LOGROS DE LA CIRUGÍA PEDIÁTRICA

   

Juan A. Tovar

Profesor Titular de Pediatría

Jefe del Departamento de Cirugía

Hospital Infantil Universitario “La Paz”

Madrid

 

Hospital Infantil Universitario “La Paz”

Paseo de la Castellana, 261

28046, Madrid

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INTRODUCCIÓN

          Como es natural por el hecho de compartir el sujeto de nuestra actividad y el ámbito hospitalario, los avances de la cirugía pediátrica han sido paralelos a los de la pediatría y tanto una especialidad como la otra se han beneficiado mutuamente de estos progresos. Por una parte, los cada vez mejores medios de diagnóstico y de soporte cardiovascular, respiratorio o nutritivo así como de lucha contra la infección han permitido operaciones quirúrgicas más audaces y complicadas mientras que, por otra, el vertiginoso progreso de la cirugía ha penetrado en nuestros hospitales de la mano del cirujano pediatra haciendo posibles extirpaciones tumorales o sustituciones orgánicas que se consideraban poco menos que imposibles y operaciones endoscópicas más audaces o abordajes nutritivos muy prácticos.

          En estas líneas veremos sucesivamente algunos de los logros en el tratamiento de las malformaciones, los tumores, los traumatismos, los trasplantes y las perspectivas abiertas por la introducción de la cirugía mínimamente invasiva.

 

I.- MALFORMACIONES

          Hoy día sobreviven la gran mayoría de los neonatos con malformaciones. Curiosamente, y coincidiendo con lo observado en otros países desarrollados, nuestras posibilidades de curar recién nacidos malformados han beneficiado a un número cada vez menor de ellos a causa de la drástica reducción de la natalidad observada en nuestros países en la últimas décadas. Simultáneamente, además, hemos debido ocuparnos de pacientes cada vez más complejos, lo que hubiera podido comprometer la calidad de los resultados, pero no ha sido así. El algunos casos es difícil atribuir a la cirugía los progresos en estos casos pero en otros no se habrían logrado sin los avances introducidos en las técnicas quirúrgicas y perioperatorias. Por ejemplo, hoy día salvamos a casi todos los recién nacidos con atresia de esófago excepto aquellos con cardiopatías inviables o muy complejas asociadas a bajo peso o aquellos con malformaciones múltiples (1). No es ya un obstáculo insalvable el peso muy bajo al nacer y podemos operar con seguridad en casi todos los casos incluso cuando se trata de grandes prematuros.

          En la hernia diafragmática, por el contrario, la técnica quirúrgica no ha avanzado mucho por tratarse de un acto relativamente simple que ya estaba resuelto hace años pero la mortalidad sigue siendo alta a causa de hipoplasia pulmonar y de las malformaciones asociadas (2). Los avances en el tratamiento se han debido más al crecientemente perfeccionado soporte respiratorio y a determinadas manipulaciones tendentes a favorecer la maduración y el desarrollo pulmonar en el periodo perinatal. La introducción, por ejemplo, de la oxigenación extracorpórea de membrana (ECMO) generó muchas expectativas que solamente en parte se han visto colmadas (3, 4) y lo mismo puede decirse de las osadas operaciones intrauterinas destinadas a corregir la malformación antes del nacimiento y a permitir el desarrollo pulmonar en la última etapa de la vida  fetal (5). Los avances por esta vía no han terminado y es posible que se consoliden progresivamente en clínica manipulaciones fetoscópicas dirigidas al mismo objetivo con menor invasividad (6).

          Las malformaciones de la pared abdominal (onfalocele, laparosquisis, extrofia) se tratan con resultados progresivamente mejores sólo limitados por la asociación de malformaciones y cromosomopatías tan común en estos casos . La posible relación entre la exposición visceral al líquido amniótico y el trabajo del parto con el engrosamiento parietal que complica el tratamiento y la evolución han conducido a algunos grupos a aconsejar la cewsárea pretérmino con buenos resultados (7). El cierre primario de la pared se obtiene más a menudo que hace algunas décadas y el uso de cierres protésicos temporales se ha visto facilitado por un soporte nutritivo extradigestivo ya rutinario y por asistencia respiratoria aplicada durante cortos periodos de tiempo.

          Las malformaciones del aparato respiratorio (quistes broncógenos, malformación adenomatoide quística, efisema lobar) son tratadas con relativa facilidad en el perido perinatal con resultados excelentes (8-10) y en las atresias intestinales la supervivencia es la regla excepto en aquellos casos con anomalías asociadas inviables. Precisamente esta supervivencia generalizada da origen a complejos problemas de seguimiento nutritivo en ciertos pacientes en quienes la malformación o su tratamiento acortan mucho la longitud del intestino restante (11).

