FORMACIÓN
ESPECIALIZADA EN PEDIATRÍA
GENERAL.
Manuel
CRESPO
Catedrático
de Pediatría de la Universidad de Oviedo.
I.- SISTEMA DE FORMACIÓN DE
MÉDICO ESPECIALISTA
El
sistema de formación de un médico especialista tiene por objeto facilitar la
adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes que le capaciten para
prestar con eficacia la asistencia a pacientes de su especialidad, tanto en el
medio hospitalario como fuera de él, para realizar funciones de prevención y
de educación sanitaria y para asumir su autoformación continuada. En
el sistema español se resalta que
la formación teórica se basará en el “autoestudio” tutorizado, mediante
el cual el médico en formación alcanzará el nivel de conocimientos necesarios
para la toma de decisiones (1). La Guía
de Formación de Especialistas recoge las siguientes
actitudes: Como médico
ha de aprender a anteponer
el bienestar físico, mental y social del niño a cualquier otra consideración,
y ser sensible a los principios éticos y legales del ejercicio profesional. Como
clínico ha de saber cuidar la relación con el niño y su medio familiar,
así como la asistencia integrada y completa del enfermo. Como
técnico ha de mantener una actitud crítica para valorar la eficacia y el
coste de los procedimientos que utiliza, y demostrar su interés por el autoaprendizaje y por el perfeccionamiento profesional
continuado. Como científico
aprenderá a tomar las decisiones sobre
la base de criterios objetivos y de validez demostrada y, finalmente, como
componente de un equipo asistencial se
ejercitará en mostrar una actitud de colaboración con los demás profesionales
de la salud.
Comprende
evaluaciones anuales segun se recoge en O.M.
del Ministerio de la Presidencia de 22 de junio de 1.995 por la que se regulan
las Comisiones de Docencia y los sistemas de evaluación de la formación de Médicos
y de Farmacéuticos Especialistas.
La Comisión de Docencia es un órgano colegiado de la máxima importancia en la
calidad de los programas formativos de especialistas y está presidida por el
Jefe de Estudios que ha de ser un médico especialista del propio hospital con
" acreditada experiencia clínica, docente e investigadora". En cada
Centro, y para cada especialidad, se designará uno o más
tutores a propuesta del Jefe de la Unidad Asistencial. El tutor
propone los planes individuales de formación, supervisa la realización
de los programas y realiza la evaluación continuada de los MIR. En el marco de
la situación económica, cultural
y política la Unión Europea se
han ido dictando una serie de
normas recogidas en diversas
Directivas que han impuesto cambios sucesivos en la legislación española.
La
formación que permite la obtención de un
diploma, certificado u otro título de médico especialista responderá,
por lo menos, a las condiciones siguientes: a) Con el cumplimiento y validación,
previos, de seis años de estudios
en el marco del ciclo de formación de médico que, en síntesis, supone la
formación médica total en, por lo menos, los años indicados a 5.500 horas de
enseñanza teórica y práctica, impartidas en una Universidad o bajo el control
de una Universidad. b) Recibiendo enseñanza teórica y práctica. c)
Desarrollando una formación a tiempo completo y bajo el control de las
autoridades u organismos competentes. d) Llevando a cabo la formación en un
centro universitario, en un centro hospitalario y universitario o, en su caso,
en un establecimiento sanitario autorizado a tal fin por las autoridades
u organismos competentes. e) Realizando la formación en puestos específicos
reconocidos por las autoridades competentes. f) Participando personalmente, como
médico candidato a especialista, en la totalidad de las actividades médicas de
los servicios, incluidas las guardias y en las responsabilidades de los servicios de
que se trate. g) Dedicando a ésta formación práctica y teórica toda su
actividad profesional durante toda la semana de trabajo y durante todo el año.
h) Recibiendo una retribución adecuada. La duración mínima de la formación
en Pediatría no será inferior a
cuatro años.
II.- LA FORMACIÓN DE ESPECIALISTAS EN EL ÁMBITO DE
LA PEDIATRÍA ASISTENCIAL, HOY.
En
el momento presente tanto la formación del pediatra como la labor asistencial
hospitalaria tiene un llamativo desafío: hacer
frente a la coexistencia de la
pediatría general con la subespecialización pediátrica. Es evidente la
necesidad de la subespecialización, reservada para hospitales terciarios o de
referencia, con simultaneidad con la Pediatría general; aquella impulsa la
investigación y mejora la aplicación de los modernos conocimientos y técnicas,
pero corre el riesgo de una tendencia centrífuga, excesiva independencia,
desarrollar " propias unidades", con disminución del nivel de
cuidados al niño y de peor calidad de la enseñanza de la Pediatría (2 ).
De
otro lado, es preciso considerar los llamados" horizontes
profesionales para los nuevos pediatras"(3): Número creciente de los
mismos, buena preparación, con necesidad de adaptación a la ampliación de la
edad pediátrica, progresiva especialización con el reto del trabajo
multidisciplinario, de la conservación del difícil pero necesario equilibrio
entre " generalistas" y " especialistas", con las
perspectivas de conseguir mejores científicos y verdaderos expertos, con peor
experiencia desde el contacto continuado con el niño sano y enfermo (Tabla I).
En otras palabras, surge la necesidad de adaptarse a la evolución de la pediatría
y a sus tendencias en el paso desde una Pediatría eminentemente asistencial y
clínica, empírica a una Pediatría científica en clínica, docencia e
investigación, con el riesgo de que la especialización extrema conduzca a
deshumanización y agreda los fundamentos de la Pediatría.
El
perfil del pediatra de nuestros días puede encuadrarse en alguno de los cuatro
síndromes siguientes: "Síndrome del
pediatra fatigado" (por la excesiva carga asistencial en determinados
sectores); "síndrome del pediatra
insatisfecho" (SUMPER Y FRIEDMAN: frente al subespecialista se
encuentra con escasos recursos y peor prestigio social); "síndrome del pediatra inquieto" (ROYER: por la
influencia que la crisis demográfica tenga en su profesión) o "
síndrome de Ulises" ( por un especialismo mal entendido) ( Tabla II).
