PREVENCION DE LA OSTEOPOROSIS

ASPECTOS NUTRICIONALES

PROF. J. GONZALEZ-HACHERO

 

CATEDRATICO DE PEDIATRIA

COORDINADOR DEL SERVICIO DE PEDIATRIA DEL HOSPITAL UNIVERSITARIO VIRGEN MACARENA

SEVILLA

 

 

INTRODUCCION.

 

          La Osteoporosis se definió en una conferencia de consenso revisada en 1991, como “una enfermedad caracterizada por escasa masa ósea y deterioro de la microarquitectura del hueso, que ocasiona mayor fragilidad del mismo y un mayor peligro de fracturas” (1). Esta definición fue aceptada en 1994 por la OMS que en términos cuantitativos considera que existe osteoporosis cuando el rango de la densidad mineral ósea (DMO) del sujeto está por debajo de  -2’5 DE (99’8% de los individuos)  en  relación a la población normal de la misma edad y sexo y osteopenia cuando el valor de la DMO es inferior a –1 DE (75% de los individuos) pero superior  a –2’5 DE en relación a la población general de la misma edad y sexo (2).

          En la actualidad la osteoporosis  se considera como una causa importante de morbilidad, mortalidad y costes médicos a  nivel mundial y por ello un problema trascendente de salud pública.  Se calcula que afecta a 6-7 millones de españoles y  que origina un gasto asistencial de unos 200.000 millones de pesetas anuales (3).

          Actualmente se conoce también, que las variaciones en la acumulación de masa ósea durante la infancia y adolescencia constituyen un factor determinante del peligro de sufrir fracturas osteoporóticas en la vida adulta.

          En general se admite que la mujer adquiere el máximo de masa ósea sobre los 20 años, que esta masa permanece estable hasta los 38-40 y que a partir de ésta edad comienza la pérdida de la misma. Por el contrario el hombre se estima que adquiere el pico de masa ósea unos años mas tarde que la mujer –sobre los 25- y su pérdida se hace de forma mas lenta y progresiva (4) (5).

          De ahí que se considere que el peligro de fracturas osteoporóticas en los ancianos, dependa por una parte del máximo pico de masa ósea conseguida y por otra de la rapidez de la pérdida de ésta. Como ningún tratamiento resulta claramente eficaz para restaurar la masa ósea que se pierde en la osteoporosis intensa,  se ha concedido gran importancia a las medidas para adquirir el máximo pico de la misma en la madurez  de la vida. Por tal razón, en el momento actual se considera que la prevención de la osteoporosis debe orientarse no solo a impedir que ocurra pérdida de masa ósea –hecho difícil de conseguir- sino sobre todo a alcanzar el máximo nivel de la misma al final de los 20-25 primeros años de la vida, años que en sus tres cuartas partes son dependientes de la Pediatría (6).

          De ahí la importancia actual que para nosotros tiene, el conseguir que el niño y adolescente lleguen al final de su crecimiento con una óptima mineralización ósea como medio de prevenir, atenuar o retardar los fenómenos osteoporóticos de la vida adulta.

 

PREVENCION DE LA OSTEOPOROSIS. La prevención de la osteoporosis requiere el conocimiento previo de los factores que intervienen en la mineralización del esqueleto, para actuar sobre aquellos que puedan ser susceptibles  de modificarse con medidas específicas en caso necesario.

          Los factores que intervienen en la mineralización del esqueleto son diversos: genéticos-raciales,  nutricionales, hormonales  –endocrínos y autocrinos- y estilos de vida.

 

1-Factores genéticos.   Los factores genéticos juegan un papel fundamental, estimándose que pueden explicar el 60-80% de la variabilidad del contenido mineral óseo en la población normal.

         Se acepta que la regulación de la masa ósea es un proceso poligénico ya  que son múltiples los genes que intervienen en la síntesis de hormonas y factores de crecimiento relacionados con la misma.

          De los distintos genes, los mas estudiados han sido el gen del receptor de la vitamina D y el gen del receptor de los estrógenos, considerándose  que polimorfismos de estos genes podrían relacionarse con distintas tasas de absorción de calcio en el intestino o con alteraciones en el mecanismo de actuación de los estrógenos respectivamente.

