La asistencia al Recién Nacido en el nuevo siglo.

Manuel Sánchez Luna

 

Servicio de Neonatología. Departamento de Pediatría.

Hospital General Universitario “Gregorio Marañón”.

Madrid.

 

 

            La llegada del nuevo siglo es un acontecimiento que predispone a analizar desde un punto de vista crítico los logros obtenidos previamente, la situación actual y la posible evolución de multiples aspectos de la vida. Cuando éste enfoque se hace hacia una actividad como es la Pediatría y más concretamente la Neonatología, es complejo construir un escenario de futuro que reúna a un tiempo las espectativas científicas con las asistenciales. Es indudable que los avances en la asistencia al niño, antes y después de su nacimiento se han desarrollado en gran medida en la última mitad de este siglo que ahora finaliza. El reconocimiento de la patología fetal antenatal, el estudio del bienestar fetal, el diagnóstico prenatal y el cuidado del recién nacido inmaduro han supuesto un descenso de la mortalidad perinatal difícilmente pensable. De forma paralela el inevitable descenso en la tasa de natalidad vivido en Occidente y más en concreto en España ha supuesto un nuevo reto profesional obligando a concentrar, aún más si cabe, esfuerzos para reducir la mortalidad perinatal y reducir las posibles secuelas en los supervivientes.

La evolución que han tenido las técnicas diagnósticas en otras edades de la vida se han reflejado también en la neonatología. La aparición de las técnicas de micrométodo, la mejora en los sistemas de monitorización de las constantes vitales, la evolución de las técnicas de imágen, entre otras, son vivo reflejo de la evolución de la biotecnología y de la electrónica. Aún cuando multitud de los nuevos sistemas de monitorización y tratamiento, cada vez más sofisticados no han probado que influyan directamente en una reducción de la mortalidad o una reducción de las secuelas, en general una mejor tecnología ha supuesto una mejoría en el cuidado de los recién nacidos enfermos y en muchas ocasiones mayor seguridad para la toma de decisiones terapéuticas.

El desarrollo de la subespecialidad ha supuesto la garantía de que un grupo de especialistas puedan dedicarse de una manera más completa al estudio y la enseñanza de la fisiología y de la patología neonatal, lo que permite un rápido avance en el conocimiento.

Esto, que ha sido evidente para la mayoría de las especialidades médicas, ha sido un logro reciente tras un largo camino emprendido desde los mismos comienzos de la asistencia neonatal.

La Neonatología, especialidad eminentemente hospitalaria, ha sufrido las progresivas modificaciones de espacios en los centros sanitarios que el resto de las especilidades médicas, con el agravante esgrimido en ocasiones de la reducción de las tasas de natalidad. Esto ha motivado que los espacios en las unidades neonatales sean en exceso reducidos e inadecuados para una asistencia más humanizada, para posibilitar el acceso de los padres sin interferir en la actividad hospitalaria y para adaptarse a los cambios en la asistencia generados por la nueva tecnología.

Es por todo esto que la Neonatología que hemos de esperar en los próximos años esté perfilada por los avances científicos de la medicina en general y más concretamente los relacionados con la fisiopatología del periodo perinatal, de la mano de la nueva subespecialidad. Sin embargo otros aspectos que habrán de tenerse muy en cuenta, son los relacionados con los avances de la tecnología, los relacionados con la evolución de la ética y los cambios socioculturales del país.

 

 

Patología neonatal en el próximo siglo.