Los programas y sistemas formativos han de tender a conseguir
el pediatra "verdadero", aquel que atiende la totalidad del
organismo, proyecta las posibles anomalías, sobre su futuro biológico, psicológico
y social, y aspira a conseguir un adulto bien adaptado a su medio ( 3 ).
III.-TENDENCIAS,
EXPECTATIVAS Y REALIDADES DE LA ESPECIALIZACIÓN PEDIÁTRICA. Factores que
influyen en su orientación.
Hay una serie de factores que
modulan las tendencias de la
medicina del siglo XXI (4) y, por lo tanto, también de la Pediatría:
1. - El
concepto de salud en la sociedad actual.-. El término “ bienestar”
de la definición de la OMS implica la
integración de salud, confort y felicidad, todo ello alcanzado y
protegido de riesgos en el ámbito del denominado “ Estado de
bienestar”.
2. -La
socialización de la asistencia sanitaria: se concibe
la salud como un bien social.
3. - La crisis
del Estado del bienestar y la escasez de recursos para la asistencia sanitaria. La
socialización de la asistencia sanitaria se ha convertido en un problema económico
prioritario (mayor demanda sanitaria, avances tecnológicos atractivos para los
usuarios y los propios médicos, emergencia de nuevas patologías, especialmente
infecciosas, aumento de estilos de vida nocivos y el abuso de substancias
adictivas).
4. - Transformación
de la estructura social y demográfica: acceso masivo de la mujer al trabajo
remunerado, transformación o quiebra de las relaciones jerárquicas en la
familia, en la docencia y en la
administración. Mortalidad y natalidad muy bajas, población en vías de
envejecimiento y una incipiente inmigración originaria de países pobres.
5. - El Sistema
Nacional de Salud en España. La asistencia médica ampliada al de
asistencia sanitaria, comprende
no solo Medicina curativa,
sino también prevención de enfermedades, educación
sanitaria y promoción de la salud.
La práctica de la Medicina pasó al “hospitalocentrismo” y, en la última década,
a la potenciación de la extrahospitalaria. El médico se ha alejado del modelo “generalista” para ser
“especialista”, a causa de la complicación tecnológica de los procesos
diagnósticos y de los métodos terapéuticos. La enseñanza de la Medicina
completó el esquema de formación pregraduada de médicos generales, con otro
basado en la postgraduada de
especialistas (Sistema MIR).
6. - De la
Medicina curativa a la Medicina Preventiva, con mayores beneficios mediante
la interacción de la práctica de Medicina curativa con la preventiva (“
Medicina clínica preventiva”).
7. - La
transformación de la relación médico-enfermo. Los avances tecnológicos
han contribuido a aislar al médico, rodeado de excesivo “ ruido informático
y tecnológico”, del paciente como persona. (“deshumanización de la
medicina"). La medicina clínica
es en gran parte una actividad interpretativa que trata de ajustar las
abstracciones científicas a los casos individuales; por ello, la relación médico-enfermo
sigue siendo clave en la actividad médica. La asistencia médica se ha
transformado en las últimas décadas de forma extraordinaria. Otras
estructuras, como las docentes, no han evolucionado al mismo ritmo, por lo que
se crean desfases y desequilibrios entre los contenidos actuales del ejercicio
profesional del médico y la formación que recibe en la Universidad ( 5 ).
Los principios generales de la formación pueden
resumirse en los siguientes (4,5): 1. - Tiene que existir una adecuación del número
y características de las profesiones sanitarias a las necesidades de la
sociedad. 2. - Hay una formación
“universitaria” de las profesiones sanitarias - más allá de la simple
formación profesional, que exige definición de contenidos y ha de ser
adquirida fundamentalmente en el paso por la Universidad. 3. - La formación actualmente
es una “formación en servicio”, tanto en la etapa pregraduada como en la
postgraduada. 4. - Tras la licenciatura, el médico, siguiendo las
recomendaciones del Comité Consultivo para la formación de los médicos de la
Unión Europea (1.994), debe iniciar su
fase de especialización con el siguiente perfil: a) Capacidad de resolver
problemas clínicos y de tomar decisiones. b)Amplio conjunto de conocimientos y
de habilidades que le permita seguir cualquier programa de formación
postgraduada. c) Haber sido educado científicamente no tan sólo en cuanto a
conocimientos, sino muy especialmente en lo que se refiere
a principios de la metodología de investigación. d) Disponer de las
actitudes correctas de un médico: dedicación, responsabilidad, pensamiento crítico,
conciencia ética, capacidad de comunicación con el paciente, entendida esta
relación como un “pacto de confianza” y también con la sociedad,
conciencia de gasto, e integración en el sistema sanitario.
Establecida la formación especializada con un
sistema y programa bien estructurado que sigue las recomendaciones de la Unión
Europea, uno de los mayores peligros actuales es caer en la rutina y el
consiguiente deterioro. El nuevo residente se va a percatar del profundo
“desencuentro” entre la formación pregraduada y la especializada no
corregido a pesar de los nuevos planes de estudios; también, de la deficiente
programación de la metodología de la investigación clínica y de la
“influencia” de la llamada “asistencia gestionada” que implica
predominio creciente de la asistencia de corta estancia y de la
extrahospitalaria, con organización centrada en el paciente y trabajo
multidisciplinario.
El conocimiento adquirido en la Universidad se
caracteriza por su naturaleza teórica. Los conocimientos académicos consisten
en “ saber el qué”; el conocimiento profesional - que se fundamenta en el
conocimiento teórico - lo excede con creces. La formación o educación de un médico es hoy un proceso
extraordinariamente complejo que consta de tres fases: la formación
pregraduada, la postgraduada o
especializada y la continuada. Los rasgos generales en la formación de los
médicos europeos, en general, van a ser: 1. - Tendencia a la especialización.
2. - Exigencia de contención y racionalización del gasto. 3. - Desplazamiento
de la práctica clínica desde el hospital a la comunidad. 4. - Desarrollo científico
y tecnológico. 5. - Desarrollo de aspectos psicológicos y “ la
responsabilidad social” de la enfermedad. Para
estos escenarios de la
asistencia sanitaria han de preparase los profesionales de la Pediatría.
