MASA OSEA EN PACIENTES CON HIPOGONADISMO (SINDROME DE TURNER)

 A. Carrascosa, M. Gussinyé, P. Terrades, D. Yeste, E. Vicens-Calvet

 Hospital Materno-infantil Vall d’ Hebron. Universidad Autónoma. Barcelona

Durante la infancia y adolescencia la carencia de esteroides gonadales puede condicionar cierto grado de patología en el proceso de acquisición de la masa ósea. El síndrome de Turner y la anorexia nerviosa son las dos situaciones clínicas más frecuentes en Pediatría en las puede observase una situación de hipogonadismo. Nosotros en esta revisión  expondremos nuestros datos relativos al síndrome de Turner, ya que la anorexia nerviosa se trata en otra ponencia de este mismo Congreso.

El síndrome de Turner es una de las anomalías cromosómicas más frecuentes caracterizada por la deleción total o parcial de un cromosoma X. Su incidencia varia entre 1 / 2.500 y 1 / 5.000 entre las niñas recién nacidas vivas (1). El hipogonadismo secundario a la disgenesia ovárica y la talla baja forman parte de sus manifestaciones clínicas más importantes (2-5). Recientemente, nosotros y otros grupos hemos documentado cierto grado de osteopenia/osteoporosis  (5-13), que ha sido relacionado con posibles defectos intrínsecos del hueso, con el hipogonadismo presente en estas pacientes ya desde la edad prepuberal, e incluso con el grado de cumplimiento del tratamiento (13). Sin embargo, el grado de disgenesia gonadal e hipogonadismo no es uniforme en todas las pacientes y algunas de ellas pueden presentar pubertad espontánea y mantener reglas regulares posteriormente durante periodos de tiempo variables.

Describiremos a continuación los datos obtenidos en la valoración de la masa ósea de pacientes adolescentes y adultos jóvenes con síndrome de Turner seguidos en nuestro Hospital.

 

Pacientes y Métodos

La masa ósea fue valorada en 37 pacientes con síndrome de Turner. Nueve habían presentado pubertad espontánea (menarquia 12.55+/-1.17 años) y mantenían reglas regulares hasta el momento de valorar la masa ósea dos años después de la menarquia (14.96+/-1.26 años). En los otros 28 pacientes la pubertad fue inducida cuando su edad cronológica fue superior a 12 años, su edad ósea próxima a los 11 años y tenían valores elevados de gonadotrofinas basales, con etinil estradiol oral 2.5 ug/día/6meses, seguido de 5.0 ug/día/6 meses, 7.5 ug/día/  6 meses y 10.0 ug/día 6 meses. Al finalizar este periodo de dos años de duración se continuó con la administración cíclica de un preparado comercial de estrógenos y progestágenos vía oral (triciclor). En  18 pacientes la masa ósea se valoró  a los 16.77+/-0.7 años de edad, dos años después de la menarquia (14.68+/-0.63 años), y en los otros diez a la edad de 20.9 +/- 0.68 años cuando el pico de masa ósea ya se ha alcanzado en la población normal, y 6.5 años después de haber aparecido la menarquia (14.47+/-0.53 años).

La masa ósea se valoró mediante densitometría radiológica de doble energía (DEXA)  en columna lumbar L2-L4 (densitómetro Lunar) y los valores obtenidos fueron comprados con los de nuestra población de referencia ()

 

Resultados

En la Figura 1 se muestran los valores de Z-score de DMO  y de talla en los tres grupos de pacientes estudiados. En los pacientes con pubertad espontánea los valores de DMO son un 15.32% mayores que en los pacientes con pubertad inducida ( p< 0.001) ya sean adolescentes o adultos jóvenes. Sin embargo no existen diferencias significativas en los valores de talla. Los valores Z-score de DMO fueron superiores a –0.50 en todos los pacientes con pubertad espontánea. Sin embargo estos mismos valores fueron inferiores a –1 Z-score en todos los pacientes con pubertad inducida y un 30% de estos pacientes presento valores de DMO inferiores a –2.5 Z-score.

No se observaron valores significativamente diferentes en el índice de masa corporal, en el grado de actividad física ni en la ingesta estimada de calcio y grado de insolación en los tres grupos de pacientes

Discusión

Nuestros datos muestran que a pesar de realizar una terapéutica sustitutiva con estrógenos para inducir la pubertad  y con estrógenos  y progestágenos posteriormente los valores de DMO están muy disminuídos en estas pacientes, tanto en la adolescencia tardía como en las adulta jóvenes, edad en la que se alcanza el pico de masa ósea (14-19). Por el contrario las pacientes con pubertad espontánea y reglas regulares tienen valores de DMO en el rango de la distribución normal. Desgraciadamente no disponemos de datos de DMO en las pacientes con hipogonadismo durante su edad prepuberal, para constatar si la disminución de los valores de DMO ya se ha producido a esa edad o ha ocurrido más tardíamente.

La distribución de los cariotipos (datos no mostrados), la talla,  la actividad física y la ingesta de calcio y grado de insolación fueron similares en todos los grupos de pacientes. Sin embargo la principal diferencia entre estos grupos es la disponibilidad de estrógenos primero y de estrógenos y progestágenos posteriormente, durante la infancia, pubertad, adolescencia y hasta el momento de valorar la DMO. En efecto en las pacientes con pubertad espontánea podemos asumir que la biodisponibilidad ósea de esteroides gonadales fué similar a la de la población normal, ya que en estas pacientes con síndrome de Turner no existió hipogonadismo. Sin embargo en las pacientes con síndrome de Turner e hipogonadismo, la carencia prepuberal de estrógenos, y la no adecuada biodisponibilidad de estrógenos a nivel del tejido óseo motivada por los regímenes terapéuticos , que nunca remedan la situación fisiológica, o ligada a problemas de cumplimiento de la terapia, puede estar el origen de su osteopenia/osteoporosis (13,21-24).

En resumen nuestros datos muestran la importancia de una adecuada disponibilidad de estrógenos y progestágenos a nivel del tejido óseo para la adquición de un pico de masa óptimo. Al mismo tiempo enfatizan la necesidad de realizar precozmente ya en la edad prepuberal un estudio de la DMO en las pacientes con síndrome de Turner y procurar optimizar en estas pacientes las medidas generales para alcanzar el pico de masa ósea tales como la nutrición, la ingesta de calcio, niveles adecuados de vitamina D y actividad física durante la infancia, pubertad y adolescencia, junto a la administración y seguimiento del cumplimiento de la terapia con estrógenos y progestaágenos para inducir la pubertad y mantener ciclos regulares posteriormente (13,25,26).

 

Bibliografía

 

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