XXIX Congreso Nacional de Pediatría

Tenerife, 14-17 de Junio del 2000

 

 

Avances en Osteología Pediátrica

 

 

Anorexia nerviosa : Densidad mineral

y marcadores óseos

 

Dr. Jesús Argente

Profesor Titular de Pediatría de la Universidad Autónoma.

Jefe de la Sección de Endocrinología y Laboratorio de Investigación.

Hospital Universitario Niño Jesús. Madrid.

 

Y

Dra. Mª Teresa Muñoz

Médico Adjunto de la Sección de Endocrinología.

Hospital Universitario Niño Jesús. Madrid

 

 

Correspondencia:           Dr. Jesús Argente

                                    Hospital Universitario Niño Jesús

                                    Sección de Endocrinología

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Introducción

La anorexia nerviosa consiste en un trastorno crónico de la alimentación que cursa con disminución en la ingesta calórica, pérdida de peso, amenorrea y cambios de conducta. Su prevalencia en las adolescentes de países occidentales se estima en torno a 0,2-1% (1,2).

Junto a la amenorrea prolongada, la osteopenia u osteoporosis, conforman las complicaciones más frecuentes en estas pacientes (3,4) facilitando la aparición de múltiples fracturas, incluso en aquellas en las que la duración de la enfermedad es breve (5); sin embargo, aún se ignoran las causas que conducen a esta pérdida de masa ósea. Aunque existen algunos datos en la literatura acerca de la densidad mineral ósea trabecular en mujeres adultas con anorexia nerviosa (6,7), la ausencia de estudios prospectivos, impide conocer si la pérdida de la masa ósea es progresiva y permanente en estas enfermas.

Como quiera que la adolescencia constituye un período crítico en el metabolismo óseo y en la adquisión de masa ósea, resulta de especial importancia investigar los posibles elementos que puedan interferir con la adquisición de masa ósea en las pacientes afectas de anorexia nerviosa en esta edad de la vida. Entre las investigaciones efectuadas, el análisis del metabolismo fosfo-cálcico no ha proporcionado respuestas a nuestras preguntas (3). Aunque la deficiencia estrogénica (6) ha sido bien documentada, todavía se ignoran las necesidades de estrógenos requeridas por estas pacientes, al objeto de prevenir la disminución de la masa ósea o evitar que ésta progrese.

Los factores nutricionales desempeñan una función relevante en el proceso de mineralización ósea, aportando nutrientes esenciales para la realización de dicho proceso. Aunque la deficiencia en factores de crecimiento (8), en especial el factor de crecimiento semejante a la insulina tipo I (IGF-I), presumiblemente debida a la malnutrición, es un hecho en estas pacientes, así como la lenta recuperación en sus niveles plasmáticos cuando se inicia la ganancia ponderal, seguimos desconociendo si podrían beneficiarse de la administración de hormona de crecimiento biosintética o IGF-I recombinante.

Los datos existentes sobre los nuevos marcadores óseos de resorción y remodelado, aún requieren investigaciones más intensas para demostrar su eventual utilidad clínica (9). Aún en la actualidad, no podemos indicar la existencia de un único marcador óseo capaz de predecir mejor el pronóstico de la osteopenia u osteoporosis en estas pacientes.

La densidad mineral ósea (DMO)

De acuerdo con los criterios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (10) y con el empleo de estándares de normalidad para cada población (11), es esencial valorar la DMO en todas las pacientes afectas de anorexia nerviosa, no sólo en el momento del diagnóstico, sino también longitudinalmente en su evolución.

La obtención de un depósito óptimo de contenido mineral óseo del esqueleto durante la infancia, la adolescencia y la vida adulta, va a depender de la interacción de factores nutricionales, hormonales y de los diferentes estilos de vida. La masa ósea de un sujeto se incrementa con la edad, el peso y la talla. Se estima que durante los tres primeros años de vida se adquiere aproximadamente el 35% del contenido mineral óseo. Desde los cuatro años al inicio de la pubertad, un 20%, y durante la adolescencia, se adquiere aproximadamente el 45% del contenido mineral óseo (11).

Los datos existentes en la literatura internacional, indican que más del 50% de las pacientes con anorexia nerviosa en el momento del diagnóstico presentan osteopenia en el análisis de la DMO. En un reciente estudio efectuado por nuestro grupo en 38 pacientes, el 72% de ellas presentaban una DMO inferior a -2,5 DE al compararlas con la población normal de la misma edad y sexo, en la que se situaban entre -1 y -2,5 DE en el 28% de las pacientes (12).

