AVANCES EN EL MANEJO DE LA  INFECCIÓN URINARIA

CORRELACIONES CLÍNICO-BIOLÓGICAS

 

Serafín Málaga Guerrero*, José Manuel Fernández Menéndez** y

Mª Angeles Diéguez Junquera***

 

 

 *Sección de Nefrología Pediátrica

*** Servicio de Inmunología

Hospital Central de Asturias. Universidad de Oviedo.

**Servicio de Pediatría.

 Hospital de Cabueñes. Gijón.

 

 

CORRESPONDENCIA:

Serafín Málaga Guerrero

Sección de Nefrología Pediátrica

Hospital Central de Asturias

Celestino Villamil, s/n. 33006-Oviedo

E-mail: smalaga@correo.uniovi.es

                

 

 

 

Expresividad clínica de la infección urinaria en la edad pediátrica.-

 

Con el término infección del tracto urinario (ITU) se define a una serie de síndromes clínicos cuyo denominador común es la constatación de un urocultivo positivo (1). Hasta la década de los 80, tanto en el niño como en el adulto, las ITU se catalogaban por su localización con la intención de recomendar diferentes actitudes diagnósticas (sobre todo en cuanto a estudios de imagen),  terapéuticas (manejo hospitalario o ambulatorio, tratamiento parenteral u oral y duración del mismo) y pronósticas (posibilidad o no de producir lesiones cicatrizales permanentes en el parénquima renal). De acuerdo con estas premisas se aplicaba el término pielonefritis cuando la inflamación afectaba al parénquima renal y se reservaba la denominación de cistitis para las ITU localizadas en la vejiga (2).

La experiencia acumulada en los últimos años ha confirmado la gran dificultad para determinar, a partir de datos clínicos, qué niños sufren ITU. Los signos clásicos de pielonefritis (fiebre, nauseas, vómitos y/o dolor lumbar) o cistitis (enuresis, polaquiuria, disuria y síndrome de urgencia-frecuencia miccional) presentes en niños mayores y adultos pueden no estar presentes o pasar desapercibidos en los pacientes más jóvenes. Aunque la clínica en los lactantes suele ser inespecífica, la fiebre sigue siendo el síntoma más frecuente, mientras que la irritabilidad, la dificultad para la alimentación, los vómitos y la diarrea se observan en menos del 50% de los casos.

Siguiendo las mismas directrices aplicadas a la patología del adulto, a finales de los 80 (3) se introdujeron en pediatría los términos de ITU complicada o de riesgo e ITU simple o no complicada. Estas definiciones se fueron concretando en años posteriores (4,5), hasta considerar como ITU de riesgo aquellas que cursan con fiebre >39º, mal estado general, aspecto tóxico, vómitos, deshidratación grave y deficiente cumplimiento terapéutico. Se reservó la denominación de ITU simples para las que cursan con fiebre moderada, estado general aceptable, posibilidad de administrar tratamiento oral, ausencia de signos de deshidratación y cumplimiento terapéutico asegurado.

Recientes estudios que han utilizado los hallazgos en la gammagrafía renal Tcc99 DMSA para adscribir topograficamente las ITU, han demostrado que más del 75% de los niños menores de 5 años con ITU febriles, eran portadores de pielonefritis y que la persistencia de estas lesiones conduce a cicatrices renales permanentes en un porcentaje que varía entre un 27-64%. Estos resultados alertan sobre el hecho de que la población de mayor riesgo para desarrollar cicatrices renales son los niños menores de 4 años, especialmente los del primer año de vida, los portadores de reflujo vésico-ureteral (RVU) de alto grado u obstrucción de vias urinarias y aquellos que sufren algún retraso en la instauración del tratamiento (6,7).