En
la formación de nuevos modelos de profesionales para la asistencia sanitaria se
observa una llamativa asincronía con los cambios asistenciales. La formación de los médicos se
encuadra en tres etapas: formación pregraduada, separada por el título de
Licenciado en Medicina de la postgraduada,
que culmina con la obtención del título
de especialista y la continuada (Tabla III). Para la
formación pregraduada el objetivo, hoy, no es el ejercicio inmediato de la
profesión, sino el de alcanzar conocimientos,
habilidades y actitudes apropiadas para poder iniciar y culminar con éxito la
formación médica especializada. Para la formación
postgraduada o especializada, convertir el recién graduado en Medicina en
un especialista. El sistema español, proceso formativo bien estructurado,
positivamente valorado y homologado en la Unión Europea, tiene un llamativo
“desencuentro” entre la formación pregraduada y la formación especializada
con repercusiones negativas para ambas. La formación” en servicio” es mucho
más que la “ formación práctica” y está estrechamente ligada a la
atmósfera docente de la institución.
El modelo departamental impuesto por la legislación
española, cuando se aplicó indiscriminadamente por las Universidades y las
Facultades de Medicina a los
Departamentos universitarios, como desarrollo de la LRU 11/ 1.983, los define
como “ órganos básicos encargados de
organizar y desarrollar investigación y enseñanzas propias de su área de
conocimiento”. La falta de correspondencia
entre la normativa de los Departamentos y la formación postgraduada de
los médicos es grave, y los convierte en inoperantes. Si nos atenemos a la
normativa general universitaria (LRU) los denominados estudios de
postgrado en Medicina comprenden tan sólo el tercer ciclo o doctorado, y
deja sin considerar la formación de especialistas y la formación continuada.
Hay que añadir la inadecuación de contenidos entre
los programas de doctorado y los de la especialización. El
aprendizaje de la metodología de la investigación debe estar incluido en los
objetivos de la formación médica especializada, así como el desarrollo de un
proyecto de investigación. Los Departamentos Universitarios han de revisar
las actividades que normalmente les corresponden en el tercer ciclo del
doctorado entre otras cosas, haciendo más realista la formación de
investigadores y de profesores, ofreciendo programas en la metodología de la
investigación, conjuntos o complementarios, para la formación postgraduada de
especialistas.
Una
especialidad se define como un área, con su contenido teórico y práctico,
desgajada históricamente de un tronco común,
área en la que se incluyen conocimientos, habilidades y actitudes, que progresivamente se
han considerado como especiales. Más adelante llamaremos la atención sobre
el carácter especial de la Pediatría, con rasgos y condicionamientos intrínsecos
que se alejan de los que configuran el resto de las especialidades médicas.
El
proceso que tiende a la especialización, está dando lugar al progresivo
desarrollo, dentro de las especialidades ya reconocidas, de áreas de capacitación específica o subespecialidades, en la
terminología de la mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea. El
previsto reconocimiento de áreas de capacitación específica o
subespecialidades plateará problemas de competencia entre especialidades y
entre las propias áreas de capacitación específica. Inquietud bien recogida
en la pregunta que se hace BALLABRIGA (6): Quo
vadis, Pediatría?. La tendencia a la
subespecialización dentro de las especialidades reconocidas debe ser atemperada
en el mejor interés de una visión integrada de la asistencia de los pacientes,
mediante diseño, dentro de cada especialidad, de una fase de formación
troncal, base común de conocimientos, habilidades y actitudes, que
permitan al médico una aproximación lo más completa posible, en primera
instancia a la patología del enfermo.
Los diseños de los nuevos modelos educativos de cara
al siglo XXI han de tener en cuenta: mayor énfasis sobre la prevención,
tendencia hacia la especialización, exigencia de una actividad médica
eficiente como necesidad de contener el gasto sanitario,
desplazamiento de la práctica
clínica al ámbito extrahospitalario con progresiva potenciación de la
asistencia primaria, necesidad de asumir críticamente el rápido desarrollo
científico y tecnológico, creciente conciencia de la responsabilidad social, y
capacitación para llevar a cabo eficaces programas y efectivos de educación en
salud (4 ).
IV.-FORMACIÓN
DE ESPECIALISTAS EN PEDIATRÍA
EN PAÍSES
DESARROLLADOS, CON
ESPECIAL REFERENCIA AL SISTEMA MIR.
En
el sistema y en los contenidos de la formación del especialista en Pediatría
se han ido imponiendo cambios y adaptaciones
similares a los de otros países desarrollados( 7, 8, 9). Los contenidos
de los programas formativos han prestado interés por los problemas prioritarios
de la Pediatría: desde los de la alta tasa de mortalidad infantil a la biología
y patología molecular. Han destacado siempre el afán por la vertiente
preventiva; se adaptaron a los avances científicos y técnicos ( desarrollo de
las áreas específicas o subespecialidades pediátricas); se adelantaron en el
planteamiento de situaciones de gran prevalencia y transcendencia comunitaria (
Pediatría Social); consiguió recientemente la ampliación de la edad de
asistencia pediátrica hasta los 14 años y ha luchado por la defensa de los
derechos del niño sano y enfermo. Y la pediatría ha incorporado el concepto de
que como ciencia es una "manera y
modo especial de aplicar la Medicina integral
a la época de la vida que se inicia con la fecundación y que concluye con el
fin de la adolescencia". El programa vigente (1.996) comprende dos
grandes áreas de desarrollo simultáneo:
A) Area Clínica; y B) Area de
Salud Infantil. Señala unos "objetivos generales " bastante
coherentes con los expuestos en los programas europeos. E incluye
los aspectos más importantes de la
Pediatría asistencial, preventiva y curativa (10).
Las
bases fundamentales del programa de formación de especialistas en Pediatría
son estudio y práctica tutelada
con responsabilidad progresiva. Tiende tanto a formar la "personalidad pediátrica"
del médico postgraduado, como a sus conocimientos, habilidades y actitudes
profesionales. Existe un consenso generalizado en apoyar el concepto de
troncalidad de la Pediatría destinado a la mejor formación del Pediatra
generalista. La subespecialización precoz es negativa, al amputar la completa
concepción del niño y sus modos de enfermar. La formación en áreas específicas
ha de ser una adquisición de saberes posterior a la especialización en Pediatría.