          En las malformaciones urinarias el perfeccionamiento del diagnóstico prenatal ha adelantado el momento de las decisiones y nos ha enseñado a moderar actitudes excesivamente activas en ciertos casos de obstrucción aparente de la vía urinaria (12) así como a actuar incluso durante la vida fetal en casos graves (13). Es obvio que, en todo caso, la precocidad del tratamiento beneficia a largo plazo a estos pacientes. Lo mismo puede decirse del adelantamiento del momento del tratamiento en malformaciones comunes y con carga psicológica importante como el hipospadias o el maldescenso testicular. El aquel, precisamente, se han introducido técnicas simples (MAGPI) para las formas leves que permiten solucionar el problema en la mayoría de los casos sin o con mínima hospitalización y sin sonda y varias otras en las formas graves que, por una parte han mejorado los resultados pero, por otra, no dejan de demostrar que, como todos los que tienen muchas alternativas de tratamiento, es un problema aun no del todo resuelto. También podemos solucionar (u orientar adecuadamente) el grave problema diagnóstico-terapéutico neonatal de las situaciones intersexuales que deben recibir una adscipción sexual neonatal y una imagen corporal definida y no traumática antes de los 2 o 3 años. Esto es ya posible en la totalidad de los casos gracias a los medios de imagen, a la laparoscopia diagnóstica y a operaciones precoces de reconstrucción (14).

 

II. TUMORES

          El progreso en el tratamiento de los tumores malignos ha sido espectacular en los últimos 30 años y hoy día logramos que sobrevivan y curen una proporción muy alta de los niños con cáncer. La contribución de la cirugía a este progreso es solamente una parte del todo. En general, la quimioterapia ha avanzado más y permite una cirugía en mejores condiciones pero, para algunos tumores en los que la eliminación completa del tejido neoplásico es imprescindible, las técnicas quirúrgicas que permiten la extirpación de tumor se han refinado hasta límites sorprendentes.

          1.- Neuroblastoma: No es éste el tumor en el que más se haya progresado pues todavía fallecen cerca de un 40% de los pacientes en los mejores centros. La quimioterapia cada vez más audaz y eficaz, el transplante de médula ósea, los tratamientos isotópicos y los quirúrgicos han progresado paralelamente al mejor conocimiento del tumor y de sus factores pronósticos (influencia negativa de la deleción de p1, la amplificación del oncogen N-myc, la euploidia y otros). La extirpación completa sigue siendo el tratamiento principal en los tumores localizados (grados 1 y 2 ) y puede incluso realizarse ocasionalmente en algunos casos por vías mínimamente invasivas como en algunos tumores torácicos o suprarrenales. El los grados extensos (grados 3 y 4) el papel de la cirugía es coadyuvante aunque, en ausencia de metástasis, la extirpación del tumor primario es sin duda favorable para la sobrevivencia (15). En los grados 4s el papel de la cirugía es limitado y a veces sólo coadyuvante.

          2.- Tumor de Wilms: La aplicación entre nosotros, como en varios otros países, de los protocolos quimioterápicos de la SIOP, que dejan la cirugía radical para después de la citorreducción tumoral con quimioterapia, han hecho de la nefrectomía radical una operación menos difícil que en el pasado. Los progresos quirúrgicos se dirigen a la preservación parenquimatosa en los casos bilaterales y últimamente se va abriendo camino el concepto de una política semejante de los casos polares unilaterales aunque aún no se han diseñado protocolos con este fin (16).

          3.- Sarcomas de partes blandas: El mejor conocimiento de estos sarcomas ha hecho posible circunscribir la cirugía radical a aquellos casos en los que es imprescindible para la curación. En los  rabdomiosarcomas urogenitales o en los de la cabeza y el cuello las operaciones, aún radicales, tienden a no ser mutilantes obteniéndose en muchos casos resultados semejantes a los logrados con las más radicales. Esto es particularmente cierto en los tumores primarios que asientan en la vagina o en algunas partes de la cabeza y la cara.

          4.- Tumores hepáticos: En éstos, afortunadamente raros pero muy malignos, el progreso ha sido espectacular gracias tanto a la quimioterapia protocolizada como a los gestos quirúrgicos de extirpación facilitados por nuestra mayor práctica en cirugía mayor hepática. Con o sin quimioterapia previa, los hepatoblastomas curan en la mayoría de los casos cuando su extirpación es completa y ello requiere a veces la de la mayor parte o incluso la de la totalidad del parénquima hepático. En este último caso, el transplante es obviamente la única solución pero, en los contados casos en los que es necesario, los resultados son mejores que con cualquier otro protocolo y el transplante es una alternativa realista y positiva en estos casos. En el caso del hepatocarcinoma o de los tumores mesenquimatosos malignos del hígado, nuestros resultados son peores con la excepción de los hepatocarcinomas que aparecen en el contexto de una cirrosis metabólica y que curan frecuentemente tras el transplante realizado para tratar la enfermedad de base (17).

