabozos donde estaba un cabo 1ª inconsciente. Yo tenía que informar si el coma era etílico o traumático, por un botellazo que le habían dado en la cabeza en un bar. La exploración fue minuciosa y yo estaba con una rodilla en tierra, con la pistola en el costado derecho y el sable reglamentario en el izquierdo. Al terminar el examen, me comentó el sargento de guardia que en su vida había pasado peor trago pues había mantenido a raya -con su metralleta- a los legionarios arrestados en aquella celda, que no tenía más de veinte metros cuadrados. Mi experiencia más tenebrosa la tuve en un hospital inglés, cuando la policía me trajo, por orden judicial, en la madrugada de un gélido día de febrero el cadáver de una mujer que un tren había partido en dos, para certificar su defunción. Otra experiencia desagradable fue mi colaboración para embalsamar los cadáveres carbonizados de los viajeros del avión alemán que cayó de cola y se incendió tras el despegue de la pista de los Rodeos, la mayoría de los cuales estaban decapitados y con sus miembros separados de los cuerpos".

"Mi operación más gratificante, por la escasez de medios y la necesidad de improvisación, fue la que realicé a un fabricante de cohetes que le explotaron en el pecho y por la brecha de la caja torácica se veía el corazón, entre las costillas fracturadas y chamuscadas. El Hospital Civil no disponía de más instrumental que para una laparotomía, con lo que me las tuve que arreglar para abordar un hemotorax con desgarro pulmonar, para colmo el ayudante se desmayó y continué solo con Sor Marcela... y Dios, a quien le rezaba. Como drenaje torácico utilicé un tubo de goma conectado con una pipeta y una probeta del laboratorio. El postoperatorio transcurrió sin complicaciones".

"Con respecto a Clínica la Colina la primera anécdota surgió un mes antes de la programada inauguración, ante la imposibilidad de encontrar una cama disponible en ninguna clínica privada ingresé a la esposa de un conocido farmacéutico analista con una apendicitis; de la noche a la mañana se había pasado de un edificio en obras a una Clínica "en funciones". A la paciente se le obsequió con un ramo de rosas, con el numero de flores correspondiente al de médicos propietarios. Realmente la Clínica había sido estrenada dos días antes, por imperativos fisiólogicos de otra señora que entró de parto y buscaba allí a su tocólogo. Al comenzar mi labor en ésta, como cirujano y director, tuve que renunciar a mi plaza de jefe clínico en el recién inaugurado Hospital Universitario de Canarias".

 

¿Qué opinión le merece la celebración del primer Centenario de la constitución de los Colegios de Médicos?

"Personalmente, considero que la comisión que gestiona el primer centenario ha realizado una labor muy encomible, combinando las conferencias -de alto nivel cultural y científico- con la las actividades lúdicas. El acto inaugural, al que no pude asistir por causa de un accidente familiar, me consta, por refencias, que fue impecable y muy brillante en las distintas actuaciones. También, destacar que se rindió un homenaje de justicia a la Real Academia de Medicina del distrito, madre del futuro embrión de lo que iba a ser el actual Colegio de Médicos de la Provincia de Santa Cruz de Tenerife. Me parece formidable que hayan decidido crear un museo de Medicina, Cirugía y Farmacia, en las dependencias del actual Museo de la Ciencia y el Hombre -antigua sede del Hospital Civil-, con cuyos gestores habíamos tenido conversaciones una comisión de la Academia de Medicina nombrada para el mismo propósito por sugerencia mía. El Colegio cuenta ya con mi colaboración y espero con la de todos los colegiados o familiares que dispongan de material para su exposición, ya sea en donación o depósito".

 

¿Cómo ve la actual política sanitaria?

"Considero que la Medicina y la salud son cosas muy serias, para dejarlas en mano de los políticos que se empeñan en gobernarnos por ´decreto´. Por ejemplo, nunca he estado de acuerdo con el medicamentazo. Estoy convencido que la vía de economizar gastos por medicamentos está en las manos de los farmacéuticos, los médicos y, finalmente, en el control de su uso y abuso por de los estamentos responsables, ya sea a nivel nacional ó comunitario".

 

Y la transferencia del Insalud.

"Nunca pude comprender las prisas por conseguir a toda costa esta mencionada ´carga´. En mi opinión hay una incoordinación manifiesta entre los centros asistenciales oficiales, las clínicas concertadas y el Servicio Canario de Salud. ¿Cómo es posible que una autoridad insular haya reconocido en el mes de mayo una lista de espera de siete mil personas para ingresos hospitalarios y hayan tantas camas vacías en los centros concertados? Con el agobio propio de un situación de catástrofe insular con el que se trabaja a diario en las Urgencias del Hospital de la Candelaria, ¿por qué no se derivan las urgencias quirúrgicas a las Clínicas concertadas?, o tal vez la solución estaría en aplicar la sectorización de todos los casos de urgencias, no solo a nivel insular sino también en la Capital? La aplicación en Canarias de la Ley de Incompatibilidades, rechazada en otra época por los médicos a nivel nacional y ahora en otras Comunidades Autónomas, es otro dislate. Ya se sabía de antemano que iba a ser la ley del embudo, y que al no haber especialistas en paro en estas islas traería como consecuencia el transvase de profesionales, y que por venir de fuera no serían los mejores, con el consiguiente aumento desmesurado de las nóminas en las clínicas concertadas y mayor desproporción del precio de la cama con respecto al de los centros oficiales".

 

<Pie de Foto> Los "Gumersindos Robayna". En la imagen, de izquierda a derecha, Gumersindo Robayna Duque; Gumersindo Robayna Galván (fallecido); y Gumersindo Robayna García, el entrevistado.