L.PEÑA QUINTANA,JC RAMOS VARELA,*H.ARMAS RAMOS.
UNIDAD DE GASTROENTEROLOGÍA Y NUTRICIÓN PEDIÁTRICA.
*HUC TENERIFE,
HOSPITAL UNIVERSITARIO MATERNO-INFANTIL LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
La colestasis se define como un trastorno en la formación-excreción de
la bilis que provoca retención de sus componentes en hígado y sangre. La
colestasis en el niño casi siempre denota una alteración hepática, que puede
ser secundaria a múltiples procesos (Tabla I). Sin embargo, la Atresia de Vías
Biliares Extrahepática (AVBEH), el déficit de Alfa 1 Antitripsina, el Síndrome
de Alagille y la Colestasis intrahepática familiar progresiva (PFIC)
son las causas mas frecuentes en nuestro medio. Nos referiremos
principalmente a las dos últimas entidades así como a los trastornos primarios
de la síntesis de ácidos biliares, en donde más progresos recientes han
existido, sobre todo en el campo de la genética.
El
neonato y particularmente el prematuro tiene mayor predisposición a la
colestasis, ya que en esta etapa de la vida los ácidos biliares tienen menor síntesis,
menor captación, menor excreción y menor resorción ileal.
El
cuadro clínico se manifiesta con ictericia en mayor o menor grado, coluria y
heces despigmentadas. Evolutivamente (a partir del 4º-5º mes) y dependiendo de
la patología de base, puede aparecer prurito en ocasiones muy severo.
Evaluación
La piedra angular, sobre todo en el período neonatal, es la evaluación
de la permeabilidad de la vía biliar extrahepática para diferenciar entre una
colestasis extra o intrahepática y, por tanto, en un tratamiento médico o quirúrgico.
La ecografía abdominal se puede realizar en la mayoría de los centros. La práctica
de la gammagrafía con derivados del ácido iminodiacético nos supone de gran
ayuda; de esta forma, la excreción al intestino nos descarta la AVBEH, aunque
su no excreción no la confirma. Una muestra histológica de hígado en manos de
un patólogo experto es de una importancia capital. En las PFIC es aconsejable
la microscopía electrónica para diferenciar las distintas variedades.
En otras situaciones el diagnóstico no es fácil y se requiere o técnicas
de Colangiografía Endoscópica Retrógrada (ERCP) si se tiene acceso o
colangiografía mediante laparotomía. En la figura 1 se expone un algoritmo
diagnóstico(1) y en la tabla 2 la evaluación stándard.
El Síndrome de Alagille (Displasia arterio-hepática o paucidad de vías
biliares intrahepática sindrómica) es una enfermedad genética de carácter
autosómico dominante con expresión variable, estimándose en 1/100.00
nacimientos (1), aunque probablemente está subestimada su presentación al ser
diagnosticada en muchas ocasiones solamente los casos más severos. Con relativa
frecuencia entre los padres del niño afecto se pueden encontrar manifestaciones
leves del Síndrome de Alagille, que no han presentado sintomatología que
requiriera atención médica. Es la causa mas frecuente de colestasis
intrahepática familiar.
Genética: La enfermedad se hereda con carácter autosómico
dominante, con penetrancia completa pero con una alta variable expresión. El
locus responsable se encuentra en el brazo corto del cromosoma 20, observándose
en algunos pacientes una delección intersticial en esta área. Se estima entre
un 15 –50% de nuevas mutaciones. Más recientemente, dos grupos independientes
de investigadores (3,4) han descubierto una serie de mutaciones en el gen humano
Jagged 1 como defecto
básico del Síndrome de Alagille. El JAG1 es el homólogo humano
del gen Jagged1 de las ratas, que codifica un ligando de Notch 1, que es
uno de los 4 miembros de una familia de proteínas transmembranarias con factor
de crecimiento epidérmico (EGF)-like. La expresión de Notch 1 y su ligando se
relaciona con muchos de los órganos potencialmente afectados en el Síndrome de
Alagille (corazón, riñón, hígado fetal). Las mutaciones conllevan proteínas
inactivas, no pudiéndose compensar con la expresión del gen residual. Estos
descubrimientos abren las puertas para el conocimiento de la función del gen
JAG1 en el crecimiento y desarrollo de los ductos biliares, pudiendo ser
relevante en niños que no presentan enfermedad hepática aparente, así como en
la relación fenotipo-genotipo.
