IMPORTANCIA DE LOS FACTORES PROTECTORES EN EL  DESARROLLO PSICO – SOCIAL

 

 

GERMÁN CASTELLANO BARCA

CENTRO DE SALUD “LA VEGA”. TORRELAVEGA. CANTABRIA.


GERMÁN CASTELLANO BARCA

JOSE Mª PEREDA 14, 5º D

39300 TORRELAVEGA. CANTABRIA

TEL. Y FAX.: 942-890798

 

RESUMEN

 

Los cambios sociales se producen cada vez con mayor rapidez afectando a todas las estructuras que sustentan al niño y al adolescente: familia, escuela, economía, relación, comunicación y costumbres.

 

            En la transición a la edad adulta los padres y la sociedad tienen la obligación de arbitrar las medidas necesarias para que la población joven no vea alterado su desarrollo psico-social, y para que no se produzcan conductas generadoras de patología crónica. Los factores protectores básicos emanarán de la familia que será comunicadora y comprensiva, responsable y afectiva y deberá estar estructurada. Las disfunciones familiares pueden ser un grave problema para que los hijos adquieran la madurez y el equilibrio necesarios.

 

            La familia debe prevenir la violencia, ser ejemplarizante y educar a sus hijos para que hagan un correcto uso de los medios de comunicación sabiendo discernir además los mensajes inadecuados de la publicidad.

 

            La sociedad justa y equilibrada amparará a sus miembros y la escuela será el punto de convergencia de profesores, padres y educadores en programas de educación para la salud, la paz y la convivencia.

 

            En los adolescentes se consideran indicadores de la existencia de factores protectores el ejercicio físico regular, la correcta higiene dental, buena alimentación, uso del cinturón de seguridad y sueño adecuado.

 

PALABRAS CLAVE

Familia, sociedad, escuela, desarrollo.


 

INTRODUCCIÓN.

 

            Entendemos como desarrollo psico-social el proceso de diferenciación progresiva del sistema nervioso central que permite la adquisición de funciones motoras, del lenguaje, cognoscitivas y sociales que facultan al sujeto para vivir con normalidad en el seno de la familia y de la sociedad.

           

            Los cambios sociales que antes se producían cada 10 – 20 años se producen ahora cada 5 – 10 años afectando de alguna forma a las familias y a sus hijos. La organización económica de la asistencia sanitaria y los sistemas de los servicios sociales experimentan un profundo cambio, que nunca se había producido con esta intensidad a lo largo de la historia. Cada vez más la Pediatría es comunitaria, como sostiene la American Academy of Pediatrics, preocupándose por toda la población (1) a nivel preventivo y asistencial.

 

            Esta visión comunitaria implica una nueva perspectiva que amplía la atención del pediatra a todos los niños (1), con un compromiso para utilizar todos los recursos disponibles en la práctica clínica.  Respondiendo a esos conceptos es necesario conocer los factores protectores que contribuirán a que el niño y el adolescente no se vean afectados por los profundos cambios que experimenta la sociedad y la familia.

 

FACTORES FAMILIARES.

 

            Son a nuestro juicio los más importantes. Podríamos decir que la familia que desee proteger a sus hijos deberá ser responsable, estar estructurada, ser afectiva, comunicadora y comprensiva ante ciertas situaciones de los hijos. Además existirá una autoridad “afectiva”, compartida y responsable.

 

            Los padres y la familia en general deben ser modelos ejemplarizadores en el no consumo de sustancias tóxicas. Son bien conocidas las repercusiones de la drogadicción de los padres en los hijos (2) no sólo por los efectos patológicos durante embarazo y parto sino  también en los periodos de recién nacido, lactante y años posteriores ocasionando múltiples efectos médicos y sociales. Es obligada la prevención de la drogadicción en la familia para evitar la desaparición del primer factor protector en el desarrollo psico-social del niño (3).

 

            La disfunción familiar y las separaciones matrimoniales en creciente aumento pueden llegar a constituir una epidemia. M. Ruiz Lozano en Murcia refiere que el porcentaje de niños que acuden a la consulta de psiquiatría infanto – juvenil por la separación de sus padres ha pasado del 10% en 1991 al 17% en 1999. Rojas Marcos afirma (4) que en Hamburgo de cada cuatro matrimonios fracasan tres, en Baviera se rompen dos de cada cuatro, en París fracasa uno de cada dos y en Inglaterra 1,8 de cada 3. En España se firmaron en 1998 alrededor de 90.000 separaciones frente a las 59.538 de 1990. Frente a la entronización de la razón en el siglo XVIII y la exaltación de los sentimientos en el XIX, los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI se caracterizan por la disonancia entre corazón, cabeza y cultura, cada uno por su lado, un camino que multiplicará la frustración y las depresiones. Las posibilidades de determinar la conducta propia cada vez serán más reducidas ya que a nuestra carga genética se sumará la ambiental con un peso creciente.

