¿SON, DE VERDAD, OTROS TIEMPOS?
Gabino González Hernández (*)
Corría el año 1973, había salido de viaje y, por ende, no estaba en mi consulta. Al regresar me encontré una carta -fechada del 15 de marzo de ese mismo año- que la traía el padre de un niño de 14 meses y medio. Ésta decía textualmente: "Querido amigo: ante tu ausencia (ésto es como si en una corrida de Mihuras faltara el matador y el meritorio tiene que "apechar" con el lote), tuve que enfrentarme a un niño abocado casi a un coma diabético...", y seguía dándome detalles analíticos y tratamiento que creyó oportuno realizar hasta mi llegada. Qué duda cabe, aquéllo rozó un poco -o mucho- mi vanidad..., pero al mismo tiempo reconocí de inmediato la humildad, el señorío, la bonhomía del abajo firmante, que no era otro que el prestigioso pediatra Juan-Pedro López Samblás. ¿Corrían otros tiempos?
Así pensaba años después, cada vez que me topaba con la citada carta, pero el 23 de abril de 1994 -día en que murió Cervantes- un nutrido grupo de compañeros nos hicieron un homenaje a mi mujer y a mí en el que tomó la palabra nuestro querido amigo el profesor Victoriano Ríos Pérez, saliendo a relucir nuevamente el señorío de la clase médica, a veces tan denostada. Decía textualmente (lo tengo grabado) que él se sentía incómodo, tremendamente asustado, cada vez que yo me ausentaba de Tenerife porque pensaba qué haría él si iba por su consulta uno de mis niños diabéticos. Esto sucedía por la tarde en el Hospital de la Candelaria.
Por la noche, en la cena celebrada en el Restaurante El Drago, mi buen amigo José-Luis Velasco Carretero me hizo entrega de un papiro tomado del capítulo XXI, de la 1ª parte de Don Quijote de la Mancha y, amañándolo un poco, terminaba diciendo: "dígote Sancho que éste es el caballero de la Diabetes o del Azúcar". ¿Corrían otros tiempos?, volvía a decir como la vez anterior, cada vez que leía la transcripción cervantina que tenía en un lugar preferente de mi consulta. Pues sí, ahora lamentablemente corren otros tiempos.
Hoy he visto en mi consulta por enésima vez al citado niño diabético, ya un hombre, al que hemos tratado al alimón un servidor de ustedes y el nefrólogo y buen amigo Benito Maceira. Ya sabemos todos, aunque algunos por lo visto no, que las complicaciones metadiabéticas -que no tardías- en los diabéticos, sobre todo después de 25 años de evolución como es el caso que nos ocupa, no son desgraciadamente infrecuentes. Pues bien, al ser intervenido estos días -el reiterado paciente diabético- de una vitrectomía, siempre descompensadora de cualquier diabetes, en el post-operatorio uno de los diabetólogos que le tocó en suerte que le viera en el centro sanitario que estaba ingresado (a quien conozco, pero por deontología y elegancia médica me permito omitir) sin piedad alguna le dijo: "que estaba muy descompensado y sumamente deteriorado", "que quién le trataba y que cuanto le cobraba", al responderle el paciente que el doctor Gabino González el diabetólogo insistió diciéndole que "él ya no trabaja, está retirado", "No, se lo decía porque podría venir por aquí cada vez que quisiera y le enseñaríamos qué es la diabetes, la insulinoterapia intensiva, etc., y se ahorraría lo que le está pagando al doctor Gabino González". ¿Estulticias? ¡Sin comentarios!
Atrás quedaban las XVI Colonias regionales, nacionales e internacionales que llevamos a cabo, gratuitamente, al socaire de la Cruz Roja Española. Ahora si puedo decir: "eran otros tiempos". Por todo lo anteriormente expuesto, me dirijo a la Comisión Deontológica para que publique estas mal pergeñadas líneas en nuestra Revista, pues pienso que casos como el denunciado no deben ser publicados en los periódicos. ¡Ah! y por supuesto, tomar las medidas que crean oportunas.
(*) Médico especialista en Medicina Interna, Endocrinología y Nutrición