Es presumible que el grado de osteopenia dependa de la edad de comienzo de la amenorrea y de su duración. Así, se ha demostrado que las pacientes con amenorrea primaria tienen una osteopenia más severa que las que presentan una amenorrea secundaria. En la actualidad, aún se ignora si la osteopenia puede ser reversible o no. En un estudio longitudinal efectuado por Rigotti et al (13), en 27 mujeres adultas con AN, observaron que la DMO cortical no se incrementaba significativamente después de un seguimiento de aproximadamente 25 meses; pese a que la mayoría de ellas recuperaron peso y algunas la menstruación de forma espontánea. Una observación prospectiva de 15 adolescentes con AN durante un período de 12-16 meses efectuada por Bachrach et al (5), demostró que la masa ósea se incrementó con la ganancia de peso pero, al final del estudio, la osteopenia persistía aún en más de la mitad de ellas. Más recientemente, Baker et al. demuestran que el incremento del peso no es suficiente para modificar la densidad mineral ósea disminuida de estas pacientes, incluso tras 51 meses de seguimiento (14), aunque otros autores consideran que la recuperación del peso es el mejor predictor de la densidad ósea lumbar en pacientes con AN (15).

En relación a la administración de estrógenos y gestágenos durante al menos un año en adolescentes con disminución de la masa ósea y amenorrea, nuestra experiencia (12), indica que no puede revertir la osteopenia. Por el contrario, en aquellas pacientes que son capaces de recuperar la menstruación espontáneamente, se observa un incremento de casi el 20% de su masa ósea en relación con la inicial en el momento del diagnóstico. El porqué los estrógenos y los gestágenos en los distintos estudios no incrementan la masa ósea en las adolescentes con AN y amenorrea se desconoce en el momento actual; una posibilidad es que la dosis de estrógenos eficaz en el tratamiento de las mujeres menopáusicas sea inadecuada en la población joven; otra, que las pacientes no cumplan correctamente el tratamiento especificado y, por último, lo que parece más probable, que la terapia con estrógenos no sea suficiente para corregir los múltiples factores implicados en la pérdida de la DMO. Por tanto, además del déficit de estrógenos, las variables nutricionales y hormonales estarían implicadas en la patogénesis de la pérdida de masa ósea.

En conclusión, la ganancia aislada de peso o la administración de estrógenos y gestágenos, al menos durante un año, son incapaces por si mismos de restablecer la normalidad de la densidad mineral ósea en las pacientes con AN, presumiblemente porque se requiere la interacción de múltiples factores para restablecer la afectación severa de la función de los osteoblastos.

Los marcadores óseos

Son escasos, y hasta contradictorios, los datos disponibles relativos a los marcadores que intervienen en el remodelado óseo en las pacientes con AN. No obstante, la incorporación de nuevos péptidos en los últimos años, ha mejorado de forma significativa la sensibilidad y especificidad en los estudios de formación ósea en diferentes anomalías óseas.

Por lo que hace referencia a los marcadores de formación ósea, la isoenzima ósea de la fosfatasa alcalina (FAo) y el propéptido aminoterminal del procolágeno I (PNIP), muestran la mejor sensibilidad diagnóstica para detectar anomalías en el remodelado óseo, al menos en mujeres osteoporóticas (16).

Entre los marcadores de resorción ósea, el telopéptido carboxiterminal de la cadena a1 del colágeno tipo 1 (CTX) ha demostrado una gran especificidad y sensibilidad en la investigación del metabolismo óseo (17).

Estudios de nuestro grupo han demostrado que los niveles séricos de la isoenzima de la fosfatasa alcalina ósea se correlacionan directamente con el grado de osteopenia, no existiendo correlación entre el grado de osteopenia y los niveles de PNIP (9). Es interesante el hecho de que no hemos encontrado diferencias entre los niveles séricos de FAo en las pacientes con AN en relación con las pacientes del grupo control; sin embargo, al analizar los datos individualizadamente, hemos apreciado la existencia de tres grupos diferentes con niveles séricos de FAo elevados, normales o disminuidos en las pacientes con AN. Las pacientes con los niveles séricos más bajos de FAo muestran el menor grado de osteopenia, de disminución del índice de masa corporal (IMC) y de a y ß-CTX, mientras que las pacientes en las que existe una mayor pérdida de masa ósea, presentan los niveles más elevados de FAo y de a y ß-CTX (18) (Figura 1). Estos resultados están en consonancia con los publicados por Maugars y Prost (19), quienes demostraron que las pérdidas de densidad mineral ósea en el cuello femoral y en la región lumbar en pacientes con AN no tratada, se correlacionaban positivamente con marcadores de formación ósea. 