 

            Hay que destacar como dicen Castells y Silber (5) que las familias con conflictos predisponen a que los hijos tengan más problemas que las familias en que no hubo ruptura. La prueba de Apgar familiar reproducida en la Tabla I puede ser útil en la detección de problemas como técnica sencilla de cribado.

 

            Los modos de afrontar por parte de los padres problemas como la violencia, el cuidado de los mayores, el racismo, la justicia, el amor y la tolerancia influirán de forma tajante en sus hijos. Sería deseable que la Pediatría Social y los Servicios de Salud Mental aunaran esfuerzos en la prevención y tratamiento de la familia disociada que puede producir graves consecuencias en los hijos (6).

 

FACTORES FAMILIARES QUE INCIDEN EN LA FORMACIÓN DE UNA PERSONALIDAD VIOLENTA.

 

·          Familias inestables con problemas de desempleo, sin identidad y con un gran componente de amargura.

·          Niños no deseados.

·          Malos tratos físicos o psicológicos, o abusos sexuales.

·          Madre incapaz de entender las necesidades afectivas de su hijo.

·          Padre distante, ausente o violento incapaz de dar cariño.

·          La ausencia total de autoridad y límites, el “todo vale”.

·          Las continuas disputas en la familia y entre la pareja.

·          Abuso de alcohol, tabaco, consumo de drogas ilegales.

·          Ausencia constante y prolongada de los padres del hogar familiar.

·          Incomunicación entre padres e hijos.

 


FACTORES SOCIALES Y CULTURALES.

 

            Es evidente que una sociedad justa, equilibrada, que trata de amparar a todos sus miembros, que promueve la Educación para la Salud, la Educación Ambiental y la Educación para la Paz y la Convivencia ejercerá un valioso efecto protector en el desarrollo psico-social del niño y del adolescente.

 

            La pobreza, la degradación, la marginación, el bajo nivel cultural y la permisividad en el consumo de sustancias tóxicas, legales e ilegales, comprometerán gravemente la adquisición de hábitos y actitudes saludables.

 

LA VIOLENCIA EN LA SOCIEDAD.

 

            La violencia y los comportamientos agresivos se aprenden en los primeros años de vida y se manifiestan de forma rotunda en la adolescencia y en la edad adulta. Influyen factores genéticos, culturales, sociales y sobre todo familiares, ya tratados, determinando cual va a ser el carácter y la personalidad del sujeto. Entre los factores socio-culturales que predisponen a la violencia destacan:

·          En las grandes ciudades se tiende a vivir de forma aislada y en soledad.

·          Se fomenta la competitividad olvidando sentimientos y afectos.

·          En muchas ocasiones el único modelo a seguir es la TV con programas llenos de violencia.

·          Aumenta la indiferencia hacia las personas mayores.

 

En España se producen 22.000 denuncias anuales por violencia doméstica contra la mujer (menos del 10% de todos los casos). Recordemos que en EE.UU. las muertes relacionadas con armas de fuego son la segunda causa de muerte entre los jóvenes (7). La American Academy of Pediatrics (AAP) sostiene el importante papel de los pediatras en la prevención comunitaria y en su informe titulado “Papel del pediatra en la prevención de la violencia juvenil en la práctica clínica y a nivel comunitario” (8) realizó una afirmación audaz. Por primera vez la American Academy of Pediatrics defiende que la prevención de la violencia y la promoción del pacifismo se integren totalmente en la formación clínica, en la práctica y en las actividades comunitarias de los pediatras.

 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN.

 

Tienen gran responsabilidad en la difusión de la violencia, sexo fácil y aparente inocuidad en el consumo de sustancias tóxicas, especialmente TV y cine (9). El 90% de los dibujos animados según Rodríguez Sacristán incitan a la violencia. En un estudio realizado por la Sección de Pediatría Extrahospitalaria de Cantabria en 1998 (10) el consumo de TV de niños de 2 a 5 años es de 9 horas/semana, en los de 6 a 9 años 12 ½ horas/semana y en los de 10 a 13 años 14’36 horas/semana. El porcentaje de niños con TV en su habitación aumenta con la edad (el 10% en los pequeños, 15% en los medianos y 19% en los mayores). Otros datos aparecidos en ese estudio llevan a la conclusión de que se debe limitar el consumo a menos de 2 horas/día y que a más horas de TV corresponde la aparición de múltiples factores de riesgo.