Clínica: La
entidad se caracteriza por una serie de manifestaciones consideradas como mayores:
1.- Paucidad (mas de la mitad de espacios porta sin ductus biliares) o
ausencia de ductos biliares intrahepáticos en la biopsia hepática que se
manifiesta como colestasis crónica. 2.-Facies peculiar
(hipertelorismo, frente abombada, mentón prominente, ojos hundidos, nariz en
silla o recta). 3.-Anomalías vertebrales (vértebras en
mariposa). 4.-Embriotoxon ocular posterior. 5.-Cardiopatía
congénita (principalmente estenosis arterial pulmonar periférica).
Pueden existir otras anomalías, consideradas como menores:
Xantomas secundarios a hipercolesterolemia. Malnutrición. Infecciones
pulmonares recurrentes. Insuficiencia pancreática e hipotiroidismo. Anomalías
vasculares (Enfermedad de Moya
Moya, alteraciones de los radicales venosos portales intrahepáticos, anomalías
vasculares cerebrales con riesgo de hemorragia intracraneal). Anomalías
neurológicas (neuropatía periférica secundaria a déficit de Vitamina E).
Hipogonadismo y pubertad retrasada. Retardo mental. Voz atiplada-ronca.
Alteraciones renales (nefrolitiasis, defectos en la concentración, hipoplasia,
duplicidad, quistes).
Diagnóstico: El
diagnóstico se basará en la presencia de al menos 3 criterios mayores (Forma
incompleta) o de 4 (Forma
completa) (5). La facies típica puede no ser evidente en los primeros meses
de vida y la colestasis se manifiesta en el 45% de los casos en los primeros 3
meses de vida, mientras que en el 75% restante se presentará entre los 4 meses
y los 3 años de edad (5); típicamente la colestasis suele ser periódica con
episodios intercurrentes de remisión. Evolutivamente (a partir del sexto mes)
el 85% presentará prurito, que suele ser persistente.
En los primeros meses de vida puede no ser evidente la escasez ductular biliar y
mostrar lesiones de colestasis intrafamiliar o hepatitis neonatal. Sería
aconsejable realizar estudios para descartar posibles malformaciones vasculares
cerebrales y advertir a la familia la posibilidad de poder presentarse
evolutivamente una hemorragia cerebral.
Evolución:
En las primeras series publicadas
por Alagille (6) se sugería un relativo buen pronóstico con un 85% de
supervivencia , refrendado por otras series como la de Deprettere (7) con un 75%
de supervivencia aunque con más morbilidad entre los supervivientes. Sin
embargo, en estas series se incluían los familiares de los afectos también con
la enfermedad, que es conocido presentan formas menos severas de la enfermedad o
incompletas y por tanto con mejor pronóstico. Así, se han descrito en
supervivientes en la edad adulta, complicaciones como hepatocarcinoma,
insuficiencia pancreática, insuficiencia hepatocelular y renal, hipotiroidismo
y retraso mental (8). Otros autores como Hoffenberg (9), estudiando a los
pacientes con la enfermedad en los cuales las manifestaciones comenzaron en la
infancia y donde no se incluyen familiares, solo encuentra un 50% de
supervivencia a la larga en pacientes que no recibieron trasplante hepático,
indicando un peor pronóstico que en las series anteriores.
En
nuestra serie de 6 pacientes 1 falleció por hemorragia cerebral, 3 han
requerido trasplante hepático con buena evolución y 2 se mantienen estables.
Los hallazgos fueron: hipoplasia ductular con colestasis crónica (100%), facies
peculiar (100%), retraso del crecimiento (100%), estenosis periférica de la
arteria pulmonar (100%), vértebras en mariposa (66 %), embriotoxon posterior
(33%), xantomas (33%).
COLESTASIS
INTRAHEPÁTICA FAMILIAR PROGRESIVA
La
Colestasis intrahepática familiar progresiva (PFIC o Enfermedad de Byler,
OMIM 211600) abarca un grupo heterogéneo de enfermedades con clínica
similar; pero con mecanismos patológicos diferentes, de origen genético heredándose
de forma autosómica recesiva.
Fue
descrita por primera vez en la Comunidad Amish, en los descendientes directos
de Jacob Byler y Nancy Kauffman (10), por lo que fue denominada como Enfermedad
de Byler. Sin embargo, esta entidad también se ha descrito en otros
grupos étnicos, en los cuales se denomina como Síndrome de Byler.
Para simplificar la nomenclatura y debido a su heterogeneidad el término mas
apropiado es el de PFIC, ya que
englobaría todas las variedades. Generalmente las PFIC asociadas con bajos
niveles de GGT cursan con peor pronóstico (11).
La
clínica, bioquímica y datos histológicos diferencian al menos 3 subcategorías.