            No sólo los cambios en la medicina sino en forma global los que afectan a los sistemas socioculturales y economicos de un país son los que influirán en la naturaleza e importancia de las enfermedades que tendrán mayor trascendencia en este próximo siglo. Establecer la prevalencia del tipo de problemas sanitarios y su importancia es una estimación trascendental en el establecimiento de las prioridades en la planificación de los recursos de un país. Sería aventurado concluir que con el envejecimiento progresivo de la sociedad y el descenso de las tasas de natalidad en los paises desarrollados, la patología relacionada con el recién nacido tendrá escasa trascendencia. estudio  prenatal y el para cuidado del reciafesional o grupo de patología en el prebligando a concentrar, ,Laución de las obtiene el grupo de estudios colaborativo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la escuela de salud pública de Harvard y el Banco Mundial. Estos organismos dieron lugar a la constitución del grupo de estudio que analiza el peso global de las enfermedades (Global Burden of Disease GBD) y que estableció el orden de importancia por pesos específicos para cada patología en distintas épocas. De esta menera se puede observar como en la década de los años 90, la patología de mayor peso la constituían las infecciones respiratorias bajas, seguidas de los procesos diarréicos y en tercer lugar la patología originada en el período neonatal (1,2). Es interesante ver como el grupo de malformaciones congénitas se sitúa en décima posición en esta década. Los cambios que tendrán lugar en los próximos 20 años harán que para entonces (año 2020) los problemas relacionados con el período perinatal tendrán un menor peso global situandolos en el lugar 11 desde el tercero y las anomalías congéniatas pasarán del décimo al trece. Para entonces se establece que la miocardiopatía isquémica, la depresión unipolar y los accidentes de tráfico serán las tres primeras causas de mortalidad en el mundo. Es interesante ver como lejos de desaparecer el grupo de patología relacionado con las anomalías congénitas estas mantienen peso específico en el grupo global de poblemas sanitarios.

Es indudable que el conocimiento del genoma humano y la identificación de los lugares donde se codifican ciertas enfermedades genéticas modificará el panorama de las patologías con origen en trastornos de los genes. La detección precoz por cribaje de enfermedades metabólicas en las que un tratamiento precoz puede prevenir secuelas ha de ser dinámico y modificarse según evolucionen las posibilidades diagnósticas y terapéuticas. Ejemplo de esta evolución ha sido la incorporación al cribaje del déficit de 21-hidroxilasa en el periodo neonatal. Hoy siguen siendo justificados los estudios para la detección precoz de enfermedades como el hipotiroidismo congénito y la fenilcetonuria, otras enfermedades como el jarabe de arce, galactosemia, homocistinuria, tirosinemia, podrían incorporaase según las prioridades sociosanitarias (3). Sin embargo está fuera de duda la importancia de un programa de cribado de la sordera congénita y este sentido en estos próximos años su realización universal, gratuita y obligatoria será un hecho (4).

 

Asistencia Perinatal

Si bien el mejor conocimiento de la fiopatología fetal y de la transición de la vida intra a extrauterina ha tenido una repercusión directa en el descenso de la mortalidad y de las secuelas relacionadas con los problemas originados en relación con el nacimiento, sigue siendo la inmadurez y la patología relacionada con esta la que de mejor forma predice la mortalidad y la morbilidad de los problemas relacionados con el periodo perinatal. En este sentido la edad gestacional y el peso al nacimiento siguen siendo los mejores factores predictivos de patología en esta época de la vida, siendo responsable en gran medida el grupo de menores de 1000 gramos al nacimiento de la mortalidad y de las secuelas a largo plazo. Sin embargo, lejos de haber desaparecido, los problemas asficticos del recién nacido a término siguen teniendo importancia. Hoy sabemos que los cambios hemodinámicos asociados con la asfixia aguda son diferentes de aquellos observados en la asfixia crónica (5). Así las formas menos severas pero más prolongadas de asfixia se asocian con mayor daño neurológico que cuando la alteración es intensa pero breve. Sin embargo es el mayor reto para el perinatólogo la detección precoz de la asfixia intrauterina para poder actuar previniendo que se perpetue. El campo abierto con la posibilidad de intervenir en el daño neuronal tras la asfixia es apasionante y modificará la actitud terapéutica en los próximos años. La neuroprotección mediante hipotermia es ya hoy una forma admitida de prevención del daño neurológico, siendo aún difícil de definir el momento y la forma ideal de su empleo así como los beneficios ciertos (6,7).

 

Monitorización del bienestar fetal

Mientras que la aplicación de la ecografía bidimensional inicialmente y tridimensional en el momento actual ha cambiado el diagnóstico de la patología malformativa fetal, la detección de la asfixia fetal mediante el estudio del registro de la frecuencia cardiaca y la ecografía bidimensional presentan mayores limitaciones y no han resuelto definitivamente la detección precoz intrutero.