Parece lógico que la actitud más razonable para la prevención del daño renal secundario a ITU consista en identificar precozmente a los niños de alto riesgo para ITU. En el momento actual existe amplio consenso en considerar como tales a los lactantes febriles de 2 a 24 meses (8). Para discriminarlos adecuadamente es preciso constatar los siguientes factores clínicos: temperatura igual o superior a 39º , duración de la fiebre más allá de 48 horas, raza blanca, edad inferior al año y ausencia de otro foco que justifique la fiebre. La presencia de dos o más de estos factores de riesgo ofrece una sensibilidad del 95% y una especificidad de 31% para sentar el diagnóstico de ITU. La constatación de tres o más criterios, incrementa la especificidad hasta un 77% a expensas de un descenso en la sensibilidad de hasta un 67% (6).

 

Marcadores biológicos .-

 

La adscripción topografíca en la ITU se considera necesaria con vistas a la instauración de un tratamiento apropiado (9). Como ha quedado expuesto, la diferente y muchas veces inespecífica expresividad clínica, sobre todo en el lactante, no permite distinguir entre ITU de vias altas y bajas. Por ello se ha tratado de buscar marcadores biológicos con el único  objetivo de completar la evaluación de la gravedad de la infección y nunca de reemplazar los criterios diagnóstico bacteriológicos de la ITU.

El hallazgo de un marcador ideal permitiría afrontar el manejo del paciente en régimen hospitalario o ambulatorio, pautar un tratamiento personalizado por vía parenteral u oral, así como protocolizar razonadamente los estudios de imagen a llevar a cabo para investigar la posible afectación renal.

No obstante, la búsqueda de un marcador biológico para el diagnóstico de la ITU en pediatría se halla condicionada por una serie de factores entre los que cabe destacar la facilidad de su determinación, la cantidad de sangre necesaria para ello y la reproductibilidad, sensibilidad y especificidad de la prueba. Por otra parte, teniendo en cuenta las implicaciones terapéuticas que conlleva, los resultados deben estar disponibles de inmediato y, sobre todo, ser suficientemente descriminativos desde el punto de vista individual para su utilización sistemática (10).

De los numerosos marcadores de ITU utilizados en la edad pediátrica nos ocuparemos unicamente de los que han mostrado hasta el momento mayor relevancia: la proteina C reactiva (PCR), las citocinas y procalcitonina (PCT).

 

Proteina C reactiva: La PCR es un reactante de fase aguda que forma parte de las proteinas de la inflamación, un grupo multifuncional compuesto por factores de complemento, proteinas de la coagulación, inhibidores de las proteasas y otras numerosas proteinas que pueden variar de forma importante tras una agresión tisular. La PCR, como la mayor parte de las proteinas de la inflamación, se genera en los hepatocitos bajo el control del factor de necrosis tumoral (TNF) y las interleucinas (IL), concretamente laa IL-1 e IL-6.

La producción de PCR se inicia a las 4-6 horas de la agresión inicial y alcanza el pico máximo alrededor de las 36 horas. Su producción se mantiene constante mientras el proceso inflamatorio o infeccioso se encuentra activo pero, una vez controlado, su nivel en sangre desciende rapidamente debido a su corta vida media, estimada en unas 4-7 horas (10,11).

Aunque la elevación de la PCR sérica no constituye un signo específico de infección bacteriana, se ha demostrado que en presencia de un proceso de este tipo, su producción es más intensa y, en consecuencia, se alcanzan niveles más elevados que cuando se trata de un síndrome inflamatorio. Ante cualquier agresión bacteriana, la secreción de PCR va precedida de un aumento de los niveles de IL-6 (11).

Numerosos estudios han confirmado que las tasas elevadas de PCR (valores de corte de 20 o 50 mg/L ) son características de las infecciones más graves, lo que permite identificar a los niños con ITU complicadas o con riesgo de producir secuelas renales (10-13). No obstante, el valor predictivo de este reactante de fase aguda no se ha mostrado superior al de la fiebre o la velocidad de sedimentación globular (VSG). A la luz de la experiencia acumulada hasta la fecha, no parece que la PCR pueda considerarse de utilidad en el diagnóstico de localización de la ITU (11), ya que no es un marcador suficientemente descriminativo para ser utilizado de forma aislada. Sin ambargo, la PCR sérica se ha mostrado de gran utilidad para monitorizar a los pacientes con vistas a conocer la efectividad del tratamiento una vez realizado el diagnóstico de ITU. Los niveles de PCR sérica disminuyen rapidamente cuando el tratamiento antibiótico es el adecuado, manteniendose elevados cuando la terapéutica es ineficaz (10-14).