En general, en los programas tradicionales aparece una carga excesiva en la
formación clínica hospitalaria, con notorio desequilibrio con las necesidades
reales de la práctica clínica ulterior. Es recomendable una mayor dedicación
a los aspectos preventivos y sociales de la pediatría, a la denominada
"nueva morbimortalidad", a la adolescencia y
al conocimiento del niño sano y de sus necesidades (Tabla IV). Al analizar los programas formativos en la Unión Europea ha
de tenerse en cuenta que lo que caracteriza a la pediatría de este viejo
continente no es su uniformidad, sino más bien la diversidad ( 11 ).
V.- CRÍTICAS Y CAMBIOS NECESARIOS
EN LA FORMACIÓN MÉDICA POSTGRADUADA TRADICIONAL.
Las
diferentes estructuras de los Sistemas de Salud de los diversos países de la
Unión Europea y de los tipos de relación entre pediatría primaria y
hospitalaria, hacen difícil establecer un solo programa que sea capaz de
satisfacer las necesidades educativas en Pediatría en todos los países de
Europa (12, 13).
La
epidemiología y la demografía son factores determinantes en la enseñanza y
formación pediátricas. Con diferente exigencia, la pediatría clásica y la
nueva morbilidad pediátrica se encuentran tanto en países desarrollados como
en los en vía de desarrollo. Un buen número de pediatras puede estar poco
cualificado para la atención a niños y adolescentes
con problemas de fracaso escolar, drogadicción, intento de suicidio...El
adolescente en muchos países es " un huérfano pediátrico" ("
demasiado viejo para los pediatras, demasiado joven para los internistas).
Incorporar la adolescencia como parte
integral de la pediatría es tendencia mundial ( 14 )(Tabla V).
Otro
tanto acontece con los cuidados a prestar a los niños crónicamente
disminuidos, con terapéuticas más eficaces en la patología aguda y en los
sobrevivientes de enfermedades crónicas (cáncer, enfermedades genéticas y
endocrinas), accidentes,
intoxicaciones, etc. Los programas han de estar dirigidos tanto a dar respuesta
a los problemas comunes del niño (el 80- 90 % de los que se van a presentar),
como a satisfacer los requerimientos de patología compleja con profesionales
altamente especializados(" pediatra hospitalario", "pediatra
especializado"). Otros hechos que
imponen cambios en el sistema actual de formación pediátrica han sido
recogidos muy acertadamente por BALLABRIGA (15, 16)) cuando señala que se
aprecia pérdida de la visión
unitaria del pediatra, tendencia al gasto innecesario en exploraciones superfluas o por protección frente a las demandas por
malpraxis, aparición del "síndrome del superespecialista ",
progresivo deterioro en la comunicación entre los diferentes miembros del staff
por falta de coordinación y en la
capacidad para la comunicación con la familia del niño enfermo. El mismo autor
llama la atención sobre las lagunas en la
formación básica pediátrica,
requiriendo más dedicación a los cuidados de
atención primaria y de urgencias, en mejorar la capacidad de comunicación
con niños, padres y otros profesionales y enfatizar mas los aspectos
de la pediatría preventiva y social, entendiéndola
como la ciencia de la
interacción entre el niño y el adolescente de una parte y la sociedad de otra.
CHARNEY
( 17 ) en 1.995, afirmaba que el
" objetivo de la formación del residente de pediatría está claramente
identificado como la preparación para
ser pediatra general competente". Llama la atención la disparidad
entre el contenido educativo de la experiencia
en pacientes internados durante la residencia y el contenido de la práctica
clínica. "Si los residentes ven solo neurólogos tratando niños con
convulsiones, endocrinólogos tratando
niños con diabetes y psiquiatras
tratando a los que presentan problemas de la
conducta, estos hechos mandan un poderoso mensaje sobre cómo debe practicarse la
medicina".
Vertientes
fundamentales en la formación y la actividad profesional son, en mi criterio
(3,18): a) El pediatra como promotor de
salud y educador sanitario, que tiende a prestar cada día, mejores cuidados
para niños cada vez más sanos, a la vez que se integra en el amplio campo de
la pediatría social, de la pediatría preventiva, de los Derechos del Niño y
de las Instituciones de Protección al Niño. b) El
pediatra como clínico, el pediatra clásico, tradicional, con excelente
formación para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades y abierto
siempre a la consideración de la nueva morbilidad. Es el pediatra generalista
con predominio de la vertiente clínica. En no pocas ocasiones, su formación le
permite trabajar como un auténtico "
experto " en un área específica. c)
El pediatra acreditado en un área específica, pediatra especialista, que
posee los adecuados conocimientos teóricos y las suficientes habilidades para
su quehacer como " subespecialista".
Como señala RAMET (11)
tres tipos de orientaciones han sido reconocidas para el board
europeo de Pediatría: La formación en pediatría ambulatoria, en pediatría secundaria ( actividad en hospital) y en
pediatría terciaria ( actividad pediátrica especializada). Sin embargo, el
compromiso formativo y asistencial no se aborda de forma homogénea en todos los
países (19, 20).
Hacia un marco
formativo base a través de la opinión de expertos europeos. Bases del
futuro "European Paediatric
Board".
Preparado por un grupo de expertos en educación pediátrica, se ha elaborado un
documento de trabajo con la consideración
de " bases para la discusión" del European Pediatric
Board (21 ). El objetivo a alcanzar
es " la adquisición de conocimientos
básicos y experiencia en la evaluación del desarrollo - somático, social, psicológico
e intelectual - del niño y del adolescente hasta la conclusión del desarrollo somático y también, de
la etiología, patogénesis, fisiopatología, semiología, diagnóstico, diagnóstico
diferencial, tratamiento, rehabilitación y prevención de las alteraciones y
enfermedades tanto congénitas como adquiridas
en la infancia y la adolescencia". Un ambicioso programa para
desarrollar en cinco años.
