EL NIÑO TRASPLANTADO EN EL NUEVO SIGLO. 

FUTURO DE LOS TRASPLANTES EN PEDIATRIA.

 

J. Bueno.

Jefe de la Unidad de Trasplantes de Órganos Abdominales

 

Dirección:           Javier Bueno

Complejo Hospitalario Juan Canalejo

                        Servicio de Cirugía Infantil y Oficina de Coordinación de Trasplantes

                        As Xubias de Arriba nº 86

                        A Coruña 15006

                       E-mail: jbueno@canalejo.org

Index words: children, transplantation.

 


INTRODUCCION:

Desde la introducción de la ciclosporina hace 2 décadas, los trasplantes de órganos sólidos en la edad pediátrica han dejado de ser una quimera para pasar a ser un tratamiento con resultados bien contrastados.  El hecho de que el uso de los trasplantes se haya generalizado y actualmente sea el tratamiento de elección para pacientes con patologías irreversibles terminales de ciertos órganos esenciales para la vida, ha incrementado sus indicaciones y empleo.  También está indicado para mejorar la calidad de vida, allí donde los beneficios obtenidos con los trasplantes sobrepasen ampliamente  los riesgos de la intervención y los efectos de las drogas inmunosupresoras. 

El manejo clínico inicial de estos niños es complejo, y aún existen múltiples problemas  pendientes de una solución más óptima.  No obstante, la mayoría de los receptores de estos injertos, tienen una evolución satisfactoria, y van a poder realizar, con ciertos matices, una vida prácticamente normal.  Su seguimiento clínico empieza a ser una rutina habitual en la práctica médica, no siendo infrecuente que sea realizado por los pediatras de atención primaria, en colaboración con los especialistas del centro donde se realizó el trasplante.  En este capítulo se intenta realizar un análisis descriptivo del estado actual de los trasplantes en la edad pediátrica y de los puntos de mayor interés en el campo de la investigación en trasplante.

Estado actual del trasplante pediátrico: Los receptores pediátricos de órganos con mayores supervivencias se recogen en la tabla I, algunos de ellos con supervivencias superiores a los 30 años. En la tabla II se expone la actividad en transplante pediátrico por órganos realizados en España durante 1998, y su porcentaje con respecto a los trasplantes globales..  El órgano más frecuentemente transplantado fue el riñón seguido del trasplante hepático.  La tabla III muestra las supervivencias del paciente e injerto a 1 y 5 años en el trasplante de corazón, pulmón, riñón, hígado e intestino.  Estas supervivencias difieren poco de las de adultos.  Los principales factores que impactan negativamente en la supervivencia son la severidad de la enfermedad, si el paciente está en la unidad de cuidados intensivos en el momento del trasplante, los receptores menores de 2 años de edad y los pacientes que precisan retrasplante, entre otros.  En el trasplante renal es también importante la existencia de anticuerpos preformados que favorecen el rechazo hiperagudo.

Inmunosupresión: Se han descrito receptores de injertos hepáticos a los que se les ha retirado la inmunosupresión por diferentes motivos y no han desarrollado rechazo. Aunque es posible alcanzar un estado de tolerancia o de “no inmunosupresión”, la regla es que estos pacientes van a necesitar de por vida fármacos inmunosupresores para evitar el rechazo.  Existen diferentes protocolos de inmunosupresión dependiendo del tipo de trasplante.  No obstante, todos los regímenes utilizan como principal droga inmunosupresora tacrolimus o ciclosporina, inicialmente asociado a esteroides, y en ocasiones a una droga de tercera línea como es la azatriopina o el mofetil micofenolato.  Los niños requieren dosis de tacrolimus o ciclosporina muy superiores a las de adultos por tener un metabolismo acelerado.   En algunos tipos de trasplantes, se realiza inducción inmunosupresora con anticuerpos monoclonales (OKT3) o policlonales (ATGAM).  Recientemente se han introducido otros fármacos como la rapamicina y bloqueantes del receptor de la interleuquina 2.

