NUEVA TECNOLOGÍA EN OTORRINOLARINGOLOGÍA: EL IMPLANTE COCLEAR
Una de las muchas diferencias que existen entre el animal y el ser humano es su capacidad de raciocinio, su capacidad de pensar y de crear abstracciones desde simples conceptos. En ello participa, de manera importante, el órgano auditivo. Pero si el pensamiento, la acción de pensar, "el hablar con uno mismo", y todas las connotaciones psicológicas que conlleva se desarrollan, en gran medida, gracias a la audición, nuestro lenguaje hacia el exterior, la posibilidad de comunicar nuestro pensamiento al mundo que nos rodea, se desarrolla exclusivamente gracias a ella. Por ello, en el sordomudo lo que falla es la audición, pues la laringe, anatómica y funcionalmente, está intacta.
Prof. Dr. Daniel López Aguado (*).
A través del oído nos llega la información precisa y necesaria para desarrollar nuestro pensamiento y nuestro lenguaje. Su falta o minusvalía manifiesta, aparecida cuando aquella se está desarrollando, nos conduce a un desarrollo imperfecto e incompleto de esta cualidad innata del ser humano. Es mas, nos imposibilita su correcta expresión al mundo que nos rodea. Por ello, y desde tiempos inmemoriables, el ser humano y la comunidad científica a la que pertenece, han intentado por todos los medios evitar todo aquello que pudiera lesionar al órgano auditivo (los romanos prohibían realizar trabajos ruidosos, caldereros, en las ciudades) y habilitaban procedimientos que condujeran a mejorar la percepción auditiva a los pacientes con déficit en este sentido. En la actualidad, el mejor y más profundo conocimiento sobre el funcionamiento del órgano auditivo y el avance tecnológico de la electrónica, nos ha puesto al alcance de nuestra mano diferentes procedimientos a aplicar en pacientes con déficit auditivo, según la magnitud de éste y la localización de la lesión que lo produce.
Patología que asiente a nivel del oído externo y/o medio puede ser solventada mediante la cirugía. Sería ella pues la que solucionaría el problema de la hipoacusia presentada. Muy distinto será cuando la lesión asiente a nivel del oído interno, pues sobre ella nada puede hacer la cirugía. ¿Qué podremos hacer en estos casos? Todo es cuestión del grado o magnitud de la afectación auditiva. En la mayoría de las ocasiones, una prótesis auditiva convencional, perfectamente adaptada a las características de la pérdida auditiva, puede solventar el problema. Otra cosa es cuando la pérdida auditiva es muy intensa. En estas circunstancias tan solo nos queda un recurso terapéutico eficaz: el implante coclear.
¿Qué es un implante coclear?
De manera sencilla y simple podemos decir que "un implante coclear es un aparato electrónico que es capaz de captar los sonidos y transformarlos en corriente eléctrica estimulando así a las fibras nerviosas del nervio auditivo mediante electrodos colocados en el oído interno (coclea). En resumidas cuentas, el implante coclear suplanta la función fisiológica de las células ciliadas del Órgano de Corti que se encuentran afuncionantes por la causa que motivó la pérdida auditiva. Para la colocación de un implante coclear se precisa el cumplimiento de una serie de requisitos perfectamente establecidos en todos los protocolos existentes para este procedimiento. Entre los mas importantes figuran:
-Existir una pérdida auditiva bilateral e intensa motivada por lesión a nivel del oído interno, en la que la prótesis auditiva convencional no es válida.
-Conservación de la anatomía del oído interno, comprobada por estudios con TAC y/o RMN.
-Interés por parte del paciente y del medio social que le rodea en el aprovechamiento del implante coclear. Será preciso pues un estudio psicológico exhaustivo.
-Edad del paciente. Actualmente se están colocando implante coclear a pacientes con edad a partir de los 2-3 años, no existiendo contraindicación en cuanto a edad máxima, salvo la impuesta por la propia cirugía.
Cuando la elección del candidato ha sido correcta, los resultados obtenidos no pueden ser mas esperanzadores. A este respecto puedo exponer mi corta experiencia de no mas de un año, desde que se me permitió colocarlos hasta que, por decisión de la Conserjería de Sanidad del Gobierno Autónomo de Canarias -a través de decreto-ley- se me prohibió seguir colocándolos.
Resultados
Fueron seis pacientes los que recibieron un implante coclear, de edades comprendidas entre los 5 y 32 años, que cumplían todos y cada uno de los requisitos exigidos en el protocolo. En cinco de ellos, su pérdida auditiva se presentó desde el nacimiento (prelocutivos) y en el sexto cuando su lenguaje estaba perfectamente desarrollado (postlocutivo). En cinco de ellos, el resultado obtenido ha sido, como anteriormente indicaba, enormemente satisfactorio: dos (un prelocutivo y un postlocutivo) son capaces de llevar una conversación por teléfono; otros dos -de corta edad- ya se han incorporado a un colegio normal, y el quinto paciente, de 22 años, está aún siendo rehabilitado logopédicamente. El sexto, que llevaba una rehabilitación fonatoria satisfactoria, fracasó por fallo ajeno a nosotros, negándose a ser reimplantado.
Corta es mi experiencia para poder llegar a conclusiones válidas, pero las estadísticas aportadas por otros autores con mayor número de casos, avalan la idea de que estamos ante un proceder que, con las mejoras que el devenir del tiempo aporte, podramos conseguir introducir en el mundo de los oyentes a aquellas personas que, por diversas causas, presentan una hipoacusia bilateral y profunda. Iniaciamos un buen camino con positivas perspectivas de futuro, pero se truncó por la decisión de nuestra Conserjería de Sanidad del Gobierno Autónomo al conceder "la exclusividad" al Hospital Materno-Insular de Las Palmas de Gran Canaria. Por ello, no alcanzo a comprender la decisión de negarnos esta posibilidad y menos cuando las razones que pudieran esgrimirse para justificarla: necesidad de experiencia quirúrgica, necesidad de medios técnicas y humanos, técnica quirúrgica sofisticada, etc., (como así ha sucedido en otras cuestiones sanitarias) no existen, y sí se presenta una amplia demanda dado que el número de implantes cocleares a colocar en un Servicio de Otorrinolaringología que atiende otras patologías de la especialidad, no debe exceder de 10-12 al año y hay mas de 3.000 pacientes hipotéticamente implantables en nuestro Archipiélago.
No podemos ni debemos impedir, por parte de todos los profesionales y políticos implicados en la noble tarea de la sanidad, utilizar todos los medios a nuestro alcance para solventar problemas de salud de nuestra población, y sí facilitarla al máximo, no permitiendo que problemas socioeconómicos y de masificación entre otros, impidan, retrasen o sean rechazados por el interesado, la solución de su grave problema auditivo que le llevará, en la mayoría de las ocasiones, a lenta, difícil y generalmente incompleta e imperfecta integración en el mundo sonoro que les rodea.
(*)Catedrático y Jefe Servicio de Otorrinolaringología. Hospital Universitario de Canarias