Uso racional de antibióticos en las infecciones pediátricas prevalentes en la Comunidad

 

 

Dr. Raúl González Montero

 

Servei de Pediatria. Hospital Sant Joan d'Alacant

 

 

            Los médicos formamos parte de la denominada comunidad científica y puede por ello resultar extraño el título mismo de esta ponencia puesto que la racionalidad se nos supone. Desgraciadamente en cuanto al uso de antibióticos en la práctica diaria estamos muy lejos de seguir unos criterios científicos. Si individualmente preguntáramos a cada médico su opinión sobre la etiología de un determinado proceso con características de afección viral, en una mayoría de los casos el médico estaría convencido del citado origen viral; si le preguntáramos sobre la posible utilidad del uso de antibióticos en este proceso probablemente estaría convencido de la inutilidad de esta terapia. ¿Por qué, entonces, se utilizan en nuestro país masivamente antibióticos en procesos de manifiesto origen viral?.

            Es necesario analizar las consecuencias de esta sobreutilización, a saber:

1)     Posibilidad de efectos secundarios, anfilaxia u otros

2)     Incremento del gasto

3)     Selección de cepas resistentes

            De entre estos problemas, el de más graves consecuencias es el tercero, por no restringirse únicamente al individuo concreto que hace el mal uso, sino que esas cepas resistentes se diseminan y afectan al conjunto de la comunidad. Un ejemplo claro de las consecuencias deletéreas del sobreuso de antibióticos podemos verlas en la evolución del patrón de resistencias en una bacteria que es uno de los agentes más frecuentes en la producción de patología respiratoria en el niño: el neumococo. Este organismo ha sido considerado como uniformemente sensible a la hasta 1967, cuando se aisló la primera cepa con un aumento de resistencia a la penicilina, con unas CMI de 0,1 a 1 mg/mL. En 1977 se aislaron cepas de neumococos con CMI de 2 a 10 mg/mL y consecuencias mortales1. Algunas patologías producidas por neumococos con resistencias intermedias a penicilina (CMI de 0,1 a 1 mg/mL) pueden responder dosis parenterales elevadas pero otras, especialmente la meningitis, requiere un el uso de agentes alternativos. Si en un principio la aparición de neumococos resistentes podía considerarse, desde una óptica equivocada, un fenómeno local con altas tasas de resistencia en lugares tan aparentemente alejados como España o Sudáfrica, la evolución del patrón de resistencias ha confirmado la naturaleza transnacional de este problema. En España en 1991 en un estudio sobre 2.198 muestras de neumococo causantes de enfermedad invasiva a lo largo de un periodo de 11 años se puede observar un incremento en la tasa de cepas resistentes a la penicilina, de 6 un % in 1979 a un 44% en 19892. Se han publicado resistencias en todo el mundo, con resistencias globales a la penicilina de un 25 % en Kenia3 o un 29 % en Hong Kong4, o un 16 % en Colombia5. En infecciones muy frecuentes en pediatría como otitis media o sinusitis, en un estudio sobre 71 aislamientos de neumococo con resistencia a penicilina se detectó un 56 % con resistencia parcial y un 44 % con resistencia elevada6. El problema afecta a múltiples bacterias, como  Moraxella catarrhalis, Haemophilus influenzae, donde aún disponemos de alternativas y alcanza proporciones dramáticas como en el caso de enterococos resistentes a vancomicina o tuberculosis multirresistentes donde no hay tratamiento eficaz disponible. Ha sido el uso indiscriminado de antibióticos lo que ha conducido a la aparición y diseminación de gérmenes resistentes. Datos a gran escala tomados del Centro Nacional de Estadísticas Sanitarias de EE.UU.7 indican que el 75 % de los pacientes vistos en consulta externa por infecciones del tracto respiratorio superior, cuya etiología es mayoritariamente viral, fueron tratadas con antibióticos.