El
médico en formación adoptará una actitud de identificación afectiva (empatía),
aprenderá a ganarse la confianza de niños y padres, se adiestrará en el diálogo
médico-profesional con niños y padres en circunstancias comunes y en
situaciones especiales (malformaciones, tumores, enfermedades incurables...).
Comprenderá otras culturas, conocerá los derechos del niño y
principios de ética pediátrica, y aprenderá
a mantener discreción y leal
relación con sus colegas, a realizar autocrítica, a trabajar con espíritu
interdisciplinar y a colaborar en equipos y
grupos o asociaciones de ayuda en situaciones especiales ( fibrosis quística, cáncer,
..). Se destaca la necesidad del
conocimiento del niño sano comprendiendo su crecimiento, desarrollo,
maduración y variantes y posibles
desviaciones ("pediatría
del desarrollo"), el interés por los cuidados
al niño sano y enfermo: los somáticos a diferentes edades y los básicos
requeridos por el niño que enferma, atenciones psicosociales, cuidados y
alimentación a neonatos y prematuros e higiene sexual, entre otros.
Las necesidades y recomendaciones nutricionales, la alimentación según
grupos etarios y la profilaxis vitamínica (especialmente
D y K) y de la caries dental son otros aspectos en el capítulo de
nutrición y alimentación normal.
Gran
dedicación se prestará al
conocimiento y habilidades en pediatría preventiva y social, estudio de las necesidades primordiales somáticas, psicosociales
y cognitivas de lactantes, niños y adolescentes, de la interacción
padres - niño, de la higiene del niño sano y enfermo, la declaración de
enfermedades infecciosas, la investigación ambiental, la prevención de
contagio en el hospital y las normas de aislamiento, la prevención de
infecciones nosocomiales a pacientes
de riesgo ( inmunocomprometidos y
en la UCI) y la especial frente a
la infección por VIH y a valorar los factores
socioambientales que influyen sobre la salud y la enfermedad ( causas de
minusvalía, grupos de riesgo, repercusiones de la minusvalía sobre la salud y
el desarrollo, características de la familia,
hábitos educacionales, y factores geográficos, culturales y étnicos,
entre otros).
Se
recomienda el conocimiento de la epidemiología de la región
y la pediatría preventiva básica; los programas
de screening de salud
regionales ( metabólicos neonatales, hipoacusia, déficit
de visión, fibrosis quística, neuroblastoma, riesgo de SIDA...) y los de screening selectivo. De
igual modo, el estudio del síndrome de la muerte súbita, la identificación
precoz de alteraciones del desarrollo y de enfermedades, inmunización, polución ambiental, educación sexual y
prevención de accidentes e intoxicaciones. Entre los aspectos
de protección al niño se
incluyen los derechos del niño, la
valoración de las necesidades básicas, los principios básicos pedagógicos y
educacionales, los patrones de la subcultura de la violencia, deprivación,
maltrato, identificación del síndrome
del niño maltratado, la negligencia física,
emocional y mental, el abuso sexual, la prevención de la deprivación y los
malos tratos...
Al
igual que en los programas tradicionales se
recogen habilidades y actitudes en
la patología prevalente y más importante en el niño y el adolescente:
enfermedades congénitas y adquiridas,
desde los aspectos de la dismorfología y genética, a la patología neonatal y
de la adolescencia, la pediatría del desarrollo, y la agrupada por órganos y
sistemas. En fundamentos en especialidades relacionadas con la pediatría, como
expresión de la medicina integral aplicada a la edad infantil, se
engloban diferentes aspectos de Cirugía Infantil, Ortopedia, Ginecología,
ORL, Oftalmología y Odontoestomatología. Los programas y sistemas
asistenciales han de estar dirigidos a la atención de los
múltiples y variados problemas del niño en los umbrales del tercer
milenio (22).
Otra
crítica al sistema actual se relaciona con el sistema evaluador que implica
“alto riesgo de fracaso a través de su ineficacia”. En opinión de RAMOS (
23 ) por tres razones: atomización
de los residentes en las unidades docentes ( dificultad para
determinar al “destacado” o “excelente” sin relacionarlo con la mayoría),
el comprensible paternalismo de tutores y jefes de unidades y
la heterogeneidad de los programas entre diferentes unidades.
En su criterio, debe establecerse examen
voluntario y premiado con un diploma especial similar al Board
certificate y que en el R.D. 117/84 se definia con el título de especialista
diplomado. Diploma que debería tener un destacado valor en la carrera
profesional con la adecuada puntuación a la hora de acceder a un puesto de
trabajo.
VI.-FORMACIÓN
DE PEDIATRA GENERAL COMPETENTE VERSUS PEDIATRA
SUBESPECIALIDAZADO. Un difícil pero necesario equilibrio formativo y
asistencial.
Atendiendo
a los condicionamientos intrínsecos de la Pediatría y de la Niñez y
Adolescencia. Llegar
al “equilibrio perfecto entre
pediatras generalistas y pediatras especialistas en lo que son hoy problemas muy
complejos en muchos países y a diferentes niveles, no solo es cuestión del
deseo, sino del irreversible correr de los tiempos” (SANCHEZ VILLARES, 24
,25,26 ). La primordial labor, por ahora,
reside en “intentar la adecuada integración en un cuerpo común de doctrina,
con todas las posibilidades asistenciales que requiere la diversificación de
las técnicas especializadas”.
La
formación para la asistencia al niño
no debe estar ajena a tres grandes aspectos que marcan la orientación de la
nueva Pediatría: 1) La fuerte carga del componente de prevención de la
enfermedad y de la promoción de la salud. 2) La necesidad de implantar cambios
en la enseñanza tradicional “
para una nueva Pediatría”. Y 3) El reto
de afrontar las “ nuevas fronteras formativas, organizativas y
asistenciales” - incluyendo las subespecialidades - de la Pediatría en los países
desarrollados.(Tabla VI). Con la separación e individualización del periodo de
la formación MIR-Pediatría como "un todo", se evitará lo denunciado
por WOISKI ( 27 ) cuando afirma que la" subespecialización precoz "es
ineficaz debido a la tendencia a limitar la correcta percepción de las
realidades de la salud infantil, que debe ser obtenida antes de adentrarse en un
aprendizaje más profundo y más estrechamente centrado.