 

Citocinas: La importancia de las citocinas como respuesta a una agresión bacteriana ha sido ampliamente demostrada. Su producción en el mismo lugar de la infección, precede incluso a la aparición de la fiebre, la síntesis de las proteinas de la inflamación y la respuesta de los neutrófilos. Las citocinas son muy inestables, por lo que las muestras de sangre para su determinación deben ser centrifugadas de inmediato y el plasma congelado.

Las principales interleucinas estudiadas en niños con ITU han sido las IL-6 e IL-8. Conocida su cinética, relativa facilidad de determinación y marcada producción en el transcurso de episodios infecciosos, era presumible que pudieran jugar un importante papel en la génesis de la lesión renal.

En términos generales, las IL-6 e IL-8 son marcadores muy próximos a la PCR y la VSG, pero su sensibilidad no es equivalente. La respuesta del organismo a la agresión bacteriana varía no sólo de unos individuos a otros, sino también en función del sexo e incluso de las cepas bacterianas (10).

 

Determinación en sangre : Se han demostrado niveles elevados de IL-6 en  pacientes adultos con pielonefritis, mientras que se mantenían en rangos normales o discretamente elevados en los portadores de cistitis. En el niño con ITU febril las tasas séricas medias de IL-6 al inicio del proceso han sido significativamente más altas que las de niños con bacteriuria asintomática, pero no ha sido raro encontrar niveles bajos a tìtulo individual, lo que permite afirmar que este marcador se ha mostrado escasamente discriminativo. El comportamiento de la IL-8 sérica presenta todavía menor utilidad diagnóstica (10).

Determinación en orina : En términos generales la determinación en orina ha resultado de mayor utilidad para el diagnóstico de ITU que la investigación en sangre. La excreción urinaria de citocinas varía con la gravedad de la infección, la virulencia de la cepa infectante y la edad del paciente. Por ello las cifras más elevadas se observan en las ITU graves. La IL-6 se ha mostrado mucho más sensible que la IL-8.

La determinación de citocinas séricas se correlaciona mejor con la PCR y VSG para diferenciar ITU simples y de riesgo, manteniendo un valor discriminativo equivalente o ligeramente inferior a aquellas. La excreción urinaria de citocinas, sin embargo, tiene un mayor valor pronóstico. En este sentido se ha demostrado recientemente que la tasa de IL-6 urinaria, se comporta como un excelente marcador de lesiones renales secundarias a ITU. Así, las lesiones tardías comprobadas por gammagrafía renal Tcc99 DMSA realizada un año después del episodio inicial se acompañaban en el 70% de los casos de niveles altos de IL-6 al diagnóstico, lo que permite suponer que estas citocinas urinarias constituyen un buen reflejo de los fenómenos inflamatorios a nivel del parénquima renal. A pesar de estos resultados, los falsos negativos fueron numerosos (15,16).

Un estudio realizado en neonatos con ITU ha comprobado una elevación de las concentraciones urinarias de IL-6 e IL-8, aunque no en suero, en las primeras 24 horas tras el diagnóstico, lo que permite pensar que el aparato urinario del recién nacido puede responder a la agresión bacteriana produciendo citocinas inflamatorias. Las concentraciones urinarias de IL-6 se correlacionaron con los cambios experimentados en la gammagrafía renal y por ello pudieran tener utilidad como marcadores de afectación parenquimatosa renal en la etapa neonatal (17).