Hasta ahora habitualmente la consideración más extendida era que la utilización de un antibiótico podía tener consecuencias, desde el punto de vista de la generación de resistencias, afectaba a la comunidad sin que se tuviera conciencia del posible efecto en el individuo, así desde una óptica bastante insolidaria se prefería un consumo que aportaba supuestos beneficios aunque no fuera muy ortodoxo. Hoy sabemos que en un paciente determinado el uso de antibióticos selecciona cepas resistentes que constituyen un aumento del riesgo para ese mismo paciente de padecer infecciones invasivas por los gérmenes seleccionados8.

Del mismo modo que el sobreuso genera la diseminación de cepas resistentes, la disminución de la utilización de un antibiótico revierte el proceso. En Japón en 1974 un 62 % de los Streptococcus pyogenes era resistente a la eritromicina en un contexto en el los macrolidos representaban el 22 % del total de antibióticos; en 1988, cuando los macrólidos suponían el 8 % del consumo de antibióticos, menos del 2 % exhibían resistencia a la eritromicina9.

En enero de 1998 los Centers for Disease Control y la American Academy of Pediatrics patrocinaron la publicación de una serie de artículos reunidos bajo el epígrafe Pricinciples of judicious use of antimicrobial agents for pediatric upper respiratory infections 10, en un intento de racionalizar el uso de antibióticos, con un mensaje claro:

La  disminución  del uso de antibióticos no debe sólo apoyarse porque suponga un beneficio para la sociedad en su conjunto sino porque el uso innecesario de antibióticos aumenta el riesgo individual del paciente de padecer infecciones originadas por gérmenes resistentes. A lo largo de estos artículos se proporciona evidencia científica que permite al médico reducir el uso de antibióticos sin comprometer la salud del paciente. Para conseguir este objetivo es un pilar básico la educación del paciente. En numerosas ocasiones el médico justifica el uso de antibióticos en situaciones de dudosa indicación porque se siente presionado por unas supuestas expectativas del paciente en cuanto a prescripción de medicamentos, no obstante cuando se dedica tiempo a hablar con el paciente o sus mayores y explicar en un lenguaje comprensible los mecanismos de producción de la enfermedad y su probable evolución la reacción suele ser positiva.

Del mismo modo, el médico debe ser capaz de resistir la formidable presión de la industria farmacéutica y sus incesantes recomendaciones de utilización de antibióticos de amplio espectro dirigidos a patologías que en su mayoría son de origen viral o producidos por un grupo reducido de bacterias y alejándose del principio básico de la infectología de utilizar siempre que sea posible el antibiótico de menor espectro.

La consecución del objetivo de una reducción segura para el paciente del uso de antibióticos pasa por la difusión permanente de este mensaje a todos los médicos y muy especialmente a aquellos pediatras de atención primaria que es donde más incidencia puede tener esta medida. A continuación se van a repasar algunas de las patologías infecciosas de vía respiratoria en pediatría mostrando la evidencia que permite una reducción segura del empleo de antibióticos.

 

Uso racional de antibióticos en la otitis media  adquirida en la comunidad

La otitis media aguda (OMA) constituye una de las principales  indicaciones de prescripción de antibióticos en atención primaria en pediatría. Indudablemente esto es consecuencia de un sobrediagnóstico que conduce a una sobreprescripción, que al aumentar la presión sobre la población bacteriana selecciona cepas y favorece la diseminación de resistencias. El primer paso a dar es una identificación de aquellos pacientes que realmente se beneficiarán de un tratamiento antibiótico; se ha calculado que la identificación de aquellos pacientes que no requieren  antibióticos ahorraría 8 millones de tandas anuales (EE.UU.). Una estrategia adecuada es diferenciar cada episodio bien como otitis media aguda (OMA) o bien como otitis media con exudado (OME), aunque a veces la frontera visual entre ambos procesos pueda estar difuminada. Conviene definir ambos procesos:

1)OMA: presencia de líquido en oído medio acompañada de signos o síntomas de enfermedad local o sistémica; los antibióticos están indicados en este proceso.

2) OME: presencia de líquido en oído medio que no se acompaña de  signos o síntomas de infección aguda; en este supuesto los antibióticos pueden diferirse de manera segura.