Lo
anterior, sin embargo, requiere la advertencia de que habrá de ser muy meditada
la incorporación de pediatras que
“solo sepan hacer lo correspondiente a una subespecialidad y no estén en
condiciones de participar” en los fundamentos asistenciales de un hospital
pediátrico. La perspectiva que ofrece la fragmentación de las especialidades
verticales aplicadas a la medicina
del adulto, ha de ser referencia
obligada para evitar repetir sus errores en el campo pediátrico. El
establecimiento y desarrollo de una subespecialidad pediátrica debe conllevar a mejor nivel asistencial, investigador y docente del Servicio; si como resultado de su existencia
asistimos al “empobrecimiento formativo progresivo” en el resto de la
plantilla, habrá que cuestionar el modelo que está siendo aplicado. Un modelo
de organización pediátrica
hospitalaria es el
que considera que el área de
atención infantil es un “ todo
continuo” (0 - 16 años) frente a la desintegración de las especialidades del
adulto.
La
Pediatría nació a finales del siglo XIX con un
principal objetivo: la lucha contra la patología de mas incidencia y
prevalencia comunitaria, con el propósito de reducir las altas tasas de
morbimortalidad (24,28). El pediatra cubiertas
en gran parte las primeras exigencias que imponía el desolador panorama
habitual a finales del siglo XIX y comienzos del presente, comienza a
valorar lo que denomina condicionamientos
intrínsecos de su saber y quehacer. Así se percata de que el principal
objetivo no se cifra en la atención a un órgano, aparato,
sistema o enfermedad - razón de las especialidades clásicas -, y ni
siquiera en el tratamiento exclusivo de las enfermedades del niño. Coincidiendo
con las corrientes antropológicas, se
toma conciencia de que la "verdadera personalidad de la Pediatría reside en los propios atributos
biológicos de una época de la existencia humana que va desde el nacimiento
hasta la adolescencia, y durante el cual tienen lugar los fenómenos
peculiares del crecimiento y maduración evolutiva, en íntima relación con los
del medio habitual del niño: familiar, escolar y socioambiental, de los que es
inseparable"
Sería
un grave error que los subespecialistas pudieran llegar a desgajarse de lo que
desde el punto de vista conceptual es más importante: la visión unitaria y global del ser y existencia del periodo de la niñez.
El coordinar el trabajo de los especialistas pediátricos, y mejor de los
pediatras especializados, y el integrarlos en un quehacer común, ni es empresa
fácil ni podrá lograrse de la noche a la mañana. La citada integración no
puede significar que los pediatras especializados no sientan afinidad con los
especialistas en patología adulta. La Medicina, tanto del adulto como la del niño,
necesitan saber engranarse en la exigencia interdisciplinaria que tienen hoy las
ciencias. La primordial labor, por ahora, reside en" intentar la adecuada
integración en un cuerpo común de doctrina, con todas las posibilidades
asistenciales que requiere la diversificación de las técnicas
especializadas".
La Pediatría, en sus aspectos
formativos y asistenciales, ha de esforzarse por: 1. -
Mantener el concepto de troncalidad
o unidad de la niñez y adolescencia y de sus modos de enfermar. 2. -
Disponer de conocimientos y habilidades
a tono con el estado actual de las ciencias médicas. 3. - Exigir equipamiento
técnico y dotarse de las
habilidades, actitudes y aptitudes que demandan tanto los derechos del niño
como la propia sociedad. 4. - Mantener su interés por al niño
aún no nacido y ampliar su atención hasta el final biológico, psicológico
y social del proceso de crecimiento, desarrollo y maduración. Esto es, hasta la
finalización de la adolescencia. Por
ello ha de evitar dos problemas reiteradamente señalados. Uno,
que con el desarrollo de las subespecialidades pediátricas indujéramos a la
“ precoz diferenciación” hacia una subespecialización a los médicos
residentes, antes de haber adquirido la correcta
percepción de las realidades de la salud infantil, abocando, sin duda, a
saber mucho de unas cuantas enfermedades, limitando su formación
en el conocimiento “del niño y
su enfermedad”. Otro, que el impulso a las subespecialidades favorezca el
funcionamiento de las Unidades “ especializadas”, más o menos autónomas,
como reductos cerrados con cierta
tendencia centrífuga y funcionamiento “ en paralelo”.
Probablemente, la solución esté en hacer depender el éxito de los
subespecialistas de la íntima colaboración con la Pediatría general (Tabla
VII).
El pediatra acreditado en un área específica ha
de ser un auténtico pediatra
especialista que posee los adecuados conocimientos teóricos y las
suficientes habilidades para su quehacer como " un destacado experto”(29). El futuro inmediato ha de asentarse sobre
tres pilares básicos. Uno, la acreditación
de Unidades docentes, hecha con criterio riguroso, selectivo y realista. Dos, el
reconocimiento del “status” de
subespecialistas a quienes, en el
momento de implantarse el proceso, avalen su
dedicación y curriculum. Y tres, seguimiento de un programa formativo teórico
y práctico, con evaluación final para los futuros aspirantes. El inicio de ésta
formación requiere, como requisito indispensable, la posesión del título de
Especialista en Pediatría.
Otras consideraciones avalan la formación como pediatra general
competente. La de ofrecer una visión global tanto del niño como
de la pediatría, constituyendo la Medicina del niño la mejor
garantía para la promoción
de su salud y prevención de la
enfermedad. La pediatría ha de ser la medicina del niño, no de sus “
aparatos” y “sistemas”, tanto en docencia, como en asistencia y educación.
La formación como pediatra y la
requerida para subespecialista han de plantearse
como etapas sucesivas con criterios de complementariedad y no de
antagonismo, incluyendo aspectos de troncalidad, equilibrio, humanismo,
integración y tecnificación ; de progreso y
evolución y no de desmembramiento.
Sería preferible en vez de
hablar de “ pediatría de especialidades”, hacerlo de la “nueva pediatría con
subespecialidades".