 

Desde que la TV llegó a las islas Fiyi en 1994 se ha disparado el número de jóvenes que quieren adelgazar. El 2 de junio de 1999 ha llegado la televisión a Bután, un pequeño país del Himalaya que no emitirá películas o programas que alteren la identidad étnica y cultural de los butaneses. Es evidente que el uso adecuado de los medios de comunicación es beneficioso y que corresponde a las familias y a la sociedad la tutela adecuada porque la violencia y otras conductas inadecuadas son un asunto de salud (11).

 

CONSUMISMO Y PUBLICIDAD.

 

            La tendencia a la adquisición de todo tipo de productos, muchos de ellos innecesarios, va en aumento, “el niño pide y el niño tiene”. Ese fácil acceso a todo no es beneficioso, ya que no valora debidamente el esfuerzo. Cuando un niño ve a sus padres extraer dinero de un cajero automático con una tarjeta de crédito puede pensar que las cosas son muy fáciles.

 

El continuo ceder de los padres se debe en ocasiones a la compensación por el escaso tiempo que estos pueden dedicar a sus hijos. Tampoco es válido el concepto que a veces utilizan algunos padres cuando dicen que mis hijos tendrán lo que yo no tuve en mi infancia. El 36% de los niños selecciona sus juguetes a través de TV.

 

Es obligación de los padres aconsejar y guiar a sus hijos en materia de publicidad ya que ésta no distingue entre formación, información y opinión. Propaganda y Publicidad no son equivalentes, la primera se dirige más al campo de las ideas y creencias. En medios sociológicos solventes se califica a nuestros niños como “consentidos, mimados y consumistas”.

 

FACTORES ESCOLARES.

 

            En nuestra opinión es de importancia vital el papel protector que ejerce la escuela en el desarrollo psico – social de los niños y adolescentes.

 

            En la escuela también se debe prevenir la violencia tal como recomienda Díaz Aguado (12) haciendo asambleas de aula dentro de las tutorías en las que se expongan los problemas y se adopte una cultura de la no violencia para resolver las tensiones y los conflictos rompiendo la conspiración de silencio que impide que se atajen desde el principio estas acciones destructivas.

 

            Además en la escuela deben converger educadores, padres y alumnos a través del programa para la Educación de la Salud, para la Paz, la Convivencia y la Ética (13) mantenidos a lo largo del tiempo y con un diseño que permita su evaluación (13).

 

            Es muy importante actuar en la prevención del fracaso escolar (14) que puede conducir a un cuadro depresivo que a veces es duradero al “focalizar” en ésta situación la imagen que tiene de sí mismo acabando en una neurosis de fracaso.

 

LA RESILIENCIA: FACTOR PROTECTOR DECISIVO.

            La resiliencia se define en física como la característica mecánica que expresa la resistencia de un material a los choques. Cuanta más resiliencia menos fragilidad. Michael Rutter incorporó en 1985 este término en la Psiquiatría Infanto – Juvenil como una noción afín al concepto psicológico de la resistencia, como refieren Castells y Silber (5). De esta forma, ciertas características del entorno social y familiar influirán decisivamente en la resiliencia de un sujeto que expuesto a una situación de riesgo no sucumbe por esos factores protectores que le hacen inmune a los riesgos. De esta manera se explica porque ante situaciones socio – ambientales y familiares similares algunos caen en la drogadicción, o delincuencia y otros no.

 

            Castells y Silber proponen varias resiliencias: asumir responsabilidades y planificar el futuro, independencia y distanciamiento de los focos de riesgo, asociación con personas de sólida experiencia, iniciativas diversas, ideas de creatividad y humor, ideología personal y moralidad. Una forma útil para producir resiliencias es la actuación en tres conjuntos amplios:

1.        Mejorar la autonomía, la autoestima y hacer una orientación social positiva.

2.        La cohesión, el afecto, la unión de la familia.

3.        Existencia de sistemas externos de apoyo.

 

VULNERABILIDAD.

 

            En el polo opuesto a la resiliencia está el concepto de vulnerabilidad que define Solnit (15) a tres niveles y que debemos conocer:

1)       Vulnerabilidad: Evoca sensibilidades y/o debilidades reales y/o latentes inmediatas o diferidas.

2)       Riesgo: Se refiere a una incertidumbre en la respuesta de confrontación del niño/a o adolescente con un factor, externo o interno, que provoca una situación de estrés.

3)       Dominio: Hace referencia a la capacidad de vencer un obstáculo que surge de exigencias internas, de factores de estrés del entorno y del conflicto entre las tensiones internas y las medio ambientales del entorno.

 

FACTORES PROTECTORES EN EL ADOLESCENTE.