          Otros genes estudiados han sido el del colágeno alfa-1, el de la interleucina 6, el del factor de necrosis tumoral beta y el de la glicoproteina 2Hsa. En cualquier caso ningún estudio en éste sentido es aun definitivo ni concluyente (7).

          También se han señalado diferencias de masa ósea ligadas a la raza que en definitiva están relacionadas igualmente con el factor genético. Se conoce al respecto que los individuos de raza negra tienen valores de masa ósea superiores a los caucásicos y estos mayores que los asiáticos (8).

 

2- Factores nutricionales.   La nutrición desempeña un papel fundamental en la adquisición de masa ósea a través del aporte directo de alimentos energéticos y plásticos, vitaminas y minerales. Pero también interviene de una forma indirecta regulando la síntesis de IGF-1 y de esteroides gonadales, cuyo papel es esencial para un adecuado crecimiento y mineralización del esqueleto.

          El aporte protéico-energético adecuado es indispensable para el crecimiento y mineralización ósea y para la síntesis proteica de la matriz extracelular, de forma que en situaciones de malnutrición disminuyen los marcadores de aposición ósea como la fosfatasa alcalina y aumentan los de reabsorción como el telopeptido carboxi-terminal del colágeno tipo I (9).

          La vitamina K es un cofactor indispensable para la síntesis de osteocalcina,  proteína no colágena de la matriz ósea necesaria para el depósito de calcio en ella.

          La vitamina C es necesaria para la síntesis de la lisil-oxidasa enzima que interviene estabilizando los puentes intermoleculares de las fibras de colágeno de la matriz (10) (11).

          La vitamina D a través de su metabolito  activo 1,25 (OH)2  D3  interviene en el intestino y en el riñón aumentando la absorción de calcio y fósforo y a nivel del hueso ejerciendo una acción doble, por una parte, movilizando calcio y fósforo hacia el líquido extracelular para mantener un nivel adecuado de los mismos y por otra, una vez normalizada la calcemia, favoreciendo el deposito del mineral en el hueso. Se necesita para ello un equilibrio dinámico entre la enzima 1-a-hidroxilasa que a través de la síntesis del 1,25 (0H)2 D3 favorece la reabsorción ósea y la 24-hidroxilasa que se activa al inhibirse aquella una vez que el producto calcio-fósforo se ha normalizado. Se sintetiza entonces el 24-25 (0H)2 D3 que seria el metabolíto de la vitamina D que promueve la calcificación.

          A este respecto se estima que particularmente en regiones o en épocas del año en que la exposición al sol es limitada, el niño debe recibir exogenamente hasta el final de la adolescencia 400 UI de vitamina D, e incluso si es prematuro, estas necesidades aumentan a 1000 UI hasta los 2 meses de vida o hasta que alcance los 3’5 Kg de peso. Dado que durante los primeros 6-8 meses de vida es difícil que un niño normal ingiera un litro de leche de mujer o de leche artificial u otros alimentos que aporten esta cantidad de vitamina, es por lo que se aconseja que en ésta etapa se aporte la vitamina D3 en forma de medicamento, hecho que es innecesario en general después del primer año si la alimentación es correcta (12).

          Calcio, fósforo y mineralización ósea.  El 99% del calcio se halla en el esqueleto y solo existen pequeñas cantidades en el plasma y en el líquido extravascular.

          En condiciones normales la cantidad de calcio depositada en el hueso pasa de 30 gramos en el recíen nacido a unos 1300 gramos en el adulto. Esta cantidad se mantiene estable hasta las últimas décadas de la vida, en las cuales tiene lugar la disminución de la masa ósea.

          El objetivo principal del aporte de calcio en la dieta es favorecer el deposito del mismo en el hueso (13).

          Las necesidades diarias de calcio varían en las diferentes edades y están relacionadas con el ritmo de aposición de calcio en el esqueleto. Estos

requerimientos  dependen también de forma importante de factores genéticos y de otros componentes de la dieta.

          A este respecto es conocido como las etapas de máxima aposición del calcio en el esqueleto son los dos primeros años de la vida y la pubertad, etapas en las cuales dicha aposición es de 70 y 100 gramos por año respectivamente (14).