Es necesario por lo tanto desarrollar sistemas sencillos, no invasivos, de elevada sensibilidad que puedan detectar precozmente las situaciones de compromisoo fetal. En este sentido los estudios de flujo por doppler placentario y cerebral fetal suponen una ayuda en el análisis hemodinámico del feto. Sin embargo aún han de resolverse problemas técnicos relacionados con la medición de las velocidades de flujo, el diámetro de los vasos y la localización de la muestra en los vasos adecuados.

Una técnica que en los próximos años puede facilitar la detección de la patología fetal de forma sencilla y que ha demostrado que puede reduciir los falsos positivos de los registros no reactivos y de patrones sinusoidales, es el estudio de los movimientos fetales mediante doppler y la obtención de actograma fetal (8) basado en la producción por el feto de señales ultrasónicas de baja frecuencia con los movimientos de rotación del tronco. El análisis computarizado del registro cardiaco fetal puede mejorar la interpretación del trazado visual y ayudar en la detección precoz del malestar fetal (9)

Otras técnicas como la pulsioximetría fetal y la espectrometría cercana al infrarrojo fetal, han de demostrar aún su eficacia en estudios prospectivos, pero claramente mejorarán la posibilidad de obtener datos relacionados con el estado fetal. Probablemente sea la combinación racional de las diferentes formas de monitorizar al feto las que tengan que emplearse en el estudio del bienestar fetal (9,10).

Diagnóstico y tratamiento de malformaciones fetales

Como se ha comentado el diagnóstico de las malformaciones fetales ha evolucionado en los últimos años gracias al progreso de las ténicas de imagen aplicadas al feto. Este mejor diagnóstico deberá de incidir directamente en una anticipación de la asistencia al recién nacido, un mejor conocimiento del pronóstico del problema por parte de la familia y la posibilidad de realizar el nacimiento en aquella institución que pueda ya ofrecer el tratamiento  adecuado. Un ejemplo clásico es la hernia diafragmática congénita. Aún cuando la mortalidad sigue siendo elevada en la mayoría de los centros, esta aumenta aún más cuando el diagnóstico se realiza postnatalmente, el recién nacido no es tratado adecuadamente por un equipo de personas experta en el manejo de esta patología y es necesario el traslado a otro centro hospitalario en ocasiones en condiciones no adecuadas. Sin embargo de la evolución científica de los próximos años caben esperar respuestas en el campo de la patogenia de las malformaciones congénitas. El estudio detenido de la genética permite conocer y entender la causa de diferentes malformaciones y puede ayudar a comprender aspectos relacionados con el desarrollo de las mismas desde un ángulo filogenético (11).

 

Tratamiento de patología materna e impacto de las técnicas de fertilización asistida.

En general la mejor evolución de la gestación tiene luagar cuando la edad materna se sitúa entre los 20 y los 35 años, cuando la edad está por encima o por debajo de estos límites la mortalidad perinatal aumenta. El progresivo envejecimiento de la población española junto con la disminución de la tasa de natalidad ha provocado una elevación de la edad media de las mujeres primigestas. Además del incremento del riesgo obstétrico y fetal relacionado con la mayor eded materna, la generalización de las técnicas de fertilización asistida, igualmente a este grupo de mujeres con edad media más elevada ha supuesto un incremento del riesgo no sólo de patología relacionada con la gestación sino de parto prematuro y de gestaciones múltiples. Este hecho ha de tenerse en cuenta en la planificación de la asistencia perinatal (12) en los próximos años ya que en muchos casos los recién nacidos de gestaciones múltiples nacen prematuramente y requieren cuidado intensivo. Esta necesidad en ocasiones no está contemplada en los grandes centros de referencia con unidades de cuidado intensivo saturadas, al no estar estas gestaciones controladas en sus servicios de obstetricia, lo que obliga a asumir el parto de riesgo una vez que ya ha comenzado o a los recién nacidos con los consiguientes riesgos. Es interesante comprobar como, al menos en la Comunidad Autónoma de Madrid, cuando un centro de nivel II o nivel III traslada a un recién nacido a otro centro de nivel III para tratamiento especializado la cuasa suelen ser malformaciones congenitas y en su mayoría cardiopatías congénitas, sin embargo cuando el centro que traslada a un recién nciodo es un centro de nivel I o un centro asistencial privado, la prematuridad sigue siendo la causa más frecuente del traslado (13). 