Es importante fijar unos criterios esenciales que permitan el diagnóstico de OMA, así se admite que sin la presencia de  exudado en oído medio no es posible hacer el diagnóstico. Debe utilizarse la neumootoscopia, que valora la posición, el color la turbidez y la movilidad de la membrana timpánica puesto que la otoscopia simple es incapaz de valorar la movilidad timpánica. Los siguientes signos locales apoyan el diagnóstico de OMA:

Exudado originado en oído medio

Membrana timpánica abombada con exudado blanco o amarillo en su parte interna

Membrana claramente enrojecida

El dolor de oído, o el signo del trago apoyan el diagnóstico, aunque no son exclusivos de este proceso; la fiebre debe acompañarse de algún signo tales como enrojecimiento del tímpano o dolor para que pueda ponerse en relación con un exudado en oído medio11. Es importante la valoración de otros signos o síntomas que sin ser específicos, pueden acompañar a la OMA como vómitos, cefalea, tos, anorexia, o diarrea.

Los antibióticos están indicados en la OMA, aunque no está estandarizados ni la duración del tratamiento ni el antibiótico de elección. El beneficio en cuanto a resolución de síntomas es pequeño pero estadísticamente significativo12. La diferencia entre los distintos antibióticos son demasiado pequeñas para detectarse.

Si analizamos algunos de los estudios publicados vemos que la OMA no complicada puede tratarse con tandas de 5 a 7 días en determinados pacientes: un estudio13 en 719 pacientes muestra una eficacia semejante del tratamiento con cefuroxima-axetilo durante  5 días frente al tratamiento más ampliamente utilizado con cefuroxima-axetilo o amoxicilina-clavulánico durante 10 días. Incluso hay estudios que equiparan una dosis única de ceftriaxona i.m., que mantiene niveles terapéutico en oído medio al cotrimoxazol o a la amoxicilina durante 10 días, sin que quiera esto decir que sea ésta una terapia recomendable en nuestro medio. Las pautas de tratamiento corto sólo han sido bien ensayadas en pacientes carentes de factores de riesgo; no deben utilizarse en otitis grave o complicada ni en menores de 2 años. El curso corto (5 - 7 días) ofrece una serie de ventajas como una menor presión selectiva sobre la población bacteriana en el individuo y la comunidad y reflejan más la realidad de aplicación del tratamiento, pues los padres con frecuencia suspenden la medicación cuando se produce una mejoría, facilitando así el cumplimiento.

            Los antibióticos no están indicados en el tratamiento inicial de la OME y en la mayoría de los casos pueden diferirse con seguridad. El exudado persistente en oído medio tras una OMA es esperable y no requiere retratamiento con resolución espontánea. El 65 % de OME se resuelven espontáneamente antes de 3 meses, llegando al 90 % si se observa tras un episodio de OMA. Si bien es cierto que un gran metanálisis14 mostraba: una ligera evidencia que apoyaba el tratamiento, se requerían 7 niños tratados para obtener beneficio en uno y es más,  la diferencia entre placebo y antibióticos desaparecía si la evaluación se realizaba un mes después de finalizar el tratamiento.

 

Uso racional de antibióticos en el catarro común

La mayoría de niños sufren entre 3 y 8 catarros al año y probablemente más de la mitad reciben antibióticos por estos procesos; se pueden evitar antibióticos innecesarios reconociendo los signos síntomas característicos como rinorrea, dolor de garganta, tos o fiebre. Debe entenderse que la rinitis mucopurulenta que acompaña con frecuencia al catarro común (CC) es parte de la su historia natural. Asimismo la evidencia sugiere que el CC habitualmente incluye enfermedad sinusal (rinosinusitis). La rinosinusitis y la rinitis mucopurulenta son casi siempre virales y los antibióticos no alteran ni la evolución ni el desenlace. Algunos médicos recetan antibióticos para prevenir complicaciones bacterianas no siendo ésta no es una estrategia eficaz; en un metanálisis de 5 estudios aleatorizados15 no aparece evidencia alguna  que el uso de antibióticos prevenga las infecciones respiratorias bajas.