          Aunque los datos no son aun definitivos, se acepta en la actualidad que el mantenimiento de un aporte suficiente de calcio durante la infancia y adolescencia es necesario para alcanzar el pico máximo de masa ósea. Este aporte de calcio puede contribuir a reducir el número de fracturas en éstas etapas del desarrollo y el riesgo de osteoporosis en la vida adulta,  aun cuando no se conoce cual es el pico óptimo de masa ósea que debe alcanzarse a la edad de 20-25 años para conseguir éste objetivo (15) (16).

          Se ha estimado que el riesgo de fractura a los 70 años pudiera duplicarse si en los primeros 30 años de la vida, la ingestión de calcio fue baja.

          Teniendo en cuenta todos estos hechos, en los  últimos años se han revisado las necesidades de calcio en las distintas edades, siendo las recomendaciones actuales,  las recogidas en la tabla 1 (15)(17) las cuales se consideran como adecuadas para la adquisición y mantenimiento de una masa ósea normal.

          De las distintas edades referidas, la mas estudiada respecto a los requerimientos de calcio es la comprendida entre los 9 y 18 años ya que la eficiencia de la absorción del mismo, aumenta durante la pubertad y la mayor parte de la formación ósea tiene lugar durante éste periodo, estimándose que en la mayor parte de los niños sanos de éstas edades, se alcanza el balance neto máximo de calcio con aportes entre 1200 y 1500 mg/día. Es decir, a valores superiores a estos, casi todo el calcio adicional se excreta sin llegar a utilizarse y con aportes inferiores a las citadas, es posible que el esqueleto no reciba tanto calcio colmo es  capaz de utilizar y quizá no llegue a alcanzarse el pico de masa ósea (13).

          Valorando su contenido en nutrientes , los alimentos que contienen mas de 100 mg de calcio por cada 100 gramos de porción comestible son entre otros los siguientes: leche de vaca (125 mg) leche descremada (121 mg) natillas y flan (140 mg) queso blanco descremado (150 mg) queso de bola (760 mg) queso de Burgos (186 mg) queso en porciones (750 mg) queso manchego (835 mg) yogur natural (140 mg) yogur desnatado (176 mg) yogur de frutas (125 mg)  bacalao seco (225 mg) besugo (225 mg) lenguado (100 mg)  calamares (120 mg) yema de huevo (140 mg) garbanzos (149 mg) judías secas (137 mg) almendras sin cascara (254 mg) avellanas sin cascara (200 mg) acelgas (150 mg) pan blanco (100 mg) y pan integral (100 mg).

          De todos ellos destacan por su biodisponibilidad (30-50%) y por su importancia en la alimentación infantil la leche de vaca y sus derivados,  que en general constituyen la fuente mas importante de calcio en la dieta de la  mayor parte de las personas aportando aproximadamente el 60% de las necesidades.

          En la actualidad se conoce también que la mayor parte de las verduras aunque contienen calcio a una concentración baja, su biodisponibilidad es elevada. Es necesario por tanto ingerir  platos relativamente abundantes para igualar el aporte total conseguido con las cantidades que se toman habitualmente de productos lácteos.

          Una excepción la constituye las espinacas por su riqueza en oxalatos, que hace que el calcio que  contienen carezca practicamente de biodisponibilidad . Algo similar ocurre con algunos alimentos ricos en fitatos como el grano entero de cereales, cuyo calcio es también escasamente biodisponible (18).

          Ahora se dispone  también de productos enriquecidos con calcio como el zumo de naranja, donde dicho mineral puede alcanzar una concentración y una biodisponibilidad comparable a la de la leche.

          En los niños y adolescentes que no pueden o no quieren consumir cualquiera de los alimentos ricos en calcio, se considerará el uso de suplementos minerales.

          Debe destacarse que en encuestas alimentarias de niños en diversas edades se demuestra que sobre todo son las adolescentes las que con frecuencia no consumen las cantidades de calcio recomendadas, lo cual puede explicar en gran parte la menor masa ósea que se observa en mujeres adultas y ancianas. Se ha calculado en éste sentido una diferencia de 0’5 desviación estandar en la masa ósea, entre mujeres que consumieron leche en cantidad adecuada en su juventud y las que lo hicieron solo ocasionalmente en éste periodo.