En dos subtipos (PFIC 1, PFIC 2) las cifras de GGT son normales, mientras que en
otro subtipo (PFIC 3) las cifras de GGT están elevadas. La diferenciación
entre ellos, requiere evaluación del tejido hepático por microscopía óptica
y electrónica, así como técnicas de genética molecular y estudio de los ácidos
biliares. La nomenclatura de los Síndromes genéticos colestáticos se exponen
en la tabla 3 (2).
PFIC
1: La
enfermedad se presenta en los primeros meses de vida con colestasis recurrente
y/o progresiva, prurito intenso (a partir del 4%-6% mes de edad), hepatomegalia,
malabsorción con déficits vitamínicos (osteopenia, raquitismo, diátesis
hemorrágica, neuropatía periférica), afectación severa de la talla y
malnutrición. El cuadro se puede asociar a diarreas intercurrentes
inexplicables (no suelen responder al trasplante hepático), elevación de los
electrolitos en sudor, insuficiencia pancreática y colelitiasis (12).
Característicamente
los niveles de GGT son normales, con niveles normales o bajos de Colesterol.
La
biopsia hepática en los estadíos iniciales demuestra colestasis
intracanalicular, con evolución progresiva a fibrosis. Puede encontrase
paucidad ductular. La microscopía electrónica la diferencia de otros subtipos
en el hallazgo de un característico aspecto granular biliar en la luz distendida
de los canalículos biliares (“bilis de Byler”) (13). La evolución es fatal en la primera década o primeros años
de la segunda década de la vida, si no se realiza trasplante hepático, el cual
cura la enfermedad hepática.
Genética:
Estudios genéticos han demostrado el locus para este subtipo en la región
19-cM
de 18q21-q22 (14). Recientemente un adenosín trifosfato tipo-P (ATPasa),
referido como FIC1, ha sido identificado y estar mutado en estos
pacientes (15) La función exacta del gen FIC1 es desconocida en la actualidad.
Los pacientes con Enfermedad o Síndrome de Byler que presentan defectos en este
gen se consideran como FIC1. Es de interés el conocer que este gen se expresa
en hígado, intestino y páncreas, pudiendo ser una enfermedad sistémica, que
explicaría las alteraciones (diarrea, insuficiencia pancreática) que persisten
aún realizado el trasplante hepático. Este locus es el mismo que el de la
colestasis recurrente intrahepática benigna (BRIC, OMIM 243300) (16), sugiriéndose
que las dos enfermedades están causadas por mutaciones en el mismo gen, con
distinta expresividad clínica. La BRIC consiste en episodios recurrentes de
colestasis con ictericia y prurito, con períodos de normalidad intercurrentes y
sin daño hepático progresivo, lo que la diferencia de las PFIC; en esta
entidad las cifras de GGT también se encuentran bajas o normales durante los
episodios colestáticos.
Los
pacientes presentan ácidos biliares séricos elevados con bajos niveles en
bilis, lo que sugiere defecto en la secreción o transporte canalicular de los
ácidos biliares. La concentración de ácido quenodeoxicólico en la bilis es
baja comparada con la bilis normal (17). La
severidad de la enfermedad hepática sugiere una acumulación intracelular de ácidos
biliares (18).
PFIC
2 :
Las características clínicas son similares a PFIC1, aunque no se suele
asociar insuficiencia pancreática o diarrea. En esta entidad las cifras de GGT
también se encuentran bajas.
La
composición biliar es similar a PFIC1 con bajos niveles de ácido quenodeoxicólico.
En
la biopsia hepática, a diferencia de PFIC1, se puede apreciar inflamación
similar a hepatitis neonatal con células gigantes, proliferación ductular y
fibrosis. En la microscopía electrónica la apariencia de la bilis no presenta
el aspecto de la “bilis de Byler”, sino se manifiesta en forma amorfa o
filamentosa. La progresión de la lesión hepática parece ser más rápida que
en PFIC1.
Genética:
El
gen responsable ha sido localizado en el cromosoma 2q24
(19), habiéndose descrito varias mutaciones (20). Este gen codifica un
transportador canalicular biliar conocido como SPGP, considerado como la
bomba exportadora de sales biliares (BSEP). Se ha observado ausencia de
la proteína SPGP en pacientes con PFIC 2 (21).
PFIC
3: Este subtipo se
caracteriza por unas cifras altas de GGT con proliferación
ductular e infiltrados inflamatorios en las áreas portales. En estos pacientes
la ictericia puede ser menos llamativa que el prurito.
Genética:
Una serie de mutaciones en el gen Resitencia-Multidroga 3 (mdr2 en
ratas) es el defecto básico de la entidad. El gen MDR3 ha sido mapeado en 7q21.
