CONTROVERSIAS :

PÚRPURA TROMBOCITOPÉNICA EN LA INFANCIA

 

DR JAVIER MOLINA GARICANO

UNIDAD DE ONCOHEMATOLOGIA PEDIÁTRICA

 

HOSPITAL VIRGEN DEL CAMINO

C/ IRUNLARREA 4

PAMPLONA 31008

 

INTRODUCCIÓN

La púrpura trombocitopénica inmune ( PTI )  es una enfermedad lo suficientemente frecuente en la edad infantil, con una incidencia de 4 – 6 casos por 100.000 niños menores de 15 años, siendo las características clínicas por lo general bien determinadas y la presentación habitualmente aguda y de alguna forma autolimitada.

En ocasiones se manifiesta asociada a otro tipo de enfermedades,  infecciosas, conectivopatías, enfermedades linfoproliferativas e incluso después del trasplante de progenitores hematopoyéticos. La presentación aloinmune en el periodo neonatal y la púrpura postransfusión debemos diferenciarlas de este gran grupo así como las inducidas por fármacos, mas frecuentes en la edad adulta.

A lo largo de ésta exposición haré un breve recuerdo histórico de la enfermedad, comentaremos los aspectos básicos del diagnóstico y cuadro clínico, revisaremos de forma puntual los fundamentos fisiopatológicos de esta entidad y por último nos detendrernos mas extensivamente en las controversias sobre la necesidad o no de determinadas pruebas complementarias, el tratamiento mas adecuado en cada situación así como en la necesidad o no de hospitalización de estos pacientes

 

 

RECUERDO HISTORICO.

Desde la primera descripción en 1735 por Werlhof de una enfermedad hemorrágica como “ morbus maculosus hemorrhagicus “ ( 1 ), el diagnóstico y tratamiento de la PTI ha estado en constante debate. En un principio y hasta hace no muchos años, la PTI se le denominaba, púrpura trombocitopénica idiopática, enfermedad hemorrágica que ocurría tanto en niños como en adultos y de la que se desconocía el porqué.

Tradicionalmente la PTI se clasifica en cuanto a su forma de presentación en aguda con una evolución inferior a los seis meses y crónica, ambas formas secundarias a un fenómeno inmunológico ( 2 ).

La primera esplenectomía con éxito se llevó a cabo en Praga en 1916, casi 200 años mas tarde de su primera descripción, tal y como fue referida por Kasuelson ( 3 ), actitud terapéutica actualmente vigente con un sin fin de matizaciones en cuanto al momento oportuno de cuando llevarla a cabo.

A partir de 1950, la teoría del mecanismo inmunopatogénico de la PTI fué cada vez más convincente y así Harrington en 1951 depuse de autoadministrarse plasma de un paciente con PTI, desarrolló la enfermedad de forma transitoria al igual que lo experimentó con otros voluntarios ( 4 ). En 1980 se comprueba que la administración de Inmunoglobulinas intravenosas ( IgG IV ), aumentaba los recuentos plaquetarios tanto en las formas agudas como en las crónicas de la PTI ( 2 ). Posteriormente en 1982 y 1987 se comenzaron a detectar autoanticuerpos específicos antiplaquetarios mediante diferentes técnicas que corroboraron este mecanismo como él desencadenante de la enfermedad ( 5, 6 ).

 

 

DIAGNOSTICO

La PTI es la trombopenia mas frecuentemente diagnosticada en la edad infantil. En el 80 a  90% de los niños se presenta como un episodio agudo hemorrágico que por lo general se soluciona en unos pocos días o semanas y por definición dentro de los primeros seis meses de evolución. No se aprecia variación en cuanto al sexo. Existe un pico de incidencia entre los 2 y 5 años. Habitualmente se recogen en la historia clínica antecedentes de infección vírica , bacteriana o inmunizaciones previas en las últimas 2 – 6 semanas antes del diagnóstico. Por último, el recuento de plaquetas en la analítica que motiva su consulta, la cifra suele estar por debajo de 30.000 mm3.