Se deben alcanzar unos niveles terapéuticos adecuados de tacrolimus o ciclosporina en sangre para evitar el rechazo.  Los niveles deben monitorizarse periódicamente para: 1) evitar niveles muy elevados que desencadenan estados de sobre-inmunosupresión que favorecen el desarrollo de infecciones oportunistas y aumentan los efectos adversos de los fármacos; 2) evitar niveles bajos que favorecen el desarrollo de la respuesta inmune.  La incidencia de rechazo es mayor en los primeros meses postrasplante donde se requieren niveles más altos de inmunosupresión y después disminuye con el transcurrir del tiempo.  Si el paciente evoluciona favorablemente y sin signos de rechazo, la dosis de los fármacos puede llegar a disminuirse incluso hasta niveles no detectables en sangre.  Tanto la ciclosporina como el tacrolimus tienen múltiples interacciones con otros fármacos de uso frecuente, que incrementan o disminuyen sus niveles por interferencia en el lugar donde se metabolizan, en el citocromo P450 hepático.   Los incrementan la eritromicina, fluconazol, itraconazol, ketaconazol, verapamil, diltiazem, y cimetidina.  Los disminuyen fenitoína, fenobarbital, carbamazepina y rifampicina, entre otros.

La necesidad de administrar fármacos inmunosupresores de por vida, con sus graves efectos adversos (tabla IV) que pueden comprometer la vida del paciente, ha obligado a la búsqueda de nuevos inmunosupresores con menores efectos deletéreos.  Estos inmunosupresores deben ser de alta especificidad y afinidad, y con un campo de acción más selectivo que los actuales y además que puedan inducir tolerancia a antígenos específicos del donante en el huésped.  Actualmente se está investigando con anticuerpos monoclonales humanizados contra determinadas citoquinas.  El objetivo ideal es encontrar la llave del mecanismo inmunológico que conlleva a ese estado de tolerancia, en el cual el huésped reconocería como suyo al injerto donante sin la necesidad de inmunosupresión. También, para alcanzar ese estado, se están realizando ensayos clínicos con infusión de médula ósea del donante, aunque con resultados poco concluyentes.

Rechazo: Cuando el sistema inmunitario del receptor reconoce al injerto como extraño se produce el fenómeno del rechazo agudo, mediado por linfocitos T, que son las células blanco contra las que actúan los principales inmunosupresores.  El tratamiento del rechazo agudo se realiza incrementando los niveles de las principales drogas inmunosupresoras y con bolos de esteroides. Si es un rechazo esteroideo-resistente se utiliza OKT3. El mecanismo etiopatogénico del rechazo crónico no ha sido bien dilucidado, y se piensa que podría ser debido además de a la inmunidad celular, a la inmunidad humoral.  El rechazo crónico es de mal pronóstico y se trata con un aumento de la inmunosupresión y con la conversión a tacrolimus, si el paciente estaba previamente con ciclosporina.  Parece existir una menor incidencia de rechazo crónico con tacrolimus que con ciclosporina. 

En el trasplante cardiaco no existen parámetros bioquímicos marcadores de rechazo, y su diagnóstico es difícil.  Generalmente, cuando produce síntomas, el rechazo es de moderado a severo. La fiebre es un signo inespecífico de rechazo y pueden producirse arritmias y síntomas de insuficiencia cardíaca. El diagnóstico se realiza con ecocardiografía y se confirma con biopsia.  El rechazo crónico se manifiesta como una arteriopatía obstructiva de los vasos coronarios.  Al ser el corazón transplantado un órgano denervado, esa arteriopatía no va a dar síntomas y para su diagnóstico es necesario la realización de una angiografía. También puede manifestarse como síncope o muerte súbita.  El tratamiento del rechazo crónico es el retrasplante.

En el trasplante renal, los síntomas de rechazo son fiebre, malestar, dolor  e inflamación del injerto, edema de miembros y oliguria. Desde el punto de vista analítico, produce aumento de la urea y creatinina en sangre.  Su diagnóstico se realiza con biopsia renal percutánea.