 

Uso racional de antibióticos en la faringoamigdalitis

 

La mayoría de los episodios de faringitis son de origen viral sin que haya hallazgos clínicos que diferencien fiablemente los episodios bacterianos. Con mucha diferencia, el Streptococcus pyogenes (SP) es la primera causa bacteriana, suponiendo el 15 % de todos los casos y es en la única bacteria que hay que pensar a la hora de plantearse el tratamiento antibiótico de una faringitis. Los virus originan la mayoría de los episodios e incluso entre aquellos con fiebre y exudado faríngeo, el SP es responsable de una minoría de casos; en un estudio que evaluaba 110 episodios de niños con fiebre y exudado16, se aisló SP en el 12 % acentuándose el predominio viral se acentuó menores de 3 años. Existen una serie de elementos que apoyan el origen estreptocócico de la faringitis, como son dolor faríngeo, odinofagia, fiebre, linfadenopatía dolorosa cervical anterior y la faringe eritematosa con exudados en placas pero estos signos y síntomas ni son ni sensibles ni son específicos de infección por SP y el diagnóstico basado exclusivamente en impresión clínica y lleva a una sobreestimación. El diagnóstico de faringitis por SP debe hacerse en base a resultados de tests de laboratorio adecuados en conjunción con hallazgos clínicos y epidemiológicos y no se deben dar antibióticos un niño con faringitis en ausencia de una infección diagnosticada por SP  u otra bacteria. El método diagnóstico preferible es el cultivo de frotis faríngeo; son aceptables los tests de detección de antigénica.

En cuanto a qué antibiótico elegir es importante tener en cuenta que el SP sigue siendo universalmente sensible a la penicilina, mientras que se han documentado múltiples resistencias a macrólidos, consecuencia de un uso indiscriminado de estos antibióticos y en aquellos lugares en que uso de macrólidos ha disminuido también han disminuido las resistencias9. Una penicilina sigue siendo el tratamiento de elección en tratamiento de la faringitis por SP. La penicilina es segura, tiene espectro estrecho y barata; una alternativa aceptable es la amoxicilina con un coste similar y mejor palatabilidad aunque tiene mayor espectro, ejerciendo por ello mayor presión sobre la población bacteriana. Con 10 días de tratamiento se obtiene un 90 % de curación clínico bacteriológica17. Tandas más cortas pueden ser menos eficaces. Las cefalosporinas muestran una tasa ligeramente más alta de erradicación lo que quizá expresa el tratamiento de portadores; si tenemos en cuenta que los portadores tienen muy bajo riesgo de padecer fiebre reumática y muestran muy baja capacidad de transmisión,  la netamente mayor presión selectiva de estos antibióticos y el sobrecoste que supone su uso, se entiende que no está justificada su utilización.

El tratamiento con antibióticos iniciado precozmente es eficaz para prevenir la fiebre reumática puede prevenir complicaciones supurativas, conduce a una resolución más rápida,  previene la diseminación de la infección, así debe iniciarse el tratamiento tan pronto el diagnóstico esté apoyado por el laboratorio. No hay evidencia de que el tratamiento inmediato ofrezca mayor beneficio clínico que el simple tratamiento sintomático y no hay evidencia que disminuya las recurrencias ni que sea necesario para prevenir la fiebre reumática. Sin embargo si puede tener algunas consecuencias negativas el inicio empírico de antibióticos como selección de bacterias resistentes, hipersensibilidad u otras reacciones adversas y el incremento del coste.