La forma crónica, más insidiosa en su debut tal y como ocurre en los adultos, suele presentarse en niños mayores de 7 años con una sintomatología clínica y analítica más suave. Las recurrencias son extremadamente poco frecuentes hablándose de una frecuencias del   1- 4 % de las PTI ( 2 ).

La manifestaciones hemorrágicas por lo general dependen de la intensidad de la trombopenia tal y como se describen en la Tabla I tomada de Imbach ( 7 ). La hemorragia cerebral ( HC ), que es la complicación más grave de la PTI es poco frecuente y se dan cifras por todos conocidas de 0.5 a 1 %, sobre todo en relación con la persistencia de la trombopenia severa en los primeros días de la enfermedad y también en las formas crónicas como posteriormente comentaremos. Esta complicación ha motivado de alguna forma los constantes debates del tratamiento actual dirigido a lograr un rápido ascenso del recuento plaquetario

( 2, 7, 8, 9 )

En 1996, la Sociedad Americana de Hematología ( ASH ), publicó una amplia revisión de la PTI intentando poner en funcionamiento una guía práctica para el diagnóstico y actitud terapéutica de esta entidad tanto en el niño, en el adulto y  en la mujer embarazada, con el fin de facilitar los caminos a seguir en cada momento ( 10 ). Esta referencia nos llevará a consultarla en repetidas ocasiones junto a otras referente a las críticas que se han dado con posterioridad ( 11 ).

 

FISIOPATOLOGIA DE LA PTI

Las manifestaciones de la enfermedad son consecuencia de la destrucción precoz de las plaquetas al estar estas unidas a anticuerpos específicos del propio paciente, de forma que estos inmunocomplejos van a ser captados por la fracción Fc de los macrófagos del sistema reticuloendotelial ( SER ), principalmente del bazo, lo que producirá su destrucción precoz ( 2 ). La severidad de la trombopenia es reflejo del balance entre la producción por los megacariocitos y su acelerada destrucción, demostrada mediante técnicas radioactivas con Cr 51 o Indio 111 sobre las propias plaquetas ( 12 ). En la PTI aguda los anticuerpos  se producen como respuesta normal a la infección desencadenante, posiblemente tienen una reacción cruzada con la plaquetas o con los propios megacariocitos, acelerando su lisis. En la forma crónica los anticuerpos se dirigen contra las glicoproteinas de la membrana plaquetar y son en estas formas donde se detectan con mayor frecuencia titulaciones altas, a la hora de su determinación, así como en niños de edades avanzadas según los datos aportados por diversos autores y donde las recurrencias son quizás  mas elevadas ( 2, 7, 13, 14, 15 ).

Existe hoy día consenso en aceptar este modelo de regulación inmune para la PTI y así lo expresan varios autores ( 16, 17, 18, 19 ), aplicable sobre todo a las formas crónicas pero que en ambas, agudas y crónicas parece ser el resultado de un mecanismo feedback de respuesta inmune.

 

CONTROVERSIAS EN RELACIÓN CON LA UTILIZACIÓN DE:

1.      PRUEBAS COMPLEMENTARIAS

2.      HOSPITALIZACIÓN AL DIAGNOSTICO

3.      MODALIDADES TERAPÉUTICAS

4.      COSTOS ECONÓMICOS

 

1.      PUEBAS COMPLEMENTARIAS

Desde hace aproximadamente cinco años la Sociedad Española de Hematología Pediátrica, puso en funcionamiento el primer Protocolo para el manejo de la PTI en la infancia al cual nos adherimos un importante grupo de especialistas y por tanto gran parte de los centros hospitalarios donde esta patología se da con mayor o menor frecuencia ( 20 ). Probablemente hasta este momento cada uno de los profesionales actuaba de acuerdo a su propia experiencia y siguiendo las diferentes guías, mas de opinión que de evidencia, que la literatura nos permitía consultar ( 10, 11, 15, 16, 17, 18 ).

Lo primero que me preguntaría en este debate abierto hace referencia a la necesidad o no de realizar aspirado de médula ósea a todas las PTI.