Enseñanzas del análisis
comparativo con el fenómeno de la especialización en la Medicina del Adulto. La
visión global ha de ser patrimonio de todo médico que atienda niños, del
problema, del niño - su paciente - y del medio socio-familiar donde está
inmerso, especialmente ante el enfermo pluripatológico o, cuando menos,
demandante de múltiples cuidados: diagnóstico-terapéuticos, preventivos, de
educación sanitaria al propio niño y a su familia, promotores de la salud,
asesores sobre hábitos saludables,
instauradores de la guía anticipada...En opinión de no pocos internistas
nuestro sistema de salud ha convertido a unos en médicos descartadores y a los
otros en temporeros y dispensadores, eso sí, dejando sin sitio a la Medicina
Interna”. Una advertencia a los pediatras.
Si
en un momento obviáramos la formación de la “personalidad pediátrica” y
la visión asistencial íntegra, que
requiere evitar la disociación entre praxis en periodo formativo y ulterior
ejercicio profesional, pondríamos en peligro la asistencia a niños en atención
primaria - piedra angular de la salud del niño - y comprometeríamos el buen
funcionamiento en la asistencia hospitalaria, incluida la de los centros de
tercer nivel. Tampoco los recursos destinados en una sociedad de bienestar a los
problemas de salud, importantes, pero siempre escasos, haria posible un camino
similar al seguido en la Medicina del adulto.
Ahora
bien, el progreso de la Medicina del Niño y del Adolescente
necesita de un perfecto equilibrio - difícil, pero imprescindible -
entre “generalistas” y “ especialistas”. El desarrollo de las
subespecialidades no ha de ir por anular o “desproveer” de contenidos la
Pediatría clásica. Su porvenir pasa por conseguir
y mantener una Pediatría sólida, y el de esta, por garantizar el futuro de
aquellas.
Manteniendo la formación completa en Pediatría
general sin precoces “recortes”:1. - Se obviará la atomización de la
asistencia, evitando la situación paradójica de que, reconocido el valor intrínseco
y fundamental de la formación pediátrica integral, fuera cuestionada por los
propios subespecialistas y gestores de la sanidad. 2. - La competencia en
pediatría general no se se
requiere solo para hospitales pequeños y atención primaria. El concepto de niño,
niñez y asistencia integral es intrínseco con nuestro quehacer, sin
diferenciación geográfica o numérica. 3. - Existe peligro real de que en los
grandes hospitales, las subespecialidades puedan “ahogar” la Pediatría general, conllevando pérdida de calidad
asistencial y formativa. 4. - Es nocivo el mito de que vende más el último
avance tecnológico que la buena práctica. 5. - El concepto de
“troncalidad” es reclamado por los internistas, sumidos en la desintegración
de la Medicina Interna. 6. - El pediatra, aún con 4 años de formación, debe
admitir la necesidad de las subespecialidades en técnicas, tanto diagnósticas
como terapéuticas, y en la
valoración y cuidados de enfermos complejos. 7. - Se impone afrontar esta
“nueva y generaliza situación” como un fenómeno de evolución y adaptación,
frente a un proceso de competitividad, desplazamiento y desintegración.
VII.-EL
PEDIATRA DEL SIGLO XXI: necesidad de recuperar
fundamentos y carácterísticas de la práctica pediátrica.
La formación del pediatra del siglo XXI debe
hacernos reflexionar sobre determinadas “cualidades” en peligro de extinción.
La profesión de pediatra ha de ser ejercida con capacidad para una actuación
inteligente y moralmente correcta como reclama ROZMAN (30) para la profesión médica.
Los muchos recursos técnicos hacen que no pocos pediatras
renuncien a actuaciones basadas en sus propias capacidades de observación,
percepción sensorial e inteligencia, es decir, abdican del empleo de sus
propias capacidades humanas. El acto médico que comienza con la historia clínica,
es un acto esencialmente humano, siendo mucho más complejo que una fría
recogida de datos anamnésicos. Marca el inicio de la relación médico-paciente
que determinará, en buen medida, la eficacia
del acto profesional. El pediatra recoge no solo los síntomas subjetivos
del niño, sino que se percata de la influencia de sus características psíquicas
y circunstancias sociales. Con la anamnesis y la exploración física podrá
llegar a la formulación de hipótesis diagnósticas bastante seguras. Solo en
este momento, recurrirá de forma mesurada y proporcionada a las exploraciones
complementarias. En la elaboración del diagnóstico definitivo
seguirá un proceso intelectual con
las directrices del método clínico ( similar al método científico). La
elaboración del diagnóstico es un proceso intelectual del hombre y la
inteligencia artificial jamás lo podrá igualar.
El
pediatra del siglo XXI ha de estar preparado para obviar algunos de los defectos
actuales que amenazan con potenciarse. La breve o escueta anamnesis – que
conlleva a una mala relación médico-niño-familia-, la omisión de una
detallada y completa exploración física recargando las exploraciones
complementarias (“ método diagnóstico de la perdigonada”), y la terapéutica
dirigida a los síntomas por no haber alcanzado un diagnóstico correcto son componentes del ejercicio clínico en el que el pediatra ha
renunciado a sus dones humanos más preciados. Siguiendo el discurso de ROZMAN
(30), necesitamos rescatar el componente “humano del acto clínico”,
impregnando la actividad profesional de bondad moral, parte integrante de la
competencia clínica que usa
el método científico incorporando
los aspectos psicopatológicos del niño y de su entorno; otro tanto cabe de
decir de la reincorporación de dos condiciones éticas: corrección y bondad.
La incorrección implica falta de suficiencia técnica. La pericia en el arte de curar define la “corrección técnica” del
ejercicio médico y convierte a quien lo realiza en “buen médico”; la
bondad humana, por su parte, define la “bondad moral” del profesional y hace
de él un “buen médico”. Son dos factores imprescindibles: la falta de uno
de ellos es incompatible con el ejercicio adecuado de la profesión”(30).