 

Uso racional de antibióticos en la bronquitis

            Habría que comenzar por decir que el término bronquitis no es un término afortunado pues es confuso y no refleja la definición patológica que supone una inflamación de la mucosa bronquial acompañada de una tos productiva. En general cuando se emplea este término la mayoría de médicos se refiere a algo que no es broncoespasmo, no es catarro común y no es una neumonía; en realidad corresponde a episodios agudos de tos (EAT) y no implica una no implica una etiología específica y la mayoría son autolimitados y virales, fundamentalmente parainfluenza, VRS e influenza. Si bien es cierto que la mayoría de los médicos reconocen el origen viral de la mayor parte de los EAT, existe una creencia extendida a pensar que la aparición de un esputo purulento supone etiología bacteriana; el esputo contiene células epiteliales, polimorfonucleares y elementos no celulares y es una respuesta inflamatoria inespecífica tanto a bacterias como a virus. En un estudio18 en que se analizan 72 episodios de bronquitis en niños de 5-15 años, sólo un 17 % contenía bacterias potencialmente patógenas y en un 50 % de éstas se aisló simultáneamente  un patógeno viral; se encontraron leucocitos en el 82 % de las muestras virales y en el 85 % de las bacterianas. Así debemos entender que en ausencia de signos físicos de neumonía, ni la producción de esputo ni su carácter, son predictivos de etiología bacteriana.

Algunos médicos usan la conjunción de fiebre y tos para diagnosticar bronquitis y prescribir antibióticos, sin embargo la fiebre es un componente esperado del EAT (bronquitis) y señala origen bacteriano ni es esperable beneficio alguno de la utilización de antibióticos. No obstante sigue dando lugar un número importantísimo de recetas de antibióticos al cabo del año. En un estudio realizado en EE. UU. sobre 1398 niños atendidos en consulta externa19, el 33 % recibió el diagnóstico de bronquitis y de éstos, el 88 % fue tratado con antibióticos. La evidencia nos dice que independientemente de la duración, los EAT raramente necesitan antibióticos. En un metanálisis de 6 estudios aleatorizados, hechos con grupo control en adultos, no se obtiene evidencia que apoye el uso de antibióticos20. Algunos médicos, reconociendo el probable origen viral de estos procesos piensan que puede “prevenirse” la sobreinfección bacteriana con la utilización de antibióticos; esto tampoco es así. Un metanálisis de 9 estudios concluye que los antibióticos no previenen ni disminuyen la gravedad de las complicaciones bacterianas subsiguientes a las infecciones respiratorias virales15. Por otra parte también hay algunos médicos que al prolongarse la tos deciden instaurar un tratamiento antibiótico. Sin embargo es necesario saber que la mayoría de los cuadros prolongados de tos son postinfecciosos, alérgicos o virales. La comprensión de que la tos puede persistir tras desaparecer el resto de la sintomatología y que esto forma parte de al menos el 20 % de los episodios ayudará a evitar el sobreuso de antibióticos.

 

Uso racional de antibióticos en la neumonía

            El último tema a tratar en cuanto al uso racional de antibióticos en infecciones pediátricas prevalentes es la neumonía. Este apartado, junto al que abría esta serie de consideraciones, la otitis media aguda, es en el que más justificado el uso de antibióticos, puesto que una proporción sustancial de los episodios estarán producidos por bacterias y es entre las infecciones respiratorias comentadas la única que ocasionalmente podría amenazar la vida. Existen una serie de peculiaridades que hacen que el tratamiento antibiótico empírico sea en este caso la norma y no la excepción. La primera consideración es la etiología. En el momento actual no disponemos de ningún test rápido, que como en el caso de la detección antigénica en las faringitis, nos pueda aportar información. En cuanto al hemocultivo, la norma aquí es sea negativo: en los 168 casos de neumonía en niños evaluados en un reciente estudio21 todos los hemocultivos fueron negativos. En cuanto a las pruebas invasivas como lavado broncoalveolar o punción transtraqueal se reservan para pacientes en situación comprometida o con evolución tórpida.