En el trasplante hepático, la sintomatología del rechazo incluye fiebre, hepatomegalia, con incremento de las pruebas de función hepática.  La ictericia es signo de rechazo evolucionado, confirmándose el diagnóstico con biopsia percutánea. El rechazo crónico se caracteriza por disminución o ausencia de los ductos biliares a nivel histológico, y si es muy severo su tratamiento es el retrasplante.

En el trasplante pulmonar la clínica del rechazo es inespecífica, con fiebre, tos, fatiga, dificultad  respiratoria y empeoramiento de la oxigenación.  La radiografía de tórax está alterada en el primer mes postrasplante en el 75% de los pacientes y por tanto es de poco valor para el diagnóstico de rechazo, siendo la broncoscopia con biopsia transbronquial el procedimiento de elección.  El rechazo crónico produce bronquiolitis obliterante, y es la mayor causa de morbi-mortalidad tras los 3 meses de postoperatorio,  con una incidencia que varia entre 15 y 30%.

Complicaciones infecciosas: Causa importante de morbi-mortalidad por tener alterada la respuesta inmune.  Se pueden clasificar en infecciones precoces (primer mes), intermedias (1-6 meses) y tardías (> 6 meses).   Más del 90% de las infecciones que ocurren en el primer mes postrasplante son bacterianas o micóticas y debidas a problemas técnicos de la intervención quirúrgica en si, a la extensa instrumentación y monitorización invasiva (tubo endotraqueal, sondas urinarias, vías centrales, drenajes etc.)  En el período intermedio, se suelen manifestar las infecciones que han sido transmitidas por el donante.  Ocurren con mayor frecuencia en pacientes con serología negativa para determinados virus, y que han recibido órganos de pacientes con serología positiva.  Aunque raras, también se pueden manifestar las infecciones por pneumocistis carinii y la tuberculosis.  Después de los 6 meses, la incidencia de infecciones decae y pueden producirse infecciones de la comunidad, más severas que en la población normal, infecciones micóticas (aspergilosis), y víricas (enfermedad linfoproliferativa) entre otras.

Citomegalovirus (CMV).  Es la enfermedad viral más frecuente en pacientes trasplantados, y su incidencia supera el 50%.  Puede ocurrir como primoinfección, más virulenta, si los pacientes con serología negativa pre-trasplante reciben órganos de donantes con serología positiva, o reinfección si se produce reactivación del virus que estaba en una situación de latencia.  También se transmite por transfusiones.  El CMV puede producir un cuadro de sintomatología viral inespecífica, aunque tiene una especial predilección por el órgano transplantado.  Se puede manifestar desde hepatitis, neumonitis, gastroenteritis, corioretinitis e incluso encefalitis a enfermedad sistémica agresiva.  No es infrecuente la leucopenia y/o trombocitopenia.  Un método para su diagnóstico precoz es la detección en sangre periférica y mediante inmunofluorescencia del antígeno CMV-pp65.  La seroconversión está alterada por el estado de inmunosupresión.  En ocasiones, el diagnóstico se realiza por biopsia, con la visualización de las inclusiones citomegalovíricas.  Este virus tiene especial apetencia por el endotelio, y en receptores de injertos cardíacos, facilita la ateroesclerosis precoz.  Su tratamiento es con ganciclovir y globulina hiperinmune.