Tanto la ASH ( 6 ) como Corrigan en 1997 ( 17 ), Imbach y Khüne en 1998 ( 18 ) proponen el no hacer el aspirado a toda presunta PTI siempre y cuando las características clínicas, la seguridad del estudio de sangre periférica y la respuesta al tratamiento lo aconsejen. En ocasiones algunas de las propuestas proponen que este estudio se realice antes de instaurar un tratamiento con corticoesteroides ( 21, 22 ), por el contrario determinados autores ( 14, 18 ) proponen hacerlo cuando no hay respuesta al tratamiento instaurado o si han transcurrido 3 – 6 meses de evolución.

Lilleyman ( 8 ), en una puesta al día sobre esta fascinante entidad remarca que el diagnóstico se hace sobre la exclusión de otras enfermedades no confirmadas por los exámenes complementarios y/o por la ausencia de datos en la exploración, tales como trombocitopenia congénita, fallo medular tipo anemia de Fanconi, aplasia medular adquirida o la propia leucemia, además de las conectivopatías o enfermedades autoinmunes que pueden plantearse en el diagnóstico diferencial. En general un cuadro clínico en un niño con buen estado general, petequias y/o hematomas de aparición brusca asociado a trombocitopenia pueden ser datos mas que suficientes para la confirmación.

Con respecto al estudio de la citología de la médula ósea la mayor parte de los autores están de acuerdo en no realizar este examen siempre que la exploración física y la anamnesis lo sospechen y la sangre periférica sea normal con la única excepción de la trombopenia. Evidentemente ante la mínima duda la realización del aspirado esta obligada o, si una esplenomegalia y/o una neutropenia son concomitantes en el momento del debut ( 10,11, 21, 22 ).

De cualquier forma e insistiendo  en el mismo tema, dado el conocimiento cada vez mayor, entre los padres y familiares, de las diferentes enfermedades,, y con el fin de asegurar el excluir determinadas entidades con pronóstico peor, son muchos los grupos que sistemáticamente llevan a cabo el aspirado medular al diagnóstico ( 23 ).

Dentro de los exámenes complementarios que debemos realizar al ingreso, todos aceptamos y estamos obligados a hacer un estudio de la sangre periférica donde la cifra baja de plaquetas con ausencia de otras alteraciones en el resto de las series nos confirman la sospecha clínica. Pero.... y entramos en otro de los debates, ¿ son necesarios todo el resto de pruebas complementarias ?, probablemente no y sobre todo en el momento inicial  ( 24 ). Sería adecuado por lo contrario realizar nuevos exámenes complementarios dependiendo de la evolución,  así Imbach ( 18 ) propone unos tests en niños donde la PTI persiste a los 3 – 6 meses de evolución y añade las pruebas que cree entonces necesarias llevar a cabo ( Tabla II ).

De cualquier forma las diferentes guías prácticas referidas en la literatura ( 8, 10, 11 ) pueden servirnos de ayuda a la hora de tomar la actitud correcta de cuales deben ser los exámenes a determinar en cada momento de la evolución de la PTI.

En 1999, Sutor ( 25 ) centra el estudio sobre la veracidad del recuento plaquetar en determinadas circunstancias, poniendo en duda o criticando las recomendaciones de la ASH ( 10 ),  a la hora de iniciar un determinado tratamiento según la cifra de plaquetas y plantea el posible error que existe si está presente un daño endotelial o hay un aumento en la agregación al contacto con el ácido etilendiamino tetracético ( EDTA ).

Personalmente pienso que la controversia en estos dos puntos iniciales el de los exámenes complementarios y el del aspirado de médula ósea, a la vez que debatidos, deberían  ser de alguna manera base para poder establecer los fundamentos de un posible nuevo estudio a nivel Nacional sobre la PTI que nos permitiera simplificar a la vez que asegurar la certeza de esta misteriosa enfermedad en cuanto a su seguimiento y su actitud inicial.

 

2.      HOSPITALIZACION

¿Conviene o no hospitalizar a todos los niños con PTI ?.