Así dado que la neumonía es frecuentemente bacteriana y que habitualmente no disponemos de información etiológica en un plazo razonable, nos basaremos en los datos epidemiológicos para elegir cuándo y con qué tratar, ciñéndonos en el presente comentario a la neumonía adquirida en la comunidad por un niño previamente sano. En el estudio comentado anteriormente21 se consiguió filiar menos de la mitad de los casos con diversas técnicas que incluyeron PCR (polymerase chain reaction), serología y cultivo viral; el 7 % se atribuyó a M. pneumoniae, el 6 % a C. pneumoniae, el 27 % a S. Pneumoniae y el 20 % a virus. Estos datos son congruentes con los un estudio europeo22 donde sobre 201 casos evaluados se diagnosticó infección bacteriana en el 51 % y viral en el 25 %;  con S. Pneumoniae en el 28 %, M pneumoniae en el 22 %, Chlamydia spp. en el 14%, H influenzae en el 6% y M catarrhalis en el 3%.  En ambos estudios21,22 el M pneumoniae sólo tuvo relevancia por encima de 5 años.

No hay criterios absolutos que nos permitan afirmar la etiología viral o bacteriana de una neumonía, aunque si hay elementos que orientan en una u otra dirección. Sugieren etiología bacteriana la fiebre elevada y de presentación repentina, la disminución del murmullo vesicular, la auscultación de un soplo tubárico, la imagen radiológica de condensación alveolar, la leucocitosis con neutrofilia y en niños algo mayores la localización del dolor costal. Sugieren etiología viral el mantenimiento de un buen estado general, la presencia de afectación en otras localizaciones (conjuntivitis, disfonía, diarrea, etc.), ausencia de neutrofilia y la fiebre de bajo grado. Sugiere M pneumoniae la presencia de un infiltrado intersticial bilateral en ausencia de leucocitosis. Con todo la edad es el mejor predictor de la etiología siendo la neumonía viral más frecuente por debajo de los 2 años23. La obtención de esputo y cultivo es útil para los niños mayores, siendo implanteable para los más pequeños23.

            En este punto debemos hacer una serie de consideraciones:

·       El neumococo es un agente frecuente en la neumonía infantil; debemos considerar su patrón de resistencias; en España actualmente hay resistencia intermedia o elevada a cefuroxima en el 46%, a la penicilina en el 37%, a los macrólidos en el 33%, a las aminopenicilinas en el 24%, a la cefotaxima en el 13% y a la ceftriaxona en el 8%. En la infección pulmonar con cepas de resistencia intermedia, la respuesta es buena aumentando las dosis de amoxicilina.

·       El M pneumoniae es un agente a considerar en mayores de 5 años; su curso es autolimitado y no suele poner en peligro la vida.

·       Los virus son especialmente prevalentes en menores de 2 años.

Con estas consideraciones trataremos la neumonía en pediatría en régimen ambulatorio, siempre que el estado general y la tolerancia oral lo permitan. La edad siempre ha sido uno de los límites que los pediatras hemos usado para decidir el ingreso; quizá un límite razonable sea el año de vida. El fármaco a utilizar sería o bien amoxicilina a altas dosis (90-100 mg / Kg /día), o bien amoxicilina-clavulánico a 40 mg / Kg /día + amoxicilina a 60 mg / Kg /día. En mayores de 5 años con patrón radiológico intersticial bilateral y ausencia de leucocitosis se pueden utilizar macrólidos. En aquellos pacientes que por su mal estado general o por intolerancia oral requieran ingreso hospitalario las opciones terapéuticas son cefotaxima a100 mg / Kg /día, ceftriaxona a 50 – 60 mg / Kg /día o amoxicilina-clavulánico a 100 mg / Kg /día, en los tres casos por vía intravenosa. En cuanto a la duración del tratamiento, se están ensayando tratamientos cortos con macrólidos24, pero teniendo en cuenta el patrón de resistencias del neumococo en nuestro país y la falta de estandarización de estos tratamientos parece algo prematuro recomendarlos de forma general, si bien son aceptables para pacientes individualizados.

En el paciente con ausencia de leucocitosis, menor de 2 años, fiebre de bajo grado, con afectación de otras mucosas, buen estado general, PCR < 4 mg / dL, y patrón intersticial es recomendableble la no utilización de antibióticos.

 

  

 

Referencias

 

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