Infecciones por Epstein Barr y Enfermedad linfoproliferativa: El crecimiento de linfocitos infectados por el virus de Epstein- Barr en pacientes inmunodeprimidos, puede producir desde infecciones tipo mononucleosis, hasta verdaderos linfomas.  Su incidencia es mayor en niños que en adultos y varía según el tipo de trasplante, protocolo de inmunosupresión empleado y diferentes series. Puede alcanzar incidencias entre el 9% y 14% para trasplante renal, cardíaco y hepático, y de hasta un 20% para  trasplante intestinal.  Los principales factores de riesgo para su desarrollo son: serología negativa previa al trasplante, niveles altos de inmunosupresión, y la utilización de OKT3.  Un importante avance para su diagnóstico ha sido el desarrollo de la técnica de PCR semicuantitativa para Epstein Barr, que permite la detección y el tratamiento precoz de la infección. Al igual que con el CMV, la seroconversión está alterada con la inmunosupresión, y ocurre tardíamente. Se debe sospechar en pacientes con hemorragia digestiva, pues produce úlceras crateriformes a cualquier nivel del tracto digestivo, siendo precisa la endoscopia o colonoscopia para su diagnóstico.  Es mandatorio realizar TAC de tórax y abdomen para observar el grado de diseminación de la enfermedad.  Se trata con disminución o suspensión de la inmunosupresión para permitir la recuperación de los linfocitos T, principal mecanismo de defensa, y el tratamiento con antivíricos, aunque a veces es necesario quimioterapia.  También, y dentro de los últimos avances para su tratamiento, se han usado anticuerpos contra la citoquina CD20, así como el cultivo de linfocitos T del receptor y su posterior infusión en el paciente.

Varicela zoster:  Cuando se produce contacto con otro paciente que desarrolla la enfermedad, debe realizarse aislamiento y observación, y es prioritaria la administración de gammaglobulina contra el virus en el transcurso de las 72 horas siguientes al contacto, pues modifica la enfermedad favorablemente en el 75% de las ocasiones.  En niños pequeños suele producir varicela y en ocasiones puede ser severa produciendo encefalitis, neumonitis, fallo hepático y coagulación intravascular diseminada.  En niños mayores suele producir herpes zóster localizado en los dermatomas.  Si el paciente desarrolla la infección, se requiere tratamiento con aciclovir intravenoso y disminución de la inmunosupresión.  La vacuna esta contraindicada, por ser de virus vivos. Los candidatos para trasplante deben recibir la vacuna si el trasplante no es de urgencia extrema. También debe vacunarse a los familiares (hermanos).

Virus adquiridos de la Comunidad: Los niños se exponen con frecuencia a enfermedades respiratorias producidas por influenza, parainfluenza, virus sincitial respiratorio y adenovirus.  Estas infecciones  no son  importantes si se adquieren una vez transcurrido un tiempo prudencial después del trasplante, pero si son precoces son una causa importante de morbi-mortalidad.  Existe una incidencia más alta que en la población normal de neumonía y sobreinfección bacteriana. 

Neumonía por pneumocistis carinii: Es infrecuente, pero muy grave. Para su prevención, el paciente debe recibir profilaxis con trimetropin sulfametoxazol de por vida, aunque algunos centros la suspenden a los 6 meses. Otras alternativas para su prevención incluyen pentamidina en aerosol una vez al mes, o dapsona.

Vacunaciones:  Las vacunas de bacterias y virus vivos están contraindicadas por sus efectos adversos.  Las vacunas inactivadas y los preparados de inmunoglobulinas no suponen ningún riesgo y por tanto pueden utilizarse. El uso de inmunización pasiva (inmunoglobulinas) debería basarse en pruebas serológicas de susceptibilidad y exposición a la enfermedad.  Los niños mayores de 1 año y candidatos a trasplante, deben poseer títulos serológicos de anticuerpos contra el sarampión, parotiditis, rubéola y varicela si han sido vacunados con anterioridad.  Los niños deben recibir la vacuna triple vírica y/o contra la varicela y su administración debe ser como mínimo un mes antes del trasplante.  Después del trasplante, los niños no deben recibir inmunización o vacuna alguna durante al menos 3 meses, período en el que la inmunosupresión es mayor.  Los títulos de anticuerpos séricos, incluyendo varicela, deben determinarse en todos los pacientes un año ó más después del trasplante.  Está indicada la vacunación anual contra la gripe.