En una serie de 427 pacientes ( 17 ) , el 82 % de los estudiados fueron ingresados en su primera consulta bien entendido que  USA y Europa tienen diferentes criterios en este punto. En USA el  paciente habitual con PTI es tratado ambulatoriamente incluso aunque se le practique aspirado medular y/o tratamientos orales o intravenosos. El ingreso en este continente se reserva para niños menores de 1 – 2 años que precisan terapias parenterales y/o transfusiones repetidas ( 10, 22 ).

No disponemos por el momento de datos concretos de nuestro País de que es lo que ocurre con las PTI, pero parece que la mayor parte de aquellos con cifras por debajo de 50.000 mm3 por lo general se les retiene las primeras horas-días en el centro hospitalario. Pienso tambien  que es  el momento de poder extrapolar al final una conclusión a este respecto con el fin de evitar un alto número de ingresos innecesarios.

 

3.      MODALIDADES DE TRATAMIENTO

Entramos por último en el mayor de los debates con repecto a la PTI que es el del tratamiento.

Como referíamos al principio, en la introducción, el objetivo del tratamiento es el alcanzar lo antes posible un recuento de plaquetas lo suficientemente adecuado como para evitar las consecuencias mas graves que derivan de la trombopenia y que no es otra que la HC.

La ASH en el trabajo de George ( 10 ) planifica según el cuadro clínico y el recuento de plaquetas cual debe ser la mas adecuada de las modalidades para iniciar en una PTI. Imbach y Khüne en 1998 ( 18 ) proponen quizás con mas sencillez y de forma muy esquemática un sistema de estadios dependiendo de los dos parámetros ya mencionados y cual debería ser la actitud terapéutica ( Tabla III ). Estos mismos autores ante el mejor conocimiento de la inmunopatogénesis de la PTI, revisan nuevas pautas de tratamiento que han ido potenciándose en los últimos años: IgIV, inmunoglobulina anti-D, alfa-interferón, etc. sin olvidar los corticoesteroides, citostáticos y por supuesto la esplenectomía.

En la revisión de Bolton-Maggs ( 11 ) sobre le estudio llevado a cabo en el Reino Unido, 76% de los pacientes tenían poca sintomatología, no se recogían casos de HC y únicamente un 3 % presentaba enfermedad severa. A pesar de todo un 60 % fueron tratados con el fin de aumentar el recuento plaquetario. Esteroides y las IgIV fueron utilizados en la misma proporción. Por el contrario en USA, las IgIV son habitualmente el tratamiento de primera línea ( 16 ). El principal mensaje que se puede extraer es que el tratamiento debe llevarse dentro del contexto clínico y biológico y no solo dependiente del recuento de plaquetas pues probablemente de esta manera se podría reducir el número de pacientes en los que se indica tratamiento de entrada.

Por lo general el grupo de hematólogos pediátricos del Reino Unido así como algunos americanos creen que la ASH insiste demasiado en el recuento de plaquetas sin dar demasiada importancia al cuadro clínico implicando mayor hospitalización y tratamientos ( 11 ).

Uno de los mejores estudios multicéntricos realizados hasta la actualidad es el Canadiense ( 9 ) con cuatro pautas de tratamiento randomizadas: anti-D, dos esquemas de IgIV y corticoides vía oral. Dosis de IgIV de 0.8 gr./kg. son suficientes para el tratamiento en la edad infantil y el tiempo que tarda la cifra de plaquetas en alcanzar valores por encima de 20.000 mm3 fue de 1 a 3 días en comparación con los 3 a 5 días para los no tratados. De esta forma Blanchette y cols ( 9 ) concluyen diciendo que esta dosis es la perfecta para la actuación inicial en la PTI del niño. En parte la ASH también acepta esta terapéutica aunque quizás con dosis algo mas altas.

En la Tabla IV, podemos ver las características del estudio randomizado que comentábamos previamente. El 79 % de los pacientes la PTI se resolvió con cifras mayores de 150.000 mm3 y con una duración superior a los 3 meses, 27 casos evolucionaron a la cronicidad y en 7 fue necesario llevar cabo esplenectomía.