Estudios en ratas normales han revelado que la función de la proteína mdr2 es
una fosfatidilcolina flipasa ATP-dependiente, que interviene en la excreción de
fosfolípidos desde el hígado a la bilis. En estos pacientes los niveles de
fosfolípidos biliares están extremadamente bajos, con ausencia de la proteína
MDR3 (22). En ratas las alteraciones pueden ser debidas a efecto tóxico de los
ácidos biliares sobre el epitelio biliar en ausencia de fosfolípidos biliares.
Al ser los ácidos biliares humanos más hidrofóbicos que el de los roedores,
es de suponer una enfermedad hepática más severa en la especie humana, que se
manifiesta desde la infancia.
TRATAMIENTO
Como en todos los cuadros
colestáticos se ha ensayado tratamiento con fenobarbital, rifampicina,
colestiramina o colestipol, ácido ursodeoxicólico, fototerapia con radiación
ultravioleta 3-10 minutos/día (prurito), carbamacepina, plasmaféresis, y antihistamínicos, entre otros.
Es
de capital importancia el soporte nutricional con fórmulas adecuadas, así como
la suplementación mineral y vitamínica con especial importancia en las
liposolubles.
Se ha ensayado, asimismo, la derivación biliar quirúrgica en
PFIC (23,24) como terapia primaria y precoz en pacientes sin cirrosis, con
buenos resultados.
La
mayoría de los pacientes con PFIC requerirán evolutivamente trasplante hepático
dada la progresión de la lesión hepática. En el Síndrome de
Alagille debe reservarse para los pacientes con fallo hepático, retraso severo
del crecimiento o prurito severo que no responde a tratamiento médico.
ALTERACIONES
PRIMARIAS DE LA SÍNTESIS DE ÁCIDOS BILIARES
Recientemente
se han descrito una serie de errores innatos en la síntesis de ácidos
biliares, de origen genético con carácter autosómico recesivo, que se
manifiestan como colestasis. Se ha sugerido que estos trastornos pueden suponer
el 2% - 5% de las enfermedades colestáticas idiopáticas de la infancia (25).
Deficiencia
de 3 ¢-hidroxi-C27-esteroide
deshidrogenasa / isomerasa
La enzima 3 ¢-hidroxi-C27-esteroide
deshidrogenasa / isomerasa (3¢-HSD)
es la segunda enzima en la síntesis de ácidos biliares.
Su
déficit se manifiesta con ictericia colestática (a veces de inicio en los
primeros días de vida o posteriomente asemejándose a PFIC),
hepatoesplenomegalia, heces grasientas y sin prurito (25).
El
mecanismo de la lesión hepática es desconocido en la actualidad, presuponiéndose
toxicidad hepática por los metabolitos anómalos.
En
la bioquímica se observan niveles normales de GGT, niveles séricos bajos de
colesterol , vitamina E y ácidos biliares.
El
diagnóstico se establece al detectar en orina por cromatografía especial,
metabolitos específicos (ácidos biliares C24 con estructura 3 ¢-hidroxi-esteroide)
secundarios al bloqueo enzimático.
En
los pacientes tratados con ácido quenodeoxicólico o ursodeoxicólico se logra
la excreción biliar y, por tanto, la reversión de la enfermedad evitándose la
cirrosis y descompensación hepática.
Deficiencia
de @4-3-oxosteroide
5 ¢-reductasa
La
@4-3-oxosteroide
5¢-reductasa
es una enzima citosólica que interviene en los primeros estadíos de conversión
de colesterol en los ácidos biliares cólico y quenodeoxicólico.
Los
niños afectos pueden presentar colestasis severa y coagulopatía o sugerir
hemocromatosis perinatal (1). Los ácidos biliares séricos se encuentran
elevados.
Los
metabolitos anómalos producidos por el déficit enzimático pueden ser hepatotóxicos.
El tratamiento con ácido ursodeoxicólico y cólico es muy beneficioso
en los pacientes sin sobrecarga de hierro.
Se
han descrito otros trastornos en las enzimas C 27-hidroxilasa y
24,25- Dihidroxi- colanoico. En la primera se aprecia
xantomatosis cerebrotendinosa sin enfermedad hepática, mientras que en la
segunda se ha constatado lesiones hepáticas compatible con hepatitis neonatal a
células gigantes, colesterol sérico elevado, niveles de GGT normales y ácidos
biliares séricos bajos, beneficiándose tras tratamiento con ácido quenodeoxicólico
y cólico (1).