Este hecho obligará a un mayor esfuerzo en la coordinación de los distintos servicios asistenciales y en una regionalización y racionalización de recursos adecuada.

Asistencia Neonatal

Si el descenso de la mortalidad neonatal ha sido importante en los últimos diez años, este se debe a la mejor asistencia, antes durante y después del nacimiento del recién nacido pretérmino. Es en los grupos de peso inferior a 1000 gramos al nacer y más concretamente en los menores a 650 gramos donde se centra el mayor porcentaje de fallecidos en el periodo neonatal y donde igualmente se concentra el mayor grado de secuelas con riesgo de discapacidad a largo plazo. Aunque es necesario seguir trabajando en reducir la mortalidad en los grupos de edad gestacional a termino, en los próximos años, el objetivo debería ser la redución de los problemas relacionados con la inmadurez. La mejor asistencia perinatal, el mejor manejo de la patología obstétrica, la reducción del riesgo fetal evitanto tóxicos maternos, la prevención y el tratamiento de las infecciones urogenitales de la gestante (14,15), la maduración fetal intrautero y la atención especializada al parto pretermino han de constituir una actitud de rutina y generalizada en el manejo antenatal de la inmadurez. Sin embargo, si no existe posteriormente un adecuado tratamiento especializado del recién nacido será difícil conseguir una reducción en los problemas relacionados con la inmadurez. Es evidente que en los próximos años el avance tecnológico va a suponer una mejora en el manejo de los recién nacidos inmaduros. Sin embargo la tecnología no puede sustituir al personal especializado en la antención diária a estos pacientes. No sólo es necesario que los nacidos a estas edades gestacionales tan bajas sean atendidos por personal especializado capaz de tomar decisiones y actuar con criterio desde el mismo momento del nacimiento, sino que esta atención especializada ha de mantenerse a los largo de todo el día, todos los días del año. En este sentido la presencia de un personal médico y de enfermería altamente cualificado y entrenado en reconocer los problemas de estos pacientes y tratarlos adecuadamente, en un medio cada vez más sofisticado tecnológicamente será imprescindible. 

                       

Reducción en el número y en la intensidad de las secuelas relacionadas con la inmadurez.

Es evidente que las secuelas más limitantes aparecen en el grupo de recién nacidos que fueron más inmaduros. Es probable que los límites de viabilidad extrauterina del feto se hayan alcanzado, y probablemente este no ha de ser el objetivo de la investigación futura. La limitación en el número e intensidad de las secuelas con el reconocimiento precoz de los factores que incrementan su presencia ha de ser una de las obligaciones en el futuro inmediato de la investigación neonatal. La retinopatía del prematuro, la enfermedad pulmonar crónica, la parálisis cerebral infantil y el daño neurológico son situaciones limitantes a largo plazo y que corresponden al lado más frustrante de nuestra especialidad. Los avances en el tratamiento de los problemas respiratorios desde la generalización en el uso de corticoesteroides prenatales y surfactante postnatal han dado lugar a nuevas formas de presentación de enfermedad pulmonar crónica íntimamente relacionados con la inmadurez pulmonar y los mecanismos que interfieren en el desarrollo normal del pulmón fetal (16). Es muy probable que el desarrollo tecnológico con nuevos sistemas de asistencia respiratoria, desde la asistencia con presión contínua de distensión de la vía aérea hasta los sistemas más sofisticados de ventilación oscilatoria de alta frecuencia, contribuyan aún más a transformar la patología pulmonar crónica a la que hemos asistido a nuevas formas más leves y de mejor pronóstico (17-19). En la búsqueda de tratamientos con menos efectos secundarios de problemas habituales en el recién nacido pretérmino el cierre precoz del conducto arterioso mediante el empleo de ibuprofén es un ejemplo de cambios que han de realizarse en tratamientos aceptados y estandarizados en estos momentos (20).

