SEMBLANZA ESPIRITUAL DE UN CICLO
"El viaje es eterno, aunque se pare tu vida, nada reposa jamas"
Manuel Díaz
Lejanos retumbaban los tambores de la guerra, cuando se inicio el ciclo de su vida, Su infancia feliz viajó por los escenarios silvestres sureños. Transcurrió al socaire de los vientos helados de la cumbre y el calor tórrido de los veranos.
Desde el auchón infantil observaba que el sol cada mañana doraba a su montaña primero, era la montaña roja, la montaña de fuego. Desde ella vio los primeros paisajes lejanos, hacia ellos volaron sus tiernos pensamientos mensajeros.
Junto a la vera de los barrancos escuchó los ecos remotos de las leyendas del pasado... Cuando los rayos rasgaban las noches en las tormentas atronadoras, el pireo ardia en la montaña sagrada... su ánimo sobrecogido, rumbeaba fácil en las alas de la fantasía de los ritos ancestrales, de la Canaria profunda.
Por los horizontes azules del mar se deslizaron sus ilusiones juveniles. En los cielos luminosos del suroeste rutilaron sus sueños de libertad...
Durante la primavera le fascinaba la montaña de fuego, la vela a través de los tenues velos de las bramas acariciadoras. Amaba a la montaña sagrada, era la montaña de sus sueños...
Excursionaba por los senderos intrincados de las rutas olvidadas escuchando los silencios.
Descansaba bajo el monte su pecho fatigado. Le seducía la convergencia de los pinos bajo el cielo.
Arrullado por el murmullo de la brisa en las frondas, dormitaba. Él amó a su tierra primero.
En la adultez, se integró en la productividad organizada y desfiló por el automatismo prolongado.
Décadas mas tarde era un rutinario entristecido. No toleraba la esclavitud de los capataces degradados.
Cuando la angustia estrechaba su alma, vomitaba, eran eslabones anagramados. Vivía en la pobreza y sentía por sus cadenas...
Confundía todas las voces con un coro desafinado y corría desorientado, instantes después mascullaba, no era descifrado.
Por los pasillos alargados combatía las sombras siniestras de las fustas de los arrieros, su alma era sombría, su visión crepuscular.
Agotado se refugiaba en su lecho con la complicidad de las tinieblas.
Durante los delirios alucinaba, vela fantasmas ungidos, eran gusanos filiados. Algunos osados "snifaban" sándalo para ingravitar.
Aquellos inicuos atentaban contra la física huésped social. Eran los gusanos utilitarios del dogmatismo constrictor.
Un día, superó al fin la cronicidad de la "metamorfosis Kafkiana" y supo que ya estaba jubilado.
Retomó su vieja bandera... y comprobó resignado que ya estaba descolorada, ahora era la bandera de la vida, la de los heroísmos anónimos, los dramas del silencio, los poemas ignorados.
Soportó la devastación espiritual del descrédito conspirado de la nebulosa incoherente y mezquina de la paranoia galopante, de la paranoia miserable.
Eran "plastiforme" las megalomanías inmorales.
Aquel día, se liberó de sus afectos. Vio desde la frialdad de su alma, alejarse en tropel la canalla de los enanos amorales. Aquellos desalmados, aunque mirasen hacia arriba, jamás verían al cielo sugerente.
Le dolieron las agresiones sin réplica... se escudó en la filosofía budista. Se evadió en la prosa poético filosófica que emergía con fuerza del substrato emocional de su pensamiento .
Poco tiempo después, se posicionaba firme en la racionalidad integradora de la deducción, inducción e intuición del sincretismo creador de la mente. Cerca de allí, descansaba sereno en la fortaleza intima de su determinación....
La blanca paloma herida llevó en el pico el olivo. Jamás se posó en aquella barca a la deriva.
Misteriosos son los senderos en el cielo de las aves mensajeras. Mañana sus herida se habrán cerrado
Ved como el mar borra sus huellas en la espuma.
¡Escucha! que solitaria suena la suprema nota de la genialidad. ¡Que pena! se hará insonora en los coros ruidosos de la vida.
Se consideraba un "senderista" apasionado y paseaba por la naturaleza del pensamiento metafísico.
Desde hacia tiempo acosaba la existencia trascendente con la metafísica de las dimensiones...
Deseaba vibrar con el lirismo supremo, con la sublime armonía en la interacción del "código cósmico" y la "jurisprudencia divina". Él buscaba el "código moral" del universo.
Transitó muchos años el pensamiento científico, persiguiendo los misterios cotidianos. A veces, sigiloso peregrinaba por su intimidad al seno cálido de la abstracción suprema, el lecho sublime, donde el amor es la gema de la joya de la vida.
Algunos años mas tarde, en el ocaso de su vida retomó a la montaña sagrada, su
montaña primera.
En la cima, se reclinó con las emociones reencontradas Saludó a sus recuerdos lejanos
y paseo la nostalgia en silencio.
Reverenció al ardiente pireo. el mar vio el premonitorio crepúsculo de fuego. Instantes después lo abandonó su sombra y se estremeció su alma con las armonías hiperboreas de las ultradimensiones y gritó AXIT-DIRMA... y lo remedó el eco.
Trémulo se abrazo al árbol de la historia y sobre el tiempo se deslizó inerte hacia el pasado.
Con la última imagen psíquica de su Yo, se paró su vida, la clepsidra estaba vacía y las
dimensiones trasmutadas.
Él quedó en el arcano sagrado de su tierra, donde guardaba el amor del olvido.
La "nada etérea" se integró en el evanescente crepúsculo postrero. El ciclo estaba cerrado.
... "Cuenta la leyenda que en la montaña sagrada, una viaja manta pastoril se tomo tricolor junto a las estrellas.
... que cuando el gélido terral azotaba la montaña de los sueños, entre las rocas, gemía con el viento, errante y sola, la pena y que era ella la que encendía la violeta solitaria que ardía en las profundas noches del invierno..."
EPILOGO:
Aunque te adscribas a la fama y la critica se cebe en ti, serás siempre un ser anónimo, un extraño que busca su identidad...
En la encrucijada vectorial de las direcciones, toma el sentido trascendente de las dimensiones metafísica.
Cuando te aproximes a la gran frontera infranqueable de la nada existencial, desde su atalaya fronteriza, veras tu existencia girar en la orfandad inconmensurable...
Con la transmutación de las dimensiones psicofísicas a transfisicas, accederás a la vastedad de las ignotas dimensiones sin espacio-tiempo. Allá tu ente gira el ciclo ontogénico. Allá o aquí, es la bipolaridad del sistema dimensional metafísico. Es la "isomérica cósmica" de la existencia.
Con las alas de la luz en la noche cósmica, viaja la magna armonía la dimensión suprema.
No dejes que los misterios abrumen tu alma, aléjalos.
Mira de frente a la naturaleza, cuestiónala, busca sus dimensiones intimas y ámala. Ella será generosa. Mañana habrá nacido una flor para ti.