EL VIOLINISTA EN EL TEJADO

 

José-Julio Berástegui Afonso

 

Al iniciarse los centros de salud y la reorganización hospitalaria en el año 1986 existía en el Insalud un proyecto optimista y festivo, rebosante de supremacía moral; las relaciones laborales y ofertas de servicios iban a ser pletóricas de seguridad en la defensa del paciente, del médico, y, casi del mundo entero. Muchos recién graduados en aquéllos años y otros no tan jóvenes eran luchadores incansables de la "verdad" y la "justicia" universal. Hoy, desde luego no tenemos el sentido de derrota y decepción de una crisis de identidad, pero actualmente nadie razona en términos tan simples.

Es cierto que la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias ha modificado sustancialmente los valores intransigentes, las quimeras ilusorias y los mitos absolutistas que han marcado su historia. Sin embargo este cambio se debe más a la propia madurez de nuestra Democracia que a cualquier introspección voluntaria. A pesar de este positivismo estoy convencido de que las rectificaciones han llegado tarde porque el esquema moral básico de relaciones laborales y expectativas está dislocado. Expandir una nueva confianza llevará mucho tiempo.

Por otra parte los cambios de mentalidad administrativa tienen problemas de aplicación en la vida real, pues con algunos gestores ocurre igual que con los viejos actores: al interpretar un nuevo teatro incorporan los hábitos y emociones de las comedias anteriormente representadas. Indudablemente que en el mundo político canario existen personas muy racionales y valiosas, las cuales descubren los errores antes de que sean incontrolables. Como profesionales siempre esperamos mucho de las soluciones pactadas y buscamos cualquier salida aunque sea relativista y de término medio.

Contra la creencia de que el médico es el único descontento con la presente situación, puedo anteponer mi vivencia reciente en una asociación de vecinos: cuando un político municipal (joven, bien trajeado y con un pendiente en una oreja) comenzó su intervención definiendo la sanidad autonómica como un peregrinaje hacia una solución perfecta, la contrariedad desencadenada entre la concurrencia me sorprendió por lo desagradable; para mí lo más intrigante fue el uso de la palabra "peregrinaje", un peregrinaje es un viaje a un santuario, el del peregrino en busca de un espacio sacro. En la antigüedad ante los templos de la salud, algunas autoridades desaprensivas hacían soñar a la gente con una felicidad imprecisa; hay que ser realista en este punto y no ofrecer demagógicamente lo que la sociedad no puede costearse. Prudencia como base y seriedad como estructura sería lo más acertado.

Es comprensible que los usuarios de la medicina institucionalizada rechacen las ilusiones ofertadas por el lenguaje ideológico. La pregunta sería ¿Cómo salir de estos recintos tan amurallados? La tarea consiste en dedicarse a una acción comunicativa y rechazar la lingüística distorsionada. En el futuro, con esta intención tendría que participar la administración, los administrados y evidentemente, nosotros los médicos, pues aunque estemos sumidos en un torbellino de confusión profesional, podemos apuntar alguna solución feliz para descubrir un mejor provecho.

Muchos impacientes respiran ya una atmósfera preelectoral regional y oímos manifestaciones poco coherentes que si bien no pueden resquebrajar el sistema sanitario, sí posibilitan salidas atropelladas. Ello me recuerda a la conocida película "El Violinista en el Tejado", en donde dicho músico tocaba en los momentos más confusos. Actualmente algunos violines deberían de sonar en el viento, pues recuerdo haber leído un día en algún lugar que los conceptos están vacíos sin las percepciones, y las percepciones están ciegas sin los conceptos.

 

<Pie de Foto> Dr. Berástegui, médico y escritor.