          5.- Tumores óseos: La cirugía radical-conservadora de miembros se ha ido abriendo paso utilizando la extirpación de la zona ósea donde asienta el tumor hasta márgenes limpios y su sustitución por prótesis metálicas o por huesos humanos conservados en banco que permiten mantener la función del miembro.

          6.- Metástasis:  Las metástasis pulmonares pueden ser tratadas por cirugía abierta o mínimamente invasiva lo que hace posible repetir el acto en más de una ocasión cuando esto es necesario.

 

III. TRAUMATISMOS

          Desde la cirugía pediátrica y gracias al apoyo ofrecido por el progreso en los cuidados intensivos, la reposición de fluidos etc. se ha generado una tendencia que se ha extendido a la cirugía del adulto y que permite tratar la mayor parte de los traumatismos del hígado y del bazo sin necesidad de abrir el abdomen ni de extirpar parte o la totalidad de estos órganos. La mayoría de las hemorragias intraabdominales de este origen son venosas y cesan cuando el aumento de la presión intraabdominal reduce los gradientes existentes entre el arbol vascular y el peritoneo al comenzar la hemorragia. Si con la reposición sanguínea adecuada se logra la estabilización de las constantes vitales es más rentable desde todo punto de vista permitir la curación espontánea de la lesión que repararla directamente lo que se suele requerir actos de extirpación parenquimatosa en intervenciones difíciles y a veces arriesgadas. Incluso lesiones muy graves son tratadas con éxito mediante esta política conservadora que requiere, naturalmente, una vigilancia armada muy próxima por parte del cirujano (18). Sólo cuando las lesiones son masivas y la hemorragia no cesa con las medidas de soporte adecuadas, la cirugía sigue siendo necesaria aunque se limita a una proporción muy pequeña de casos (19).

          El tratamiento de los quemados, sobre todo de los grandes quemados, ha progresado enormemente desde que somos conscientes de que, por una parte, la excisión precoz del tejido quemado y la cobertura del lecho con injertos autólogos o con membranas sintéticas evita la infección y acelera la curación de las heridas. Por otra parte hemos aprendido que el aporte alimenticio precoz y suficiente para compensar las pérdidas mayores creadas por el trauma térmico aceleran el proceso curativo y contribuyen a evitar la infección al disminuir la translocación bacteriana desde el reservorio intestinal. Por último, en las quemaduras de gran extensión que antes eran prácticamente inviables podemos disponer hoy de coberturas extraordinarias como la dermis artificial, las láminas de queratinocitos autólogos cultivados que permiten cubrir con epitelio propio superficies muy extensas para las que no existe territorio donante y conseguimos sobrevivencias antes imposibles (20). En todos los casos la estancia hospitalaria se ha reducido mucho y las secuelas estéticas, más limitadas que antes, se van tratando con éxito progresivo.

 

IV.- TRANSPLANTE

          También en este campo los progresos, que han sido gigantescos, no  han sido sólo debidos a la cirugía pero sí una buena parte de ellos.

          Los resultados de los transplantes renales pediátricos se han perfeccionado a base de seleccionar progresivamente mejor los donantes utilizando órganos mayores de los que corresponderían al peso del receptor lo que permite disponer de un capital nefronal mayor para compensar las pérdidas consecutivas a los episodios de rechazo. También ha facilitado la logística del transplante el uso progresivamente más frecuente de órganos de donantes vivos relacionados. Algunos grupos han utilizado trasplantes de dos riñones de donante pequeño en bloque (21).

          El transplante hepático ha progresado notablemente gracias a la introducción de la reducción hepática que permite utilizar donantes de mayor peso en receptores pequeños. Un hígado entero puede ser trasplantado como tal si el tamaño es adecuado o reducido para utilizar el segmento lateral izquierdo (segmentos anatómicos 2 y 3), el lóbulo izquierdo (segmentos 2, 3, y 4) o el lóbulo derecho. Sobre estas segmentaciones del parénquima se ha fundado el uso de la bipartición hepática (split-liver) que hace posible utilizar un solo donante cadavérico para dos receptores de los que el de mayor peso recibe el lóbulo derecho y el de menor peso el lóbulo o el segmento lateral izquierdos (22). Y aún más, la escasez de donantes y las dificultades legales y religiosas para utilizar órganos cadavéricos en algunos países como Japón han obligado a desarrollar la práctica de la donación por familiares vivos de una parte de su hígado (23), generalmente el segmento lateral izquierdo o el lóbulo izquierdo, que se utilizan en niños de pequeño tamaño. En nuestra experiencia, que se acerca ya a los 300 trasplantes pediátricos, casi la mitad son hoy día de órganos reducidos y usamos ocasionalmente bipartición hepática y donantes familares vivos . Estamos seguros de que en el futuro el uso de estas modalidades de transplante se incrementará en vista del crecimiento de la demanda que amenaza con sobrepasar la oferta de órganos cadavéricos. Pasado el periodo postoperatorio inmediato, durante el que se concentra la mortalidad como consecuencia de fallo primario del injerto, de complicaciones quirúrgicas mayores o de rechazo, la supervivencia es excelente alcanzando ya el 85% a 5 años con recuperación de una vida prácticamente normal (24). El precio a pagar por este éxito es la necesidad de mantener la inmunosupresión de por vida, lo que expone a ciertos riesgos de complicación y particularmente a la aparición tardía de enfermedades linfoproliferativas neoplásicas a largo plazo.