Parece asumido que una adecuada nutrición del recién nacido pretermino contribuye a disminuir la morbimortalidad y mejora su desarrollo psicomotor. Sin embargo, lejos de estar resuelto, el manejo nutricional de recién nacido inmaduro, las necesidades metabólicas y sus consecuencias a largo plazo son un reto crucial en el nuevo siglo (21). Los cambios en las actitudes sobre nutrición y metabolismo en este grupo de niños inmaduros reflejan un estado de conocimiento aún limitado y en evolución debido a que es precisamente en estos últimos años cuando su alta supervivencia ha motivado un mayor conocimiento. Si bien es evidente que la vía enteral resulta insuficiente para mantener las necesidades metabólicas en los recién nacidos inmaduros aún no está claro cual debe de ser la composición de las soluciones parenterales empleadas. Tras una primera fase en que sólo se recomendaba el empleo de agua, glucosa y electrolítos, actualmente se preconiza el empleo muy precoz de soluciones de aminoácidos que favorezcan la tolerancia a la glucosa. La administración de soluciones lipidicas sigue siendo un tema a debate, no sólo por cuanto existen dudas acerca de cuando han de iniciarse su adiministración (primer día, verus final de la primera semana de vida) sino cual ha de ser su composición y su forma de administración. Las fórmulas nutricionales enterales han supuesto una ayuda indudable en el manejo nutricional de estos niños, así como los preparados destinados a la fortificación de la leche materna, sin embargo aún está por aclarar el papel que diferentes ácidos grasos esenciales tienen en el neurodesarrollo del recién nacido inmaduro (22).

 

Impacto de la tecnología en el manejo del recién nacido

Si en gran medida la mejoría de la supervivencia se ha debido a la aparición del cuidado intensivo neonatal y por lo tanto del tratamiento especializado de los problemas relacionados con el recién nacido y la inmadurez, la vertiginosa evolución de la tecnología va a impactar aún más en el futuro manejo de estos pacientes. Mientras que es indudable que el control térmico, el control de humedad y la monitorización de las constantes vitales junto con el desarrollo de la oxigenoterapia y las técnicas de respiración asistida dieron lugar a un importante incremento en la supervivencia de los recién nacidos enfermos, es díficil comprobar si cada nuevo avance en la tecnología va a tener un efecto directo en reducir la mortalidad o disminuir las secuelas. Habrá que analizar si el impacto es sobre aspectos relacionados con la calidad de la aistencia y de la vida a corto y medio plazo, y si este es lo suficientement importante fente al coste de la tecnología. El análisis metódico de su eficacia se enfrenta a la limitación que el propio recién nacido plantea para ser sometido a estudios prospectivos de eficacia y la baja reproducibilidad de los realizados en estudios en adultos (23). Es evidente que la tecnología ayudará a conocer de manera más clara el estado fisiológico y la respuesta a la enfermedad y a los tratamientos. Los sistemas de monitorización adaptados al recién nacido y no la necesidad de adaptar al recién nacido a estos sistemas es un avance importante en respuesta al elevado coste que supone cualquier tecnología nueva aplicada a una población hospitalaria escasa. La limitación de los recursos no ha de primar en la rentabilidad que la innovación tecnologica pueda suponer. Desde la monitorización no invasiva de constantes vitales en registro mantenido de tendencias hasta los sistemas invasivos de medición de presiones vasculares y gasometría continua que evitan la continua manipulación del paciente pasando por la gestión informatizada de la recogida de datos biológicos y resultados analíticos son sistemas que ya están demostrando su eficacia. Al otro lado de la balanza está el riesgo de una invasión tecnológica que basada en los avances pueda suponer una agresión del paciente, un derroche de medios o una dispersión de recursos. En este sentido una gestión racional de la asistencia especializada con especial énfasis en una política de aplicar aquella tecnología que haya demostrado su eficacia en mejorar la calidad asistencial o el pronóstico ha de ser prioritaria.

En nuestro medio ha sido práctica poco frecuente la colaboración entre diferentes centros sanitarios y de investigación para la realización de estudios multicéntricos. Recientemente y bajo el auspicio de la Sociedad Española de Neonatología se han constituido diferentes grupos de trabajo que en áreas concretas (infecciones, asistencia respiratoria, retirada de soporte vital…) que están desarrollando una importante labor al concentrar esfuerzos y reducir tiempos en obtener resulados en estudios bien diseñados con grupos amplios de población.

