"NABILA"
- Dr. Teófilo Bello (*)
- Para las criaturas a quienes
- como ella, no podemos o no
- sabemos explicar el daño
- necesario que les causamos
- Bajo una piel de tono similar Tan buena
- al dátil tenuamente madurado, que acepta como perfumados nardos
- orlada por fragancias de azahar ingenua que la vida le ha lanzado;
- está Nabila... ingenua e inteligente
- confunde a su doctor más complaciente
- Emanan de sus ojos con Di Caprio, Leonardo.
- azules sueños de tules de ilusión;
- y al influjo de antigua morería, Y así cuando nos mira
- de juguetes y fina pedrería con sus ojos en lágrimas aguados
- que transportan reyes magos en camellos y nos dice nada...
- sonando de sus cuellos, las esquilas. nos disculpa el dolor del aspirado
- de médula; es nuestro afán por ver
- Cuando sonríe... su transformado benéfico de células.
- aroman su pequeña habitación
- de planta hospitalaria Queremos que algún día
- esencias orientales de semillas cuando ya nadie pronuncie nuestro nombre
- exóticas, que siendo más pequeña nos suceda en la tierra prometida,
- su madre y ella, trajeron de Melilla. para pintar sus bordes de colores.
- De primaveras tiernas y de soles.
- Ahora vive un mundo
- de frío, circular y de lunáticos: Y tras el duro lapsus, paréntesis humano
- aislamiento ambiental, al lado de otros niños, ya curada
- vorágine de sueros, mascarillas; nos recuerde sin odio en la mirada.
- queriéndola sanar
- el siempre inevitable citostático.
- Al contrasatar que su sufrir no ha sido en vano
- Su cuerpo y al ver que no precisa de otras manos,
- Grácil palmera de oasis del desierto entonces, sólo entonces... nos perdone.
- reclama libertad,
- mil fantasías para cambiar su sino;
- y con su pubertad
- escapar de tu lámpara, Aladino.
- (*) Médico-hematólogo