Junto a ello, no hemos encontrado diferencias significativas entre el grupo control y las pacientes con AN en los niveles urinarios de a-CTX y ß-CTX, sugiriendo que estos marcadores no son capaces de detectar modificaciones en la resorción ósea en las pacientes con AN. No obstante, este hecho no es cierto cuando se subdividen a las pacientes en dos grupos : adolescentes jóvenes y mayores. En efecto, en el grupo control, los niveles de a-CTX disminuyen significativamente en las mujeres mayores en relación a las jóvenes, mientras que los niveles de ß-CTX no se modifican, sugiriendo que el porcentaje de formación de hueso nuevo en las mujeres mayores es menor que en las más jóvenes. Estos datos nos permiten concluir que el a-CTX es más sensible que el ß-CTX en la determinación de la resorción ósea en mujeres adolescentes (16-19 años). En las pacientes con AN, los niveles de a-CTX fueron significativamente menores que en el grupo control, presumiblemente debido al hecho de que las pacientes anoréxicas no son capaces de formar tanto hueso nuevo como las adolescentes control. Sin embargo, los niveles de a-CTX en las pacientes anoréxicas mayores son similares a los del grupo control, probablemente debido a que a esta edad, la formación de hueso nuevo es menor que en años previos. Por el contrario, no advertimos diferencias en los niveles de ß-CTX al comparar las pacientes anoréxicas con el grupo control, ni entre pacientes jóvenes y mayores, indicando que el porcentaje de resorción de hueso viejo es similar en los controles y en las pacientes con AN.

En conclusión, las pacientes con AN presentan un elevado grado de osteopenia que correlaciona con los niveles de la isoenzima de la fosfatasa alcalina ósea; los fragmentos urinarios CTX en pacientes con AN proceden fundamentalmente de hueso viejo (ß-CTX), mientras que en las adolescentes jóvenes proceden preferentemente de hueso nuevo (a-CTX), por lo que el marcador a-CTX es más adecuado para medir la resorción ósea en controles, mientras que el ß-CTX es más adecuado en pacientes anoréxicas.

Los niveles de paratohormona (PTH), osteocalcina y calcitonina en estas pacientes se hallan generalmente dentro de los límites de la normalidad. El gran déficit de calcio de estas pacientes (la pérdida de aporte exógeno por el déficit alimenticio produce una liberación del calcio óseo con el fin de mantener la homeostasis del fluido extracelular), y el déficit de aminoácidos, debido al estado de ayuno, harían muy difícil la restauración de la masa ósea (20).


El factor de crecimiento semejante a la insulina número I (IGF-I), sus proteínas de transporte (IGFBPs) y la subunidad ácido lábil (ALS)

Los IGFs y las IGFBPs desempeñan una función relevante en el remodelado óseo (21). En efecto, IGF-I actúa sobre los osteoblastos estimulando la síntesis de osteocalcina (22) y de colágeno (23).

Una disminución sifnificativa de los niveles plasmáticos de IGF-I ha sido demostrada por nosotros (8) y otros autores (24,25). Por el contrario, los niveles de IGF-II se sitúan dentro del rango de la normalidad, existiendo una correlación positiva entre la suma de los niveles plasmáticos de IGF-I e IGF-II en relación a los niveles de IGFBP-3, como ocurre también en pacientes normales (26). Dicha correlación mejora ostensiblemente a medida que las pacientes van incrementando su peso desde el momento del diagnóstico (Figura 2). Es interesante el hecho de que los niveles de IGF-I libre se encuentran dentro del rango de la normalidad en el momento del diagnóstico, incrementándose significativamente a medida que las pacientes aumentan su peso, lo que podría explicarse por la reducción significativa de los niveles plasmáticos de IGFBP-3. Dichos niveles de IGF-I libre indicarían que las pacientes con AN probablemente no son deficientes en la fracción biológicamente activa de IGF-I. Junto a ello, hemos demostrado que los niveles plasmáticos de ALS total están disminuidos en las pacientes con AN, incluso tras la recuperación ponderal del 10% del peso inicial (27). Resta por saber si la producción de factores de crecimiento locales y, específicamente ováricos, está alterada.