          El transplante cardiaco y el pulmonar se introducen con menor fuerza en la práctica pediátrica por problemas derivados de la necesidad de un tamaño proporcionado entre donante y receptor que limitan considerablemente la disponibilidad de órganos pero en general se obtienen resultados tan buenos como en el adulto.

          Recientemente nuestro departamento ha introducido en España el transplante intestinal que, también con numerosos problemas debidos a la gran cantidad de tejido inmunocompetente presente en el injerto que es además un reservorio bacteriano y endotóxico cuyo aislamiento está condicionado solamente por la impermeabilidad de una barrera intestinal frágil, representa la única esperanza para pacientes con insuficiencia digestiva terminal cuando no es posible en ellos la alimentación parenteral domiciliaria a largo plazo (25). El agotamiento de las vías venosas disponibles o las lesiones hepáticas progresivas relacionadas con dicha alimentación parenteral misma, con la traslocación bacteriana y las infecciones repetidas pueden hacer imposible su continuidad. Hoy día puede esperarse una sobrevivencia a 5 años de aproximadamente el 50% de los pacientes lo que, sin llegar a poderse comparar con los resultados obtenidos en el trasplante hepático o en el renal coloca al intestinal (así como al pulmonar) en una situación parecida a la de aquellos hace 15 0 20 años.

 

V. CIRUGÍA MÍNIMAMENTE INVASIVA:

          Paralelamente al auge de las técnicas de tratamiento mínimamente invasivas en el adulto, éstas se han extendido rápidamente al niño en quien ha sido necesario adaptar los instumentos a tamaños mucho más reducidos. La variedad de estas técnicas hoy aplicadas en niños es enorme:

          En el campo urológico, junto a los procedimientos de tratamiento endoscópico y extracorpóreo de las litiasis, a la nefrectomía laparoscópica o a otras operaciones realizadas por esta vía, se ha desarrollado poderosamente el tratamiento endoscópico del reflujo vesico-ureteral consistente en la inyección submucosa de sustancias inertes bajo los orifficxios ureterales para proporcionarles un apoyo posterior. Tras debates sbnre el mejor material, estas técnicas están sólidamente asentadas.

          En cirugía abdominal, operaciones poco frecuentes en niños, como la colecistectomía, ya se hacen preferentemente por esta vía, pero otras más comunes y aparentyememnte más difíciles, tambien lo son en determinados servicios: la funsuplicatura antireflujo es particularmente adecuada para esta vía, la esplenectomía, la apendicectomía e incluso la rectosigmoidectomía por aganglionismo se hacen más y más por laparoscopia. También se prefiere esta vía para explorar determinadas situaciones de hemorragia digestiva, dolor abdominal crónico, intersexo y patología ovárica y se ha ensayado para corregir la malrotación, extirpar quistes hidatídicos, biopsiar diversas estructuras y curar hernias (26).

          Las aplicaciones torácicas son también variadas y van desde el cierre del ductus arterioso hasta la biopsia pulmonar (27) o ganglionar pasando por la extirpación de duplicaciones esofágicas y de ciertos tumores y metástasis, y por el tratamiento del empiema, del neumotórax y del quilotórax (28, 29), Recientemente se ha introducido también una técnica de tratamiento del pectus excavatum ayudada por la toracoscopia que parece muy prometedora y que está teniendo amplia aceptación.

          El abordaje rígido o fibroscópico del aparato digestivo y del arbol traqueobronquial han seguido progresando hasta hacer posible una amplia gama de operaciones por hemorragia o cuerpo extraño, la dilatación de estenosis varias y la instalación de gastrostomías y de otras vías de acceso nutricional antes raramente abordadas por esta vía .

          En conjunto, la Cirugía Pediátrica, que en nuestro país ha progresado hasta niveles que no tienen nada que envidiar a los alcanzados en los países más desarrollados de nuestro entorno, se ha adaptado admirablemente a los cambios rápidamente acontencidos en los quehaceres quirúrgico y pediátrico mostrando una vitalidad y capacidad de renovación poco comunes.  

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