          Una diferencia de una desviación estandar en la masa ósea puede incrementar en 50  a 160% el riesgo de fractura según el sitio del esqueleto (6). De gran importancia también en la mineralización ósea normal es el fósforo, del cual un 85% está unido al calcio en la matriz del esqueleto en forma de cristales de hidroxiapatita.  Un 14% forma parte de los tejidos blandos y el 1% restante se localiza en el espacio extracelular. La cantidad de fósforo depositada en el hueso representa aproximadamente  la mitad de la del calcio y pasa de 17 gramos en el momento del nacimiento a 700 gramos  en el adulto.

          Las necesidades diarias de fósforo  se estiman en 600 mg durante el primer año  y en 800 mg desde esta edad hasta el final de la adolescencia. Se encuentra, en casi todos los alimentos, por lo que una dieta variada permite cubrir facilmente los requerimientos señalados.

          En resumen podemos decir que desde el punto de vista pediátrico la primera medida para prevenir cualquier trastorno de la mineralización ósea en el niño y consecuentemente con posterioridad  en el adulto, es la puesta en practica de una dieta equilibrada con adecuado aporte energético y proteico, aporte suficiente de vitaminas C y D (la vitamina K es fundamentalmente sintetizada por la flora intestinal) y de manera fundamental, sobre todo en la preadolescencia y adolescencia, de un aporte adecuado de calcio y fósforo que garantice la consecución del máximo pico de masa ósea al final del crecimiento.

 

3 – Factores hormonales.  Distintas hormonas y factores de crecimiento  intervienen en la mineralización del esqueleto, unas promoviendo la neoformación ósea o inhibiendo la reabsorción y otras favoreciendo éste último proceso.

          De las primeras tenemos la hormona de crecimiento, esteroides gonadales, insulina, 1’25(OH)2 D3, dosis fisiológicas de hormonas tiroideas y de paratohormona, el IGF-I, IGF-II el factor de crecimiento transformador beta y la calcitonina, ésta última actuando como inhibidora de la actividad osteoclástica.

          De las segundas destacan los glucocorticoides, las altas dosis de hormonas tiroideas y de paratohormona y diversas citoquinas (19).

Relación de la nutrición con hormonas y factores de crecimiento que intervienen en la mineralización del esqueleto.  Además de su acción directa, la nutrición interviene en la mineralización del hueso, de una forma indirecta, regulando la síntesis de IGF-I y de esteroides gonadales cuyo papel es indispensable para adquirir el pico óptimo de masa ósea.

          En éste sentido se acepta que una buena nutrición es esencial para la síntesis de los receptores hepáticos de la hormona de crecimiento, de forma tal que cuando la nutrición es deficiente la falta de actividad de estos receptores, junto con el déficit de insulina dificultan la síntesis hepática de IGF-I hasta el punto que la tasa de GH puede ser normal o incluso elevada y la de IGF-I disminuida. Esta disminución de IGF-I disminuye la proliferación de condrocitos y la síntesis de matriz cartilaginosa así como la diferenciación de los osteoblastos y la síntesis proteica en la matriz ósea .(20)

          Igualmente el estado nutricional es un importante regulador de la función gonadal como lo demuestra el hipogonadismo hipogonadotropo que acompaña a la malnutrición. Y lo haría a través de la leptina, hormona sintetizada por los adipocitos, la cual ejerceria un papel regulador de la síntesis de gonadotrofinas al llegar a la pubertad. Si este mecanismo no es adecuado, el déficit de estrógenos,  en la pubertad daría lugar a nivel del cartílago a una deficiente síntesis y mineralización de la matriz y a nivel del hueso a una deficiente proliferación osteoblástica  e inadecuada síntesis de matriz ósea. Por su parte el déficit androgénico condicionaría en el cartílago una deficiente osificación endocondral  y a nivel del hueso un aumento de su  reabsorción . (21) (22).

 

4 – Estilos de vida.  Juegan también un papel importante en la mineralización del esqueleto. De hecho los hábitos alimentarios pueden incluirse también en éste apartado. Pero al margen de éstos, se citan la actividad física cuya influencia positiva en la mineralización  se le confiere en la actualidad un importante papel, y el consumo de alcohol, tabaco y cafeína que  actuarían en sentido contrario. El alcohol induciendo un aumento del cortisol, y disminuyendo la función gonadal, el tabaco alterando la función estrogénica y la cafeina al igual que el exceso de proteinas y sodio de la dieta aumentando la pérdida renal de calcio. (23) (24). 