 Es de esperar que cada vez sean más los estudios realizados bajo el auspicio de sociedades científicas y con grupos amplios de pacientes donde estén involucrados la mayoría de los centros sanitarios que tratan a recién nacidos y sean menos los trabajos que reflejen aspectos anegdóticos o de escaso interés (24).

 

Nuevos enfoques en la asistencia neonatal

            Hoy la enseñanza de la Neonatología no debe de entenderse sólo desde el ámbito de los avances científicos y de la tecnología aplicada a ésta. En Neonatología se presentan con demasiada frecuencia situaciones complicadas donde sólo una sólida formación puede garantizar que se tomen las decisiones correctas. Un aspecto clásico es la reanimación neonatal. Por las connotaciones que presenta, la reanimación en la sala de partos es algo más que conocer una serie de maniobras protocolizadas de fácil aprendizaje. Por ello y frente a la proliferación de cursos de enseñanzas técnicas, la formación en Neonatología debe de ofrecer una sólida base no sólo en conocimientos científicos y técnicas sino en ética en la toma de decisiones, análisis de las situaciones de riesgo en colaboración con los especialistas en obstetricia y actitud clara de comunicación con los padres ante situaciones que afectan a la calidad de vida del recién nacido. 

Es muy probable que se hayan alcanzado los límites de viabilidad de vida extrauterina, situandose estos por encima de la 22 semana de edad gestacional y los 500 gramos de peso al nacimiento, aún cuando los casos de supervivencia entre las semanas 23 y 24 son anegdóticos y con un porcentaje de secuelas graves elevado, en la mayoría de los centros se opta por intervenir con reanimación profunda al nacimiento cumplidas las 25 semanas de gestación. No podemos olvidar que el incremento en la supervivencia de estos recién nacidos extremadamente inmaduros ha de ir  de la mano de una reducción en la tasa de secuelas de los supervivientes, o al menos no debe de incrementarla (25). También es útil recordar que en el cuidado del recién nacido enfermo ha de tenerse en cuenta el cuidao de su agonía de de su muerte, aspectos éstos que deben de tratarse con mayor naturalidad en el ambiente sofisticado de nuestras unidades (26).

 

Neonatología fuera del hospital

La mejoría de las condiciones socioeconómicas y generalización de la asistencia sanitaria de calidad en nuetro medio ha contribuido a que los recién nacidos que inicialmente precisaban un ingraso hospitalario por bajo peso puedan ser dados de alta a sus domicilios de una manera precoz. No sólo son evidentes las ventajas de los programas que ya han demostrado su eficacia en el alta precoz, tanto en aspectos relacionados con el desarrollo de los recién nacidos y la participación de la familia sino en el descenso de los costes hospitalarios. Por ello la generalización de la asistencia sanitaria ambulatoria de calidad en nuetro medio facilita no sólo el alta precoz sino el seguimiento y el inicio de programas de rehabilitación y recuperación de secuelas. Una mejor integración del área sanitaria en la asistencia hospitalaria ayudará a mejorar la calidad en el seguimiento (27).

Subespecialidad de Neonatología

Finalmente, este será con seguridad el siglo en el que comience de forma oficial la formación vía MIR de una subespecialidad como es la Neonatología que nace ante la natural necesidad de profundizar en los conocimientos médicos de una época de la vida específica, dinámica y aún en gran medida desconocida (28). Ha sido el trabajo de muchos neonatólogos del siglo que termina el que ha dado como fruto conseguir este reto. Será labor de todos, que la formación de los nuevos neonatólogos tenga como objetivo la calidad asistencial que la sociedad demanda.

Una Neonatología moderna se ha de basar en la alta cualificación de los profesionales que trabajan con el recién nacido, asegurar una asistencia de calidad para todos los recién nacidos de riesgo donde la optimización de recursos se base en la regionalización de la asistencia especielizada y un sistema de transporte ante y postnatal adecuados. Una mejor integración del área sanitaria en la asistencia más humanizada, donde los niños estén en hospitales para niños, atendidos por especialistas en niños y la familia sea incorporada al hospital de una forma natural.


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