Nutrición: Por ser niños con enfermedades crónicas terminales no son infrecuentes la desnutrición, anorexia, malabsorción secundaria e hipermetabolismo, y pueden tener alterados  los patrones de consumo de alimentos. La desnutrición es una causa importante de morbi-mortalidad post-trasplante, debido a una mayor tasa de infecciones y necesidad de asistencia ventilatoria mecánica prolongada, siendo necesaria en ocasiones la administración de nutrición enteral y/o parenteral previa al trasplante.  Una vez realizado, la mayoría de los pacientes toleran una dieta normal.  Sin embargo, y fundamentalmente en niños pequeños, son necesarios complementos enterales durante un cierto periodo para restablecer un crecimiento y desarrollo normales.  Algunos fármacos alteran el gusto de los alimentos, y en pacientes sometidos a alimentación enteral/parenteral y con alimentación oral limitada, pueden mostrar disfunción bucomotora.  En ocasiones la dieta es restringida debido a alteraciones hidroelectrolítica, hiperglucemia, hiperpotasemia, hipertensión o se deben dar suplementos de magnesio y/o vitamínicos debido a los efectos adversos de los inmunosupresores.

Crecimiento: El objetivo del trasplante es adquirir una calidad de vida óptima con una restitución del crecimiento y desarrollo normales.  El crecimiento líneal produce bienestar emocional y una reintegración más rápida a las actividades normales de la infancia.  Aunque se ha observado mejorías del crecimiento tras  trasplante hepático y de corazón, con normalización de las curvas entre los 6 y 24 meses después del trasplante, un significativo porcentaje de pacientes mantiene un crecimiento en el límite bajo.  En trasplante renal existe un retraso pondero-estatural en un 75% de los pacientes.  Uno de los beneficios que posee el tacrolimus con respecto a la ciclosporina es el destete precoz de los esteroides, generalmente a los tres meses del trasplante, lo cual  favorece el crecimiento.  Se ha observado que el tratamiento del rechazo tardío con esteroides también impacta negativamente en el crecimiento.  La utilización de la hormona del crecimiento puede ser beneficiosa en estos casos, aunque se ha observado que incrementa la incidencia del rechazo.

Ejercicio: Tan pronto como se trasplantan y se empieza a superar los efectos de la enfermedad crónica y la malnutrición, los niños se vuelven más activos y enérgicos.  En ocasiones los niños pequeños pueden precisar rehabilitación.  Se deben evitar deportes de competición, fundamentalmente en pacientes receptores de trasplante renal y hepático durante al menos 6 meses. Los esteroides favorecen la osteoporosis y existe una predisposición general a presentar fracturas.

Escolarización: Existe una tendencia por parte de los padres, a demorar la incorporación del niño al colegio.  Tras 2 a 3 meses del trasplante, los niños pueden volver a la escuela aunque la incorporación debe realizarse de forma paulatina hasta que los pacientes toleren un día completo.  Es importante que el profesor esté informado de las necesidades de medicación que requiere el paciente durante el horario escolar.  Las medicaciones, en lo posible,  deberán planificarse para que se ajusten al horario extra-escolar, y el paciente no tenga que interrumpir su actividad en el colegio.  Si se produce contacto con niños que padecen varicela u otro tipo de infecciones, es necesario consultar con el equipo que realiza su manejo clínico.

Integración psico-social: Los estudios de la función cognoscitiva y emocional en los niños que han recibido un trasplante son muy limitados.  Estos niños  han sufrido largas estancias hospitalarias, absentismo escolar, y ausencia de interacción social.  Estos factores añadidos a la hiperprotección familiar y a sus dificultades físicas van a impactar negativamente en la integración social post-trasplante.  La mayoría de estos niños presentan cierto grado de retraso en el desarrollo psicomotor pre-trasplante y este es mayor a menor edad.  Una vez realizado el trasplante, este desarrollo va a mejorar hasta alcanzar los niveles de la escala correspondiente a su edad.  Parece que los receptores de trasplantes poseen una mayor incidencia de depresión, ansiedad y peor autoimagen.  En receptores de trasplante cardíaco se han observado problemas de conducta que se relacionan con una autoimagen inadecuada, un aumento de la ansiedad y dificultad para comentar sus sentimientos.  También, se ha observado una mayor incidencia de enuresis en niños con trasplante hepático.