A la vista de lo expuesto podemos decir que la prevención de la osteoporosis es una misión importante del pediatra.  Es fundamental promover en el niño y en el adolescente un estilo de vida saludable y dentro del mismo resaltar el papel crítico que juega la nutrición, que bien sea de una forma directa-aporte energético, proteico, vitamínico y mineral- o bien de forma indirecta interaccionando en la síntesis de IGF-I y de esteroides gonadales, va a contribuir a la adquisición del pico óptimo de masa ósea  al final del crecimiento y con ello a atenuar los fenómenos osteoporóticos de la vida adulta.         

 

TABLA 1 .- RECOMENDACIONES SOBRE EL APORTE DE CALCIO EN LA DIETA (MG/DIA)

 

EDAD

 

1997 NAS

1994 NIH

1       -  3  AÑOS

 

500

800

0 – 6  MESES

 

210

400

6 – 12 MESES

 

270

600

 4 – 8 AÑOS

800

800  (4-5 AÑOS)

 

800 - 1200 (6-8 AÑOS)

 

800 - 1200 (9-10 AÑOS)

 

9 – 18 AÑOS

 

1300

1200-1500 (11-18 AÑOS)

 

(NIH. Consensus Conference JAMA-1994 Institute of Medicine. Food and Nutrition Board

Washington : National Academy Press 1997)

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

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2 -  REPORT OF WHO STUDY GROUP: ASSESSMENT OF FRACTURE RISK AND ITS APPLICATION TO SCREENING FOR POST-MENOPAUSAL OSTEOPOROSIS. IN WORLD HEALTH ORGANIZATION GENEVA (eds): WHO technical series  843. 1994.

3 -  DIEZ, A. PUIG, M.T.  Aproximación a los costes de las fracturas osteoporóticas de femur en España.  Med. Clin. 1989, 92 (19): 721-723.

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11- NEW, S.A. ROBINS,  S.P. GARTON, M.J. et al. The influence of factors (dietary non dietary) upon bone mineral density  and bone metabolism in premenopausal women. Challanges of  Modern Medicine 1995, 7: 73-76.

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13 -  AMERICAN ACADEMY OF PEDIATRICS- COMMITEE ON NUTRITION. Requerimientos de calcio en lactantes niños y adolescentes. Pediatrics (ed. esp.) 1999, 48 (5): 333-338.

14 -  YESTE, D. CARRASCOSA, A. AUDI, L. Fisiopatologia del metabolismo calcio-fósforo. En Tratado de Endocrinologia Pediátrica y de la Adolescencia. J. Argente, A. Carrascosa, R. Gracia y F. Rodriguez (eds). Edimsa. Madrid. 1995, 551-565.

15 -  NATIONAL INSTITUTES OF HEALTH CONSENSUS CONFERENCE. NIH CONSENSUS  DEVELOPMENT PANEL ON OPTIMAL CALCIUM INTAKE. JAMA 1994; 272: 1942-1948.

16 -  MILLER, G.D. WEAVER, C.M. Required versus optimal intakes: a look at calcium.  J. Nutr. 1994, 124 (supl) 1404-1405.

17 -  INSTITUTE OF MEDICINE. FOOD AND NUTRITION BOARD. DIETARY REFERENCE INTAKES FOR CALCIUM, PHOSPHORUS, MAGNESIUM, VITAMIN D, AND FLUORIDE. Washington: national academy  press,1997.

18 -  WEAVER, C.M. HAUNEY, R.P.  PROULY, W.R.  Choices for achieving adequate dietary calcium with a vegetarian diet.  Am. J. Clin. Nutr. 1999; 70 (supl.): 534-538.

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21 -  KLIBANSKI, A. BILLER, B.M. SCHOENFELD, D.A. et al. The effects of estrogen administration on trabecular bone loss in young women with anorexia nervosa. J. Clin. Endocrinol. Metab. 1995,  80: 898-904.

22 -   KASPERK, C. FITZSIMMONS, R. STRONG, D. et al. Studies of the mechanism by which androgens enhance mitogenesis and diferentiation in  bone cells. J. Clin. Endocrinol.  Metab. 1990, 71: 1322-1329.

23 -  WELTEN, D.C. KEMPER, H.C. POST , G.B. et al. Weight-bearing activity during youth is a more important factor for peak bone mass than calcium intake. J. Bone  Minner. Res. 1994, 9: 1089-1096.

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