Los niveles de la proteína transportadora de los factores de crecimiento semejantes a la insulina número 4 (IGFBP-4), la IGFBP producida en mayores cantidades en el hueso, y número 5 (IGFBP-5), la IGFBP almacenada en mayor cantidad en el hueso, se encuentran significativamente disminuídos en estas pacientes respecto al grupo control, tanto al diagnóstico de la enfermedad como tras la recuperación de peso, datos que se correlacionan con los niveles disminuídos de la densidad mineral ósea que presentan estas pacientes incluso tras la recuperación de peso (28). Es interesante obervar la excelente correlación lineal que se establece entre los niveles plasmáticos de ambas proteínas y los de IGF-I e insulina (Figura 3), teniendo en consideración que los cuatro péptidos están significativamente disminuidos en pacientes con AN.

Todas estas anomalías podrían explicarse, al menos en parte, por el estado de malnutrición que muestran las pacientes con AN. Aunque la ganancia ponderal refleja una cierta mejoría en los marcadores periféricos del eje de la hormona de crecimiento, no se aprecia una normalización de los mismos, al menos tras una ganancia del 10% del peso respecto al momento del diagnóstico.

 

La leptina

La leptina es una hormona sintetizada por el tejido adiposo que desempeña una función relevante en la regulación de la ingesta y del gasto energético. Estudios recientes sugieren tambien una posible acción de esta hormona en la regulación de la función gonadal. No obstante, los mecanismos fisiopatológicos últimos que regulan las acciones de la leptina se desconocen. Recientemente hemos establecido los valores de normalidad en población española (29), demostrando la existencia de una correlación lineal entre los niveles de leptina en plama y el índice de masa corporal (Figura 4), así como una disminución significativa de los niveles séricos de leptina en las pacientes con AN en comparación con el grupo control.

En los sujetos con depósitos grasos escasos, son frecuentes los trastornos de la función reproductora y el hallazgo de niveles séricos disminuídos de esteroides sexuales. Un fenómeno similar de involución del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal se produce en las pacientes con anorexia nerviosa tras la pérdida de los depósitos grasos, como consecuencia de la restricción voluntaria de la ingesta de nutrientes. Se ha especulado en ambos casos que estos trastornos en la función gonadal podrían estar relacionados con la disminución de los niveles séricos de leptina que se producen como resultado de la pérdida de tejido adiposo. En contra de esta hipótesis está el hallazgo observado por nuestro grupo (29) de que las pacientes con AN, tanto al diagnóstico como tras una recuperación ponderal parcial, no muestran, al menos de forma simultánea, un incremento significativo de los niveles de leptina, ni tampoco de una recuperación de la función gonadal; si bien, es posible que para ello se requiera un tiempo más prolongado de recuperación ponderal, perdiéndose la correlación lineal con el índice de masa corporal. Estudios recientes sugieren que la masa grasa corporal supondría el factor de control más importante para la secreción de leptina en los trastornos de alimentación (30), existiendo una pérdida del ritmo circadiano en las pacientes con anorexia nerviosa (31). Un aspecto de gran interés consiste en que la leptina podría ser necesaria para la recuperación de la menstruación en las pacientes con anorexia nerviosa (32). No obstante, es preciso efectuar más investigaciones para definir su función.

 

Consideraciones finales

La anorexia nerviosa es una entidad nosológica grave en la que la amenorrea, ya primaria, ya secundaria, y la osteoporosis, son complicaciones importantes. Aunque se ignoran las causas que conducen a la pérdida de masa ósea en estas pacientes, es presumible que dependa del grado de malnutrición, del tiempo de la edad de comienzo de la amenorrea y de su duración. Si sabemos, por el contrario, que la severidad de la osteopenia en las pacientes con AN es mayor que la que se produce en mujeres que amenorrea hipotalámica (33). Desconocemos aún las dosis requeridas de estrógenos y gestágenos, así como el posible efecto beneficioso de la administración de hormona de crecimiento biosintética o de IGF-I recombinante, en la recuperación de la densidad mineral ósea. No existe un marcador óseo específico capaz de predecir mejor el grado de afectación de la masa ósea o de representar un factor pronóstico esencial en la recuperación de la misma; sin embargo, la mayor sensibilidad y especificidad de los ensayos empleados en el momento actual (isoenzima de la fosfatasa alcalina ósea, como indicador de formación ósea y los telopéptidos a-CTX y ß-CTX, como indicadores de resorción ósea), permiten ser optimistas en un futuro próximo. La determinación de los niveles séricos de leptina es de utilidad en la fase diagnóstica de la enfermedad. No obstante, no es un indicador pronóstico adecuado, debido a que pese a la recuperación ponderal, incluso del 10% del peso inicial, las pacientes anoréxicas muestran niveles plasmáticos muy disminuidos.

 

 

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