En cuanto a la determinación de otras citocinas urinarias o de sus receptores, se encuentra actualmente en vias de investigación con el fin de explorar los fenómenos inflamatorios provocados por la ITU y su regulación, pero no resultan de interés para el manejo individual de los pacientes (10).

 

Procalcitonina: Es un polipéptido, precursor de la calcitonina de 116 aminoácidos que puede ser segregado, sin producción de calcitonina, por diferentes tipos celulares todavía no identificados, aunque muy probablemente los macrófagos sean uno de ellos. Aunque su mecanismo de acción no se conoce con exactitud, se comporta como un marcador precoz y sensible de las infecciones bacterianas graves, incluso en la etapa de recién nacido (10).

Desde el punto de vista práctico, la PCT tiene la ventaja de que ser extremadamente estable y no dar lugar practicamente a ninguna degradación o formación de calcitonina. Hasta ahora, la cuantificación de PCT se realiza exclusivamente en suero. Para ello se utiliza una técnica consistente en marcar anticuerpos monoclonales específicos de algunas regiones de la molécula con ester de acridinium, que ha demostrado una alta sensibilidad y total especificidad. La lectura de la reacción se hace por luminiscencia, lo que facilita el resultado en menos de dos horas y con una mínima muestra de suero o plasma (20 microlitros). En condiciones de normalidad los valores de PCT sérica son inferiores a 0,1 µg/L salvo en los 2-3 primeros dias de vida, momento en que se encuentran las concentraciones más elevadas (1-15 µg/L) (10,18,19).

Se han observado tasas elevadas de PCT en el curso de infecciones generalizadas, bacterianas, fúngicas y parasitarias. En caso de infección bacteriana invasiva, los niveles séricos se muestran muy elevados; mucho menos cuando la infección es localizada. En caso de bacteriemia la sensibilidad es superior al 95% para un valor de corte de 2 µg/L. En el caso de las ITU, donde el problema no es el diagnóstico sino la previsión de las lesiones renales, el corte discriminativo es mucho más bajo: 0,5-0,6 µg/L. A pesar de ello hasta un 70% de los casos presentan valores de PCT superiores a 1,5 µg/L. Los valores de PCT sérica observados en infecciones virales han sido bajos. Sobre un total de 200 infecciones virales comprobadas, menos del 5% de los casos cursaron con PCT superiores a 2 µg/L y todos ellos se mantuvieron por debajo de 5 µg/L (19).

Hasta el momento, dos grupos de trabajo (18,20) han estudiado el comportamiento de la PCT en la pielonefritis aguda del niño. Ambos han llegado a la conclusión de considerar a la PCT como el único marcador que se correlaciona con la intensidad de las lesiones renales. Ni la IL-6 ni la PCR sericas determinadas al ingreso mostraron variaciones predictivas de lesiones secuelares. Los niños con PCT al ingreso baja (<0,5 µg/L) tuvieron mínimo riesgo de desarrollar lesiones escintigráficas. La tasa de falsos negativos fue inferior al 10%. Su utilidad en el diagnóstico de las ITU febriles parece prometedor si tenemos en cuenta que la PCT ha sido el único marcador que ha mostrado correlación positiva con la intensidad de las lesiones renales pielonefríticas detectadas por gammagrafía renal Tcc99 DMSA. Comparativamente con la PCR la sensibilidad y especificidad para predecir el riesgo de lesión renal en el momento del ingreso fue del 100% y 26,1% respectivamente para la PCR, mientras que la PCT ofreció una sensibilidad algo más baja (70,3%) pero una especificidad sensiblemente más alta (82,6%) (10,18,20).

Por otra parte se ha comprobado que la PCT tiene un importante valor pronóstico, ya que cuando el tratamiento se muestra eficaz, el descenso de los niveles séricos del marcador es muy rápido (19,20).

            Por la experiencia acumulada hasta la fecha, se puede afirmar que la PCT puede ser, en el contexto inflamatorio, un marcador específico y precoz de infección, particularmente bacteriano. Parece mostrarse superior a la PCR