Resolver el riesgo de HC es fundamental aunque quizás a expensas de costes altos tal y como refiere Lilleyman  con la IgIV, y/o efectos secundarios tambien con la  IgIV y corticoides,  según la encuesta de la British Society for Haematology donde revisa los casos de HC durante el periodo de tiempo comprendido entre 1974 y 1994 ( 26 ). Encuentra 14 casos de HC, es decir menos de 1 por año. Todos tenían un recuento  bajo al ingreso. Trece de 14 presentaban menos de 10.000 mm3 pero 8 de los 14 presentaban otros factores de riesgo sobreañadidos: traumatismo craneal, test de Coombs positivo, quimioterapia previa etc. De los 14, cinco se encontraban en fase de cronicidad y lo más interesante fue que solamente uno de los 14 pacientes no había seguido ningún tipo de terapia. Esta referencia no tiene otra finalidad que preguntarnos si no estaremos tratando demasiados pacientes para evitar un problema extremadamente infrecuente aunque no por eso exento de gravedad.

Bussel y Cines ( 27 ) al igual que Imbach y cols ( 14 ) consideran que la prednisona a 2 – 4 mg/kg./ día, metilprednisolona a 30 mg/kg. x 3 días, IgIV a 0.8 gr./kg./día x 1 o 2 días y anti-D a 75 microgramos/kg. son las pautas que mas acortan la duración de la trombopenia severa al compararlos con pacientes que no reciben tratamiento. La combinación de IgIV y corticoides pueden tener efectos sinérgicos. Las transfusiones de plaquetas deben reservarse para hemorragias agudas graves. Recomiendan en general a todo niño con PTI aguda y cifras por debajo de 20.000 mm3 tratarlos con IgIV y metilprednisolona 1 - 3 días hasta alcanzar recuentos superiores a 20 – 30.000 mm3. Si la respuesta no cumple estas premisas debe replantearse el diagnóstico y completar el estudio. Continúan aportando opiniones sobre lo que se debe hacer con posterioridad para mantener esta tendencia alcista con los mínimos efectos no deseados. En primer lugar siguen con corticoides a 1 – 2 mg/kg. durante 2 – 3 semanas considerándolo aceptable desde el punto de vista económico y poco tóxico, e incluso aplicar dicho tratamiento en días alternos. Dejan la posibilidad de la dexametasona como posible alternativa de futuros estudios. Cuando las dosis de esteroides se mantienen a 0.2 mg/kg. durante mas de dos meses, piensan que la anti-D IV o las IgIV son las pautas de elección, y opinan que estas terapias se requerirán a demanda sin establecer una periodicidad concreta, pudiendo prolongarlas hasta los doce meses si se mantiene la respuesta y retrasando en la medida de lo posible la esplenectomia y pudiendo rescatar a un número elevado de pacientes que remitan espontáneamente. Danazol, alcaloides, azatioprina etc. logran remisiones cortas que favorecerán evitar cirugías precoces y que por lo general son pautas mas utilizadas en fase crónicas y adultos.

En los últimos artículos revisados cada vez se apoya más la utilización de la inmunoglobulina anti-D. Scaradavou ( 28 ) expone esta terapia como beneficiosa en PTI agudas y de amplia difusión, dado que hasta un 85 % de la población es Rh +, de lo contrario no tendría utilidad. Justifica el mecanismo de acción  similar al de las Inmunoglobulinas al formarse inmunocomplejos que se fijan a la fracción Fc del sistema fagocítico con mayor afinidad que las Inmunoglobulinas libres. También debemos señalar que la rapidez de acción en acortar la trombopenia es menor que con la IgIV y los corticoides ( 9 ) pero como tratamiento posterior es factible, exento de efectos secundarios a excepción de hemólisis por lo general leves. El coste como posteriormente comentaremos es menor .

En cuanto a toxicidad, las IgIV tienen poca toxicidad, un alto índice de eficacia y la posibilidad de curar. La desventaja es el alto coste económico y la lentitud que se requiere para su administración. Debemos recordar los efectos del tipo de meningitis asépticas y transmisiones del virus de la hepatitis C que se pueden producir con su administración. La anti-D además de lo dicho anteriormente, su administración es rápida y se puede repetir sin efectos nocivos.

