ETIOPATOGENIA DE LA TALLA BAJA IDIOPÁTICA  

M. Pombo Arias , L. Castro Feijóo, J.Barreiro Conde, C.Quinteiro García*, P.Mosteiro Cerviño, R.Castro, J.M.Pérez Gallego**, G.González Lorenzo***, L.García Alonso**, D.González Lestón****, A.Buceta Castiñeiras*****

Unidad de Endocrinología, Crecimiento y Adolescencia, Unidad de Medicina Molecular*, Facultad de Medicina, Hospital Clínico Universitario, Santiago de Compostela; Servicio de Pediatría, Hosp. Juan Canalejo**, La Coruña;  Servicio de Pediatría, Hosp. Provincial***, Pontevedra; Servicio de Pediatría,  Hosp. Xeral Cíes****, Vigo; Centro de Salud de Cambados*****, Pontevedra..

 

Aquellos niños en los que se descarta una enfermedad orgánica , un trastorno hormonal o un síndrome reconocido como causa de talla baja son clasificados de muy diferentes formas en la literatura. Dos denominaciones de uso muy frecuente son las de talla baja familiar (TBF) y retraso constitucional del crecimiento y del desarrollo (RCCD). La primera designación implica que la talla del niño se corresponde con el potencial genético de su familia, mientras que la segunda se ha empleado generalmente para aquellos casos de talla baja que se acompañan de un retraso significativo en la maduración del hueso. Varios problemas surgen con estas definiciones (1). En primer lugar, con frecuencia aparecen en la literatura mal especificadas y los autores pueden tener diferentes interpretaciones en relación con lo que representa un retraso significativo en la edad ósea cuando se refieren al RCCD. Segundo, muchos niños con talla baja pueden presentar una combinación de ambas situaciones. Tercero, el RCCD implica que se va a producir un retraso de la pubertad algo que sólo se podrá confirmar habitualmente bastantes años más tarde. Otros términos usados para identificar niños con talla baja en los que no se puede reconocer una causa son: variante normal de talla baja, retraso en la maduración, talla baja no debida a déficit de hormona de crecimiento (GH) y talla baja idiopática (TBI) (1). Recientemente en una reunión de consenso de pediatras endocrinólogos se propuso utilizar este último término genérico para referirse a todas aquellas situaciones de talla baja por debajo de 2 DS para edad, sexo y una población determinada que cumplieran los siguientes criterios (2): a) talla normal al nacimiento; b) proporciones corporales normales; c) ausencia de enfermedad crónica orgánica, endocrinopatía o trastornos psicoafectivos; d) nutrición adecuada, y e) con un tiempo de crecimiento o maduración que puede ser normal o lento (Tabla 1).

 El mismo grupo también propuso clasificar a los niños con talla baja idiopática en función de dos criterios:

a)     Antes de la pubertad, dependiendo de si la talla del paciente se encuentra dentro o por debajo del rango genético o diana; se le denominaría  talla baja familiar o no familiar, respectivamente.

b)     Después del inicio de la pubertad, además, dependiendo de si presentaron la pubertad a su hora o con retraso. De acuerdo a dicha propuesta, la talla baja familiar y la no familiar podían asociarse con una pubertad normal o retrasada.

Ateniéndonos a esta nueva clasificación los niños con talla baja por debajo del rango genético e inicio de la pubertad retrasada representarían lo que clásicamente se conoce como RCCD y los niños con talla baja dentro del rango genético y pubertad normal serían del grupo de TBF clásico (Tabla 2).

 La anterior clasificación puede considerarse interesante para emplearla con fines analílticos. Desde el punto de vista de su utilidad en la práctica clínica no resulta de fácil aplicabilidad dado que la definición de TBF requiere de complejos cálculos (1).

Durante los últimos años se han puesto en marcha múltiples ensayos clínicos con agentes promotores del crecimiento en niños con TBI, observándose muy dispares resultados a talla final. En la actualidad para poder valorar tales resultados disponemos de gráficas de niños con TBI no tratados, comparándolos con los de Tanner (3).