Adaptación familiar: La necesidad de administrar una cantidad ingente de medicamentos diferentes, con horarios distintos, y con efectos secundarios importantes, puede ser una causa de gran estrés familiar en la fase inicial postrasplante.  Es preciso hacer comprender a la familia del niño la necesidad de realizar adecuadamente el tratamiento, al mismo tiempo que se les informa que con el tiempo, se irán reduciendo el número de estos medicamentos.  Una forma de mejorar la aceptación y disminuir la ansiedad familiar, es realizar una posología en horario y excipientes fáciles de cumplir, y que altere lo menos posible  la rutina doméstica familiar.

Adolescentes: Merecen un apartado especial.  Se produce un distanciamiento emocional con los progenitores y adoptan una actitud de rebeldía.  Es una etapa donde se adquiere la identidad y se lucha por la independencia. En consecuencia muchos de estos adolescentes simulan o dejan de tomar las medicaciones inmunosupresoras, con lo cual sobreviene inevitablemente el rechazo agudo y de manera más solapada el rechazo crónico, causas importantes de morbi-mortalidad, alcanzándose mortalidades del 30% en receptores cardiacos, un 13% de pérdida del injerto en receptores renales, y un 14 % en los receptores hepáticos.  Ante un ingreso en pacientes de esta edad por rechazo meses o años después del trasplante se ha de pensar en la posibilidad de que no estén realizando adecuadamente el tratamiento.  Parte del tratamiento debe ser dirigido al apoyo psicológico, aunque no son infrecuentes las reincidencias y muerte del paciente.  El rápido destete de los esteroides que produce acné y por tanto una peor imagen estética, y el facilitar la dosificación (menores pastillas) puede servir de ayuda.  También pueden tener deformada su imagen corporal debido a las cicatrices e hiperplasia gingival, fundamentalmente en aquellos pacientes con ciclosporina.

En la adolescencia aumenta la influencia de los amigos y además se incrementa la actividad social, que con frecuencia se asocia al inicio de prácticas no saludables como son la ingestión de alcohol y otro tipo de drogas.  También se inicia la actividad sexual en muchas ocasiones sin protección.  En este aspecto, existe un aumento del riesgo de padecer enfermedades de transmisión sexual.  Es necesario hacer hincapié en la práctica del sexo seguro y se deben realizar exámenes ginecológicos periódicos en las mujeres. 

Embarazo:  El embarazo es posible, y se considera de alto riesgo en estos pacientes, precisando de supervisión médica por alta incidencia de hipertensión (50%), diabetes gestacional (2-5%), preeclampsia, prematuridad (35%) y bajo peso al nacer. También se recomienda que el embarazo no sea antes de los 6 meses y si es posible después de los 2 años.  Se han descrito sobre 2000 embarazos en los últimos 30 años en pacientes con trasplante renal.  En un reciente estudio de embarazos en pacientes con trasplante hepático y tacrolimus hubo una incidencia baja de hipertensión y alta de partos prematuros, sin embargo el crecimiento para la edad gestacional era normal, así como el crecimiento post-parto..

Cuidado dental y oftalmológico: La higiene bucal sistemática es esencial en el paciente trasplantado.  La familia deberá realizarlo en los niños de menor edad, y educar y prevenir los problemas bucales en los niños mayores.  Se deben realizar exámenes dentales cada 6 meses.  La prevención de candidiasis oral y esofágica se realiza con nistatina, y se administrará mientras dure el tratamiento con esteroides.  Se realizará profilaxis en las cirugías bucales. La hiperplasia gingival, efecto adverso muy frecuente de la ciclosporina puede ser dosis dependiente, y algunos pacientes necesitan gingivectomia o aparatos bucales de ortodoncia.  También se realizarán exámenes oftalmológicos periódicamente.  El tratamiento con  esteroides  favorece la formación de glaucoma y cataratas.

Animales: Los beneficios físicos y psicológicos de la convivencia con animales han sido ampliamente descritas en la literatura. Los animales deberán estar limpios y con controles veterinarios y vacunaciones al día.  Asimismo deberá conocerse su procedencia. Antes y después de estar en contacto con ellos y antes de las comidas deberán lavarse las manos.  Debe evitarse el contacto con los fluídos corporales,  y en el caso de los gatos, se tendrá un cuidado especial pues existe el riesgo de transmisión de  toxoplasmosis.