 

            Para una mejor comprensión de la importancia que tiene una acción múltiple a la hora de valorar qué factores protectores son importantes citamos el trabajo de Jessor et al (16) que señala que en los adolescentes los mejores indicadores para afirmar que un sujeto “tiene factores protectores” son: buena salud dental, práctica de ejercicio con regularidad, sueño adecuado, uso del cinturón de seguridad y dieta saludable.

 

            Aspectos tan diversos revelan que el adolescente que cumple estas condiciones ha hecho un aprendizaje a lo largo de años, dirigido sin duda por sus padres y familiares y con el apoyo de la escuela.

 

            En 1990 el riesgo que mayor impacto producía entre los padres era el consumo de drogas (34,9% así lo afirmaba) seguido por el alcohol (16,4%) y la falta de trabajo (13,1%). El riesgo de que los hijos fueran víctima de un delito era uno de los menos acusados (5,1%). Esa escala de miedos va-riaba en función del sexo de los adolescentes. Hoy la violencia es percibida como uno de los riesgos más acuciantes, especialmente en las mujeres y en un estudio actual ocuparía un lugar más alto que en 1990.

 

En opinión de psicólogos y sociólogos es altamente probable que un chico o una chica con un buen respaldo en la familia y en la escuela sea capaz de gestionar sus riesgos gracias a los factores protectores que imprimen ambas instituciones.


BIBLIOGRAFÍA

 

  1. American Academy of Pediatrics. Papel del pediatra en la pediatría comunitaria.  Pediatrics (ed. esp.) 1999; 47, núm. 6, 409 – 411.
  2. J. González Hachero. M. C. Martínez Malagón. Repercusiones en los hijos de la drogadicción de los padres.  Anales Españoles de Pediatría 1999; 51, núm. 1: 4 – 8.
  3. J. Callabed Carracedo. Familia y adolescente: Prevención de la drogadicción. Anales Españoles de Pediatría, Suplemento 108. XIII Simposio Español de Pediatría Social de la A.E.P. 55 – 57.
  4. E. Rojas Marcos. “Los cuerpos dialécticos”. Universidad Internacional Menéndez Pelayo – Santander 1999.
  5. P. Castells. Tomás J. Silber. Guía práctica de la salud y psicología del adolescente. Planeta 1998, pág. 301.
  6. C. García Castrillón de la Rosa. Familia disociada. Su génesis. Anales Españoles de Pediatría, Suplemento 108. XIII Simposio Español de Pediatría Social de la A.E.P. 36 – 37.
  7. Warren A., Skaug, M. D. The children`s. Clinic – Jonesboro – Arkansas. Pediatrics (ed. esp.) 1999, 47, núm. 1. 21.
  8. James A. Mercy, PhD Division of Violence Prevention. National Center for Injury Prevention and Control – Atlanta – Georgia. Pediatrics (ed. esp.), 47, 1999, núm. 1. 22.
  9. Mercy J. A., Rosenberg M. L. Firearms violence in and around schools. En: Hamburg B., Elliot D. S., Williams K. R., editores. Violence in American Schools – Nueva York, NY: Cambridge University Press, 1998; 159 – 187.
  10. Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria de Cantabria. 1998. Hábito televisivo en el niño cántabro.
  11. M. J. Mardomingo Sanz. Pediatría 97 – Oviedo. Hospital Gregorio Marañón. Madrid. Noticias Médicas. Especial Congresos 1997.
  12. M. J. Díaz Aguado. “Jornadas sobre escuela y sociedad”. Santander. Julio 1999.
  13. Grupo de Trabajo Insalud. Cantabria. 1999. Programa de Educación para la Salud en Centros Educativos.
  14. P. Castells. Tomás J. Silber. Guía práctica de la Salud y psicología del adolescente. Planeta 1998. 301.
  15. J. L. Pedreira Massa. El niño vulnerable durante la primera infancia. Anales españoles de Pediatría. Suplemento 108, 17 – 24.
  16. R. Jessor, Mark S. Turbin and Francés M. Costa. Protective Factors in Adolescent. Health Behavior.  Journal of Personality Anal Social Psychology. 1998; 75, núm. 3, 788–800.


TABLA I

 

APGAR FAMILIAR

NUNCA

0

A VECES

1

SIEMPRE

2

¿Estás satisfecho con la ayuda o apoyo que recibes de tu familia cuando tienes un problema?

 

 

 

¿Conversan entre Uds., los problemas que tienen en la casa?

 

 

 

¿Las decisiones importantes se toman en conjunto en la familia?

 

 

 

¿Los fines de semana son compartidos por todos los de la casa?

 

 

 

¿Sientes que tu familia te quiere?

 

 

 

 

0 a 3 = disfunción familiar severa

3 a 6 = disfunción familiar

  > 6 = funcionamiento familiar adecuado

 

 

 

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