Podemos asegurar que tratamientos repetidos con estos fármacos no traen mayor incidencia de efectos no deseados pero no podemos asegurar su influencia en evitar menos evoluciones a la cronicidad ( 27 ).

 

4. COSTES ECONOMICOS

Indirectamente ya hemos hecho alguna reflexión al repecto en el apartado anterior, pero sin conocer exactamente que es lo que ocurre en nuestras instituciones. Nosotros recientemente revisamos un número de PTI en el período comprendido entre 1997 y 1999, con un total de 41 niños diagnosticados de PTI agudas en los que retrospectivamente valoramos el ahorro que hubiera supuesto la no realización de un importante número de exámenes al ingreso incluidos en el Protocolo Nacional. La evolución de la enfermedad no se hubiera modificado pero el gasto bajaba considerablemente (¥ 2.500.000 pesetas, unos 15.000 euros ) ( 24 ). Queremos hacer resaltar que únicamente obviando una serie de exámenes complementarios y evitando el ingreso de niños con riesgo bajo , púrpuras que denominamos secas ( dry purpura ), los costes económicos se verán claramente reducidos,  lo que deberíamos plantearnos de forma precoz pues son aspectos que no debemos olvidar en el día a día. Recordemos los comentarios de Buchaman y su crítica a la guía de la ASH por no referir los miles de dólares que supone el empleo de las pautas que este gran grupo preconiza ( 29 )

 

CONCLUSIONES

Es evidente que el tratamiento de la PTI aguda en la infancia es un  “ arte médico “ dadas las constantes publicaciones al respecto, los intentos por conseguir tratamientos más rápidos, más efectivos, menos costosos y con menos efectos secundarios.

Tal y como Cripe ( 30 ) describe en un artículo a finales del siglo XX el caos que existe en torno a la PTI está vivo y presente entre los profesionales que trata esta enfermedad. Probablemente si la gravedad o seriedad de esta entidad fuese similar a la de la leucemia linfoblástica aguda, los protocolos y trials hoy en día serían mucho más aceptados y no se impondrían las actitudes personales. De los primeros artículos del siglo XXI, Vesely ( 31 ) concluye después de una encuesta a 720 miembros de la ASH que la mayor parte de los encuestados que responden actúan en base a la severidad de la presentación de la PTI “ seca vs húmeda “ y cree que la mayor parte de los especialistas quieren protocolos conjuntos para poder actuar ante esta enfermedad. Aprovecho para animar a todos los interesados en contactar con los miembros de la Sociedad Española de Hematología Pediátrica para sumarse en sus esfuerzos y conseguir agrupar el mayor número de pacientes para conseguir lo que todos estamos deseando.

Como aportación personal al vigente problema mi propuesta a este apasionante debate consiste en los siguientes puntos:

1.      El diagnóstico de la PTI puede, prácticamente, confirmarse por un cuadro clínico hemorrágico moderado o severo de piel y/o mucosas , agudo en su presentación, con ausencia de otros datos físicos sugestivos de otras enfermedades: viscermegalia, adenopatías, hipertermia, manifestaciones sistémicas, antecedentes familiares u otros, corroborado por un estudio de sangre periférica en donde lo único destacable será una trombopenia moderada o severa, seca o húmeda, siempre por debajo de 150.000 mm3, con normalidad del resto de las series en un paciente en edad pediátrica que previamente estaba asintomático.

2.      Exceptuando el estudio de sangre periférica probablemente el resto de exámenes complementarios, al ingreso, sean innecesarios y de esta forma evitaremos un importante coste sobreañadido. Es evidente que la evolución y la respuesta nos obligarán a realizarlos en determinados niños.

3.      No considero obligatorio el estudio de la médula ósea al diagnóstico según lo expuesto anteriormente y exceptuando la mínima sospecha o duda clínico-bilógica o si no se atiende a una buena respuesta espontánea  a cualquiera de las pautas que se indiquen. Aun considerándolo arriesgado y muy discutido, puede no ser imprescindible el realizar la médula si hemos decidido pautar corticoides.