Incremento en la donación de órganos: España es el país con mayor donación de órganos por millón de habitantes del mundo. con un total de 1250 donaciones de las cuales solo 63 (5%) fueron donantes infantiles.  La aceptación del trasplante como un tratamiento efectivo y el subsecuente incremento en las indicaciones han producido claramente un aumento de la demanda de órganos estableciendo un desequilibrio con la oferta  que prolonga la estancia media en las listas de espera para la obtención de un órgano (gráfico I).  En consecuencia, el fallecimiento en espera de un injerto no es infrecuente, aunque se ha conseguido amortiguar en parte aumentando la oferta de donaciones con la utilización de donantes en asistolia y sobre todo en trasplante infantil con técnicas quirúrgicas de donante vivo y utilización de órganos reducidos o divididos para los trasplantes de riñón, pulmón e hígado (gráfico II).  En el campo experimental, se intentan buscar fuentes alternativas de órganos humanos con el xenotrasplante, cuyos avances están siendo espectaculares pero que aún distan de estar cerca de su aplicación en la clínica humana.  La posible transmisión de enfermedades de animales a humanos así como el rechazo hiperagudo son actualmente los principales obstáculos para su éxito.  Mención especial merece los avances en esta área,  con el estudio y consecución de animales a los que se les ha modificado su material genético (animales transgénicos) para evitar la expresión de ciertos antígenos desencadenantes del rechazo hiperagudo.

Futuro y nuevas perspectivas:  Además de las áreas de trabajo en el campo de nuevos inmunosupresores más selectivos, el fenómeno de tolerancia y el xenotrasplante, otros nuevos avances en el área de los trasplantes lo constituyen la infusión de células, la utilización de artilugios que puedan suplir determinados órganos como el corazón (VAD-ventricular assist device) o hígado y sirvan de puente temporal al trasplante.

Se han realizado ensayos clínicos con infusión a través de la vena porta de hepatocitos humanos cultivados u obtenidos de hígados no trasplantados en pacientes con determinadas metabolopatías (ej: defectos en el ciclo de la urea, Crigler Najjar) y en pacientes con fallo hepático como puente al trasplante.  Se produce una disminución en el nivel del amonio sérico y mejoría en la perfusión cerebral tras su infusión.  También se ha utilizado con cierto éxito, la infusión de islotes de Langerhans a través de la vena porta en pacientes con Diabetes Mellitus tipo I, a veces asociados a trasplante hepático o renal.  Algunos de los pacientes no requirieron más la administración de insulina.

También se están realizando ensayos clínicos con el hígado bioartificial extracorpóreo en pacientes con fallo hepático agudo, disfunción primaria del injerto o descompensaciones de su fallo hepático crónico.  Estos artefactos tienen una función similar a la hemodiálisis.  Se realizan con cultivos de hepatocitos porcinos o humanos que son depositados en cartuchos y éstos a su vez son separados por una membrana de un compartimento por donde circula el plasma, eliminando las sustancias que debería metabolizar el hígado.  Se ha observado descenso de transaminasas, bilirrubina y amonio, aunque sin cambios en la coagulación.  El VAD es un dispositivo mecánico que puede complementar un corazón insuficiente para proporcionar un gasto cardiaco adecuado en espera de trasplante.

Sumario: El número de trasplantes pediátricos ha crecido enormemente en los últimos 20 años.  Un mejor conocimiento de la inmunología que causa el daño del injerto, y un mejor manejo clínico, unido a la disponibilidad de nuevos métodos de diagnóstico precoz de las complicaciones, ha hecho del trasplante un tratamiento con resultados más que óptimos.  Sin embargo, el disbalance entre la oferta y la demanda de órganos ha hecho necesario abrir nuevos campos en la obtención de órganos: donante vivo y xenotrasplante, aunque con ciertas controversias. Si se consigue avanzar y alcanzar un estado de tolerancia o no inmunosupresión, es posible que en el futuro estos pacientes se trasplanten como si de una cirugía convencional se tratase y puedan ser controlados en centros de atención primaria.  Otra área importante de investigación es el desarrollo de técnicas de soporte bioartificial que permitan mantener al paciente vivo el tiempo suficiente hasta poder realizar el trasplante.