En el siglo XXI
el pediatra ha de prepararse
para actuar con criterio científico, intentando aunar las tareas primordiales asistenciales, con las de investigación
( imprescindible para conocer mejor y avanzar) y de docencia ( la enseñanza es
un imperativo ético). Existirán cambios permaneciendo el mismo objetivo:
conseguir niños sanos y felices. Para ello, un reto básico es el conocimiento
del niño sano, y otro tanto cabe
decir de la adolescencia, conservando siempre el perfil
humano y profesional. Teniendo que actuar individualmente en la toma de
decisiones diagnósticas y terapéuticas, habrá de adaptarse a las ventajas de
trabajar en equipo, circunstancia que necesita de un líder ( CRUZ, 3, 31). Probablemente, para ese cometido en el equipo multidisciplinario el buen pediatra
generalista es el adecuado
por su formación troncal completa, íntegra, amplio conocimiento del niño, de
su modo de enfermar y de vivir su patología, abierto con su competencia clínica a la
incorporación de los avances científicos y
a su nuevo papel en la
sociedad, recuperando su tradicional humanismo.
Bibliografía.-
1. -Crespo, M.: Formación de especialistas en Pediatría y en las subespecialidades pediátricas. Rev Pediatr Atención Primaria, 1.999; 1 (2): 37-52.
2. -Bueno M: Transformación de la Pediatría en los últimos 25 años. Real Academia de Medicina. Zaragoza, 1.990.
3. -Cruz M: Horizontes pediátricos ante el nuevo milenio. Libro de Actas. Congr Esp Extraord Pediatría. Málaga, 1.998: 651-659.
4. -Segovia de Arana JM, Pera Blanco-Morales C, Goiriena de Gandarias JJ y Cabasés Hita JM. “La formación de los profesionales de la salud”. Fundación BBV, Bilbao, 1.999.
5. -Segovia de Arana JM: La formación del médico en los próximos años. El Médico, 25.06.1.999, 36-41.
6. -Ballabriga A: Perspectives in pediatric research: from the past to the future. Abstract Book. XXIX Congress APEE “Child Care and Pediatric Education in Europe”. Valencia, 1.999: 37.
7. -Crespo,
M.: La
formación de especialistas en Pediatría. ( Reflexiones en torno al sistema
español). An Esp Pediatr, 1.997; S 97:
13-17.
8. -Crespo, M.: Pediatría 1.997: en la frontera de dos siglos. Cambios necesarios en el quehacer y el enseñar. Real Acad. Med. Asturias y León., Oviedo, 1.997.
9. -Crespo,
M.: Áreas Específicas de la Pediatría:
Necesidad de su reconocimiento. (¿ Solución o problema?). An Esp Pediatr,
1.998; 48: 116-121.
10. - Pediatría y sus Áreas Específicas: Guía de Formación de Médicos Especialistas. Ministerio de Sanidad y Consumo y Ministerio de Educación y Cultura. 3ª de. Madrid, 1.996.
11. - Ramet J.: Towards an European Model of Paediatric care and education. . Abstract Book. XXIX Congress APEE “Child Care and Pediatric Education in Europe”. Valencia, 1.999:7.
12. - Brines
J: Desafíos educativos de la Pediatría en el
próximo milenio: una visión global. An Esp Pediatr, 1.997; S97: 4-7.
13. - Brines
J: Some thougthts on the child care and
paediatric education in Europe. Abstract
Book. XXIX Congress APEE “Child
Care and Pediatric Education in Europe”. Valencia, 1.999:1-2.
14. - Canosa C: Pediatric Training in the European Community. En Changing Needs in Pediatric Education, de Canosa C, Vaughan VC III y Lue H-C. Nestlé Nutrition. Raven Press. New York, 1.990; 20: 265-269.
15. -Ballabriga, A.: Pediatric Education for Specialists: Critical Analysis of the Present Health Teaching System. En “Changing Needs in Pediatric Education”, de Canosa,C., Vaughan VC III, y Lue, H-C. Nestlé Nutrition. Raven Press. New York, 1.990; 20: 81-95.
16. -Ballabriga A: Hacia una nueva pediatría. Bol Pediatr. , 1.995; 36: 163-173.
17. -Charney E: La formación de los pediatras para la asistencia primaria: la consideración después de dos años. Pediatrics (ed.esp.), 1.995; 39: 75-77.
18. -Crespo, M.: Una nueva Pediatría. Pediatr Integral, 1.998; 3(2): 193- 207.
19. -Beaufils, F.: La enseñanza de las subespecialidades pediátricas. An. Esp Pediatr, 1.997; S97: 10-12.
20. -Dalous A y Regnier C: Les spécialités pédiatriques en CHU. Arch Fr Pediatr, 1.991; 48: 527-528.
21. -UEMS: Training for specialists in Pediatrics. Recommendation for a log bokk for training for the de Common Trunc in Pediatrics. (Basis for discussion by European Pediatric Board). Documento de trabajo. Bruselas, 1.996.
22. -Nogales A: El niño en los umbrales del tercer mileno. Real Academia Nacional de Medicina. Madrid, 1.997.
23.- Ramos L:Evaluación del sistema MIR. Propuesta de examen final. Radiología, 1.999; 41 (10): 693-694.
24. -Sánchez Villares E: Introducción a la problemática del especialismo en Pediatría. Formación postgraduada en Pediatría. Libro de Actas. X Reun. Anual AEP. Granada, 1.973: 7-16.
25. -Sánchez Villares E: La pediatría española en los últimos 50 años. Arch Pediatr 1.989; 40:445.
26. -Sánchez Villares, E: Importancia de las especialidades pediátricas en la evolución de la pediatría española en los últimos 50 años. Acta Pediatr Esp. 1.992; 50: 724-732.
27. -Woiski JR: Evolucion de la Pediatría en América del Sur. Analés Nestlé, 1.992; 50: 37-40.
28. -Sánchez Villares E: El futuro de las especialidades pediátricas. An Esp Pediatr 1.993; 39 (S54): 66-79.
29. –Crespo M y Salcedo S: Docencia y acreditación en Neonatología. Rev Latinoamericana Neonatología , 1.999.; S1:173-181.
30.-Rozman C: Ejercicio de la Atención Primaria en el siglo XXI. El Médico, 25.06.1.999; 46-56.
31. -Cruz, M.: Bases de la enseñanza de la Pediatría. An Esp Pediatr, 1.997; S 97: 1-3.