4.      Si lo que intentamos es evitar la HC, la revisión de la bibliografía además de demostrarnos la escasa frecuencia de esta complicación, nos informa que en un importante porcentaje de casos, la HC ocurre junto a otros factores de riesgo que podemos delimitar al diagnóstico, así como la incidencia referida en fases de cronicidad.

5.      Ciclos cortos de 2 – 3 días, con altas dosis de prednisona, metilprednisolona o bajas dosis de IgIV son las pautas mas acertadas para conseguir precoces subidas de la cifra de plaquetas en aquellos pacientes que decidamos tratar, pudiendo posteriormente evitar efectos secundarios y grandes gastos con la utilización de anti-D

6.      Cualquier otra terapia que hemos podido revisar pueden hacer remitir la enfermedad pero teniendo en cuenta que en un 80-90 % de casos estos se resuelven en menos de seis meses, lo que mas conseguiremos es retrasar la esplenectomía.

7.      Aunque la esplenectomia sea de alguna forma el fracaso de otras pautas, debemos recordar que con las inmunizaciones que hoy disponemos y el control que tenemos de la enfermedad, podremos plantearla a partir de los doce meses de evolución sin mayores retrasos pues cada vez se habla mas de que dilatarla demasiado puede disminuir las tasas de respuesta.

 

          BIBLIOGRAFÍA

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Tabla  I   Manifestaciones clínicas de la PTI 

RECUENTO PLAQUETAS

SÍNTOMAS/SIGNOS

50 – 150.000 mm3

NINGUNO

10 – 50.000 mm3

HEMATOMAS ESPONTÁNEOS

ADOLESCENTES: MENORRAGIAS

< 10.000 mm3

HEMORRAGIAS MUCOSAS: epistaxis, gastrointestinales, genitourinarias

HEMORRAGIA VITAL: SNC

 

 

 

 

 TABLA II   Exámenes de rutina en la PTI persistente

ASPIRADO DE MÉDULA ÓSEA

FUNCIÓN TIROIDEA

ANTICUERPOS ANTINUCLEARES

COOMBS DIRECTO

ANTICOAGULANTE LÚPICO

ANTICUERPOS ANTIPLAQUETARIOS

INMUNOGLOBULINAS Y SUBCLASES

TEST DE FUNCIÓN PLAQUETAR

ESTUDIO COAGULACIÓN

SEROLOGIA VIRICA

ANÁLISIS DE ORINA

ECOGRAFIA ABDOMINAl

Tomado de Imbach y Khüne.

Vox Sang 1998; 74 (suppl 2 ): 309-314

 

 

 

 TABLA III   Estadios según la clinica, cifra de plaquetas y tratamiento

ESTADIO

SÍNTOMAS

PLAQUETAS

TRATAMIENTO

I

ninguno

50-150.000 mm3

ninguno

II

ninguno

> 20.000 mm3

individualizado

III a

hemorragias mucosas

<o> 20.000 mm3

Igiv /corticoide

III b

hemorragias menores

< 10.000mm3

Igiv /corticoide

Tomado de Imbach y Khüne

Vox Sang 1998; 74 (suppl 2 ): 309-314

 

 

 

 TABLA  IV

 

Igiv 1 gr/kg/x 2

Igiv  0.8 gr/kg

Ig anti-D

25mg/kg x 2

Prednisona

4 mg/ kg/ d.

Nº casos 

34

35

38

39

EDAD

Media

Rango

 

5.4

1 – 15.1

 

4.3

1.1 – 17.4

 

5.5

0.7 – 15.8

 

5.1

0.8 – 16.3

Sexo

V/H

 

22/12

 

17/18

 

15/23

 

24/15

Infección previa

 

18/33

 

20/35

 

24/38

 

25/39

Hemorragia

dias

media

 

2 – 5

0 – 28

 

4

1 – 30

 

3

1 – 90

 

10

1 – 30

Plaquetas

Media

Rango

 

8

2 – 20

 

6

1 – 19

 

11

2 – 19

 

10

2 - 20

 

Tomado de Blanchette y cols. Lancet 1994; 344: 703-707

 

 

 

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