 

ETIOPATOGENIA

 La talla baja idiopática, como el propio nombre indica, no tiene una causa conocida. Es lógico pensar que cualquier alteración en los factores que regulan el crecimiento (genéticos, nutricionales, hormonales o del órgano diana/cartílago de crecimiento) pueda condicionar una talla baja persistente. Por ello, es verosimil pensar que bajo el epígrafe de idiopático estemos incluyendo entidades etiológicamente distintas, pero por ahora inseparables ante la falta marcadores fiables. Por lo que respecta a la secreción de GH, ha sido ampliamente valorada en los niños con talla baja y parece que puede concluirse que detrás de la TBI no existe un trastorno que justifique la alteración del crecimiento (4,5).

 La secreción de GH va a actuar a través de complejas interacciones dentro del eje GH-IGF-1, que implican al receptor de GH (RGH), proteína transportadora de GH (GHBP), IGF-1 y al menos seis proteínas transportadoras de IGF. Alteraciones del eje GH-IGF-1 pueden encontrarse en niños con TBI.

 La descripción realizada en 1996 por Laron de un síndrome con características fenotípicas clínicas identicas a la deficiencia de GH, pero con concentraciones elevadas de GH y con niveles bajos de IGF-1, fue el inicio de una serie de estudios destinados a describir selectivamente los principales efectos que la carencia de GH e IGF-1 tienen en el crecimiento y en el desarrollo del ser humano (6). La insensibilidad a la hormona de crecimiento (IGH) se define como primaria o secundaria, esta última causada por diversas circunstancias que afectan a los diversos pasos en la vía de enlace de GH hasta la acción de IGF-1 (7) (Tabla 3).

 De las posibles causas de IGH primaria listadas, la alteración de RGH es con mucho la más frecuente, con más de 250 casos conocidos. Esta situación, inicialmente descrita por Laron en 1996, se le conoce también actualmente como insensibilidad clásica a la GH. Estudios moleculares han demostrado más de 30 mutaciones del gen del receptor, una de ellas descrita recientemente por nosotros (8). Análisis de genotipo/fenotipo sugieren que ni la clase ni el lugar de la mutación pueden predecir la severidad de la enfermedad que es heterogénea en cuanto a genética clínica y bioquímica. Al estudiar en todos su espectro a los síndromes de insensibilidad a la GH podría sugerirse una hipótesis simple: puede correlacionarse de manera directa el grado de insensibilidad a la GH con los niveles séricos de ésta (9). En este abanico de pacientes afectados estarían en un extremo los niños con déficit completo de GH, altamente sensibles a la administración de ésta, y en el otro, los niños con síndrome de insensibilidad clásica a la GH (IGH clásica), los cuales presentarían una secreción adecuada (o aumentada) de GH con una marcada insensibilidad a su acción . A partir de esta hipótesis se sugiere la existencia de un estado clínico intermedio entre los sujetos normales y los pacientes con IGH clásica, los cuales presentarían una insensiblidad parcial a la GH (IGH parcial) (9).

 Un grupo de autores  americanos (10) estudió moleculármente el gen del RGH en 14 niños con TBI y con niveles bajos de GHBP y de IGF-1. En cuatro encontraron una situación de alteraciones genéticas de RGH en heterocigosis. Estos datos apoyaban, por lo tanto, que dentro de esta situación algunos pacientes presentaban criterios bioquímicos y moleculares de una IGH parcial. Resulta importante resaltar que en un caso aunque la madre presentaba la misma mutación su talla era normal. Esto sugiere que, por lo menos en algunos pacientes, si bien estas mutaciones tienen una importancia funcional, su penetrancia debe estar influenciada por otros factores (9). Más recientemente, el mismo grupo amplió el estudio del gen de RGH a 100 niños con TBI (11). El número total de mutaciones encontradas fue de ocho, pero de ellas, sólo dos fueron nuevas en relación con los hallazgos previos. A las seis mutaciones anteriores habría que añadir tres más, de las cuales dos no comunicadas hasta el presente corresponden a nuestro grupo y otra ya descrita y observada por nosotros en un paciente con síndrome de Costello (12,13). Por otro lado, debemos destacar las observaciones de Ayling y colaboradores (14), y de Iida y colaboradores (15) quienes identificaron una mutación en heterocigosis a nivel del intrón 8 y 9 respectivamente, en las que análisis funcionales han evidenciado que el alelo mutante es capaz de afectar la funcionalidad de RGH (16). Estos casos proporcionan un evidencia clara de que mutaciones en heterocigosis del gen de RGH pueden causar talla baja e IGH parcial. Se considera que este tipo de alteración podría observarse en un 5% de los pacientes con TBI (12). En la figura 1 se representan las mutaciones observadas por nuestro grupo y en la figura 2 todas las comunicadas hasta el presente.