 

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Tabla I: Receptores pediátricos de órganos con mayores supervivencias

  Año del Tx Edad de Tx Supervivencia       Año de seguimiento

Riñón de donante vivo     1963                 14                    34 años, 7 meses            1997

Riñon de cadáver 1966                 14                    31 años, 5 meses            1997

Hígado                         1970                 3                      27 años, 11 meses            1997

Corazón                       1977                 14                    20 años, 11 meses            1997

Pulmón                        1991                 10                    6 años, 6 meses                        1997

Intestino                       1989                 -                       10 años                         1999

Hígado-intestino            1991                 3.2                   9 años,10 meses            2000

 

Tx: Trasplante

 

 


Tabla II: Trasplantes realizados en España en 1998

                                                Nª trasplantes                    Trasplantes pediátricos (%)

Trasplante hepático                        899                              47 (5%)

Trasplante renal                            1955                             67 (3.3%)

Trasplante cardiaco                        349                              14 (4%)

Trasplante pulmonar                      128                              13 (10%)

 

(ONT: Datos de Actividad de donación y trasplante pediátrico en España. Rev Esp Traspl 1999; 8(2):157)

 


Tabla III:  Supervivencias paciente/injerto a 1 y 5 años

                                                            1 año                                        5 años

                                                Paciente            Injerto              Paciente            Injerto

Corazón*                                  76.1                 74.5                 62.4                 59.2

Riñón*                                     96.9                 84.7                 93.4                 65.1

Hígado*                                   80.9                 68.4                 76.1                 59.2

Pulmón **                                74.4                 75.1                 41.6                 44.6

Intestino***                              72%                 66%                 55%                 48%

 

* Datos de supervivencia en niños de United Network for Organ Sharing: Scientific Registry (7 de abril de 1998); ** Datos de supervivencia en  niños y adultos de United Network for Organ Sharing: Scientific Registry (16 de abril de 2000); *** Datos de la serie pediátrica de trasplante intestinal de la Universidad de Pittsburgh (J Reyes, J. Bueno, S. Kocoshis et al.  Current status of intestinal transplantation in children. J Pediatr Surg 1998, 33:3315-3319.)

 

 


Tabla IV

                                                Ciclosporina                             Tacrolimus                 

Nefrotóxicidad                                     ++                                ++

Neurotoxicidad                                    +                                  ++

Hipertensión arterial                            +++                              +

Diabetes                                               +                                  +

Hiperpotasemia                                    ++                                +++

Hipomagnesemia                                  +                                  +

Hipercolesterolemia                              ++                                +

Hiperuricemia                                       +                                  +

Hirsutismo                                            ++                                -

Alopecia                                               +                                  ++

Hiperplasia gingival                                ++                                -

Anemia                                                  +                                  ++                               

Trastornos gastrointestinales                   -/+                                -/+                                                       

 

(+) indica la severidad e incidencia del efecto deletéreo.

    

 

 

 

 

 


 LEYENDAS

Tabla I: Receptores pediátricos de órganos, con mayores supervivencias, edad y año de la realización del trasplante, así como último año de seguimiento.

Tabla II. Trasplantes de los diferentes órganos realizados en España en 1998, y proporción de trasplantes de trasplantes pediátricos.

Tabla III. Supervivencias de Kaplan-Meier para paciente e injerto a 1 y 5 años según los diferentes órganos trasplantados.

Tabla IV. Efectos adversos de ciclosporina, tacrolimus y mofetil micofenolato.

 

Gráfico I. Evolución de los donantes cadavéricos y donantes vivos en Estados Unidos en el periodo 1989 -1998.

Gráfico II. Evolución de los donantes cadavéricos, pacientes transplantados y pacientes en listas de espera en Estados Unidos en el periodo 1989 -1998.

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