En
todos estos trastornos es de suma importancia el diagnóstico precoz,
ya que generalmente la terapia precoz previene la lesión hepática.
Las
diferencias entre los distintos subtipos se expresan en la tabla 4 (1).
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EXTRAHEPÁTICAS
|
INTRAHEPÁTICAS
|
INTRAHEPÁTICAS
|
AVBEH |
Fibrosis hepática congénita |
Fructosemia |
Quiste de colédoco |
Enfermedad
de Caroli |
E.
Wolman |
|
Síndrome
de bilis espesa |
Síndrome
de Alagille |
E.
Niemann-Pick |
|
Anomalías
unión colédoco-pancreática |
Escasez
ductular no sindrómica |
E.
Gaucher |
|
Perforación
espontánea vías biliares |
Síndrome
de hepatitis neonatal |
Glucogenosis
III/IV |
|
Obstrucciones
intrínsecas-extrínsecas |
Hepatitis
viral |
Déficit
alfa 1 antitripsina |
|
Colangitis
esclerosante neonatal |
Hepatitis
bacteriana |
FQP |
|
|
Otras
hepatitis |
Hipotiroidismo |
|
|
PFIC |
Hipopituitarismo |
|
|
Sd
Zellweger |
Sd
de Down |
|
|
Sd
Aagenaes |
Trisomía
E |
|
|
BRIC |
Nutrición
Parenteral |
|
|
Tirosinemia |
Sepsis |
|
|
Galactosemia |
Alteraciones
primarias de la síntesis de ácidos biliares |
SANGRE |
SANGRE
|
ORINA
|
|
Hemograma |
Función
tiroidea |
Aminoácidos |
|
Ferritina
/ TIBC |
Cortisol |
Äcidos
orgánicos |
|
AST
/ ALT / GGT / LDH / 5’nucleotidasa |
Nivel-genotipo
alfa
1 antitripsina |
Substancias
reductoras |
|
BbT
/ Bb D / F. Alcalinas |
Nivel
galactosa 1 fosfato uridiltransferasa |
Succinilacetona |
|
Act.
Protrombina / Colinesterasa |
Electrolitos
en sudor |
Metabolitos
ácidos biliares |
|
Proteinograma |
Cariotipo |
Cultivos |
|
Inmunoglobulinas |
Serología
virus hepatitis |
|
|
Äcidos
biliares totales |
Serología
TORCH / LUES |
|
|
Colesterol
/ TGD |
Cultivos |
|
|
Aminoácidos |
Alfa-fetoproteína |
|
|
|
|
|
|
Proteína
defectiva gen |
Función |
Lugar de expresión |
Nomenclatura |
FIC 1 |
Desconocida |
Difusa |
Enfermedad
de Byler |
|
|
|
|
Síndrome de Byler |
|
|
|
|
PFIC 1 |
|
|
|
|
BRIC |
SPGP |
Transporte
ácidos biliares ATP-dependiente |
Canalículos
hepáticos |
PFIC 2 |
MDR 3 |
Fosfolípido flipasa |
Canalículos
hepáticos |
PFIC
3 |
|
JAG
1 |
Determinación
celular |
Difusa |
Sd.
Alagille |
|
3-¢hidroxi-C27-esteroide
deshidrogenasa / isomerasa |
Metabolismo
ácidos
biliares |
Hígado |
Deficiencia
3¢-hidroxi-C27-esteroide
deshidrogenasa/ isomerasa |
|
|
|
|
|
Tabla
3. Síndromes
colestáticos genéticos: Base genética y nomenclatura (2)
Enzima |
Localización celular |
Características |
Tratamiento |
|
3
¢-hidroxi- C27-
esteroide deshidrogenasa / isomerasa |
Retículo
endoplásmico |
Hepatitis
neonatal severa; GGT
normal; ácidos
biliares séricos bajos; no
prurito |
UDCA; CDCA; Ácido
cólico+CDCA+UDCA |
|
@4
-3-oxosteroide 5
¢-reductasa |
Citoplasma |
Colestasis
severa; coagulopatía; ácidos
biliares séricos elevados |
UDCA+
ácido cólico |
|
24,25-dihidroxi-colanoico |
Retículo
endoplásmico |
Hepatitis
severa a células gigantes; GGT
normal; colesterol
elevado; ácidos biliares séricos bajos |
CDCA+ácido cólico |
C27-hidroxilasa |
Mitocondria |
Xantomatosis
Cerebrotendinosa: no enfermedad hepática |
___ |
UDCA= ácido ursodeoxicólico; CDCA= ácido quenodeoxicólico
Tabla 4. Alteraciones primarias de la síntesis de ácidos biliares(1)