 El mejor conocimiento del sistema IGF-IGFBPs ha llevado a especular con la posibilidad de que trastornos en la síntesis o en la actividad de los IGF e IGFBP puedan ser responsables de situaciones de baja talla de causa no explicada. De hecho, se han descrito algunos casos de resistencia a la IGF-1 en talla baja idiopática, aunque sólo en uno se demostró la resistencia tisular (17). Hasta la actualidad únicamente se ha podido demostrar un caso con delección del gen del IGF-1 que cursaba con talla baja importante, retraso de crecimiento intrauterino, sordera neurosensorial y retraso mental moderado (18). En este paciente se observó la delección de los exones 4 y 5, y estaba presente el polimorfismo en homocigosis D12S346; este úlitmo también se observó en los padres en heterocigosis. Un hecho intrigante lo constituyó la talla baja de los padres y unos niveles de IGF-1 en los límites de la normalidad. El hallazgo de un rasgo heterocigótico del gen IGF-1 podría indicar que este genotipo podría se prevalente en la población de niños con talla baja idiopática, tal como se plantea para los defectos heterocigóticos del RGH.

 La más reciente posibilidad que nos podría permitir precisar una nueva causa condicionante de talla baja en el grupo de pacientes hasta ahora catalogados de idiopáticos, podría venir dada por la identificación de un nuevo gen denominado SHOX (Short Stature Homeobox- Containing gene) (19). Este gen se encuentra en un segmento de ADN de 170 Kb correspondiente a PAR 1, una región pseudoautosómica localizada en el extremo de los brazos cortos  de los cromosomas X e Y (Figura 3) (20). Rao y colaboradores (19) en 1 de 91 sujetos normales con talla por debajo del percentil 3 encontraron una mutación en SHOX (cambio de citosina por timina en el codón 674) que dio lugar a un codón  de terminación en el aminoácido 195 y, por lo tanto, generador de una proteína truncada. Esta misma mutación estaba presente en todos los miembros de la familia del sujeto afectado que presentaban talla baja. Se considera que en los niños con talla baja de causa no explicada, especialmente cuando se asocian desproporciones del esqueleto de escasa significación , se debería considerar realizar análisis genético del SHOX (21)

Por último cabe señalar que la identificación de mutaciones del receptor del factor de crecimiento derivado de fibroblastos (FGFR) como causante de múltiples displasias del esqueleto humano, ha llevado a considerar que mutaciones de otros factores de crecimiento o de sus respectivos receptores podrían ser detectados en el futuro en niños diagnosticados en la actualidad de talla baja idiopática.

 

Agradecimiento: Trabajo realizado con ayudas del Fondo de Investigaciones Sanitarias, Ministerio Español de la Salud; laboratorios Pharmacia & Upjohn, Novo Nordisk Pharma y Fundación Salud 2000.


FIGURAS

Figura 1. Mutaciones en heterocigosis en el gen del RGH encontradas por nuestro grupo.

Figura 2. Mutaciones en heterocigosis en el gen del RGH que han sido descritas hasta el presente.

Figura 3. Clonación del gen SHOX en la región psuedoautosómica (PAR 1) del cromosoma X e Y (19).


BIBLIOGRAFÍA

1.     Cowell CT, Craig ME, Ambler GR. Use of growth hormone in idiopathic short stature; in Hindmarsh PL (ed): Current Indications for Growth Hormone Therapy. Bassel, Karger, 1999, pp 68-86.

2.     Ranke MB. Towards a consensus on the definition of idiopathic short stature. Horm Res 1996; 45 ( Suppl.2 ): 64-66.

3.     Rekers-Mombuy LT, Wit JM, Massa GG, Ranke MB, Buikler JM, Butenandt O, Chaussain JL, Frish H, Lieberman E: Spontaneous growth in idiopathic short stature. European Study Group. Arch Dis Child 1996; 75: 175-180.

4.     Rogel AD, Breen TJ, Attie KM: National Cooperative Growth Study substudy.II. Do growth hormone levels form serial sampling add important diagnostic information? J Pediatr 1996; 128: S42-S46.

5.     Rose SR, Municchi G, Barnes KM, Cutler GB Jr: Overnight growth hormone concentrations are usually normal in pubertal children with idiopathic short stature- A Clinical Research Center Study. J Clin Endocrinol Metab 1996; 81: 1063-1068.

6.     Rosenbloon AL, Rosenfelf RG, Guevara-Aguirre J. Growth hormone insensitivity. Pediatr Clin N A 1997; 44: 423-440.

7.     Savage M, Rosenfeld R. Growth hormone insensitvity: a proposed revised classification. Acta Paediatr 1999; Suppl 428: 147.

8.     Quinteiro C, Loidi L, Domínguez F, Barreiro J, Pombo M. A novel mutation affecting the first methionine of the growth hormone receptor in a patient with GH insensivity syndrome. Horm Res 1999; 51 (suppl 2): 46.

9.     Johnston LB, Savage MO. Partial growth hormone insensivity. J Pediatr Endocrinol Metab 1999; 12: 251-257.

10.  Goddard AD, Covello R, Shiuh-Ming Luoh Ms, Tim Clackson PD, Attie KM, Gesundheit N, Amy Chen Rundle MS, Wells JA, Carlsson LMS, for the Growth Hormone Insensitivity Study Group. Mutations of the growth hormone receptor in children with idiopathic short stature. N Engl J Med 1995; 333: 1093-1098.

11.  Goddard AD, Dowd P, Chernausek S, Geffner M, Gertener J, Hintz R, Hopwood N, Kaplan S, Plotnick L, Rogol A, Rosenfield R, Saenger P, Mauras N, Hershkopf R, Angulo M, Attie K. Partial growth-hormone insensitivity: the role of growth-hormone receptor mutations in idiopathic short stature. J Pediatr 1997; 131: S51-55.

12.  Sánchez JE, Perera E, Baumbach L, Cleveland WW. Growth hormone receptor mutations in children with idiopathic short stature. J Clin Endocrinol Metab 1998; 83: 4079-4083.

13.  Castro R, Barreiro J, Quinteiro C, Dominguez F, Loidi L, Pombo M. Identification of a GHR mutation in Costello syndrome. 27th International Symposium GH and Growth Factors in Endocrinology and Metabolism. Niza, Abril, 1999.

14.  Ayling Rm, Ross R, Towner P, Laue SV, Finidori J, Moutoussamy S, Buchanan CR, Calyton PE, Norman MR. A dominant-negative mutation of the growth hormone receptor causes familial short stature. Nature Genet 1997; 16:13.

15.  Iida K, Takahashi, T, Kaji H, Wose O, Okimura Y, Abe H, Chihara K. Growth hormone (GH) insensivity syndrome with high serum GH-binding protein levels caused by a heterozygous splice site mutation of the GH receptor gene producing a lack of intracelular domain. J Clin Endocrinol Metab 1998; 83: 531-537.

16.  Ross RJ, Esposito N, Shen XY, Von Laue S, Chew SL, Dobson PR, Postel-Vinay MC, Finidori J. A short isoform of the human growth hormone receptor functions as a dominant negative inhibitor of the full-length receptor and generates large amounts of binding proteins. Mol Endocrinol 1997; 11: 265-273.

17.  Jain S, Golde DW, Bailey R, Geffner ME. Insulin-like growth factor-I resistance. Endocr. Rev 1998; 19: 625-646.

18.  Woods KA, Camacho-Hübner C, Savage MO, Clark AJL. Intrauterine growth retardation and postnatal growth failure associated with deletion of the insulin-like growth factor I gene. N Engl J Med 1996; 335: 1363-1367.

19.  Rao E, Weiss B, Fukami M, Rump A, Niesler B, Mertz A, Muroya K, Binder G, Kirsch S, Winkelmann M, Nordisiek G, Heinrich U, Breuning MH, Ranke MB, Rosenthal A, Ogata T, Rappold GA. Pseudoautosomal deletions encompassing a novel homeobox gene causa growth failure in idiopathic short stature and Turner syndrome. Nature Genet 1997; 16: 54-63.

20.  Zinn AR. Growing interest in Turner Syndrome. Nature Genet 1997; 16:3-4.

21.  Binder G, Schwarze, Ranke MB. Identification of short stature caused by SHOX defects and therapeutic effect of recombinant human growth hormone. J Clin Endoncrinol Metab 2000; 85: 245-249.

 

 

 

 

Figuras 1 y 2

 

 

 

 

Figura 3

 

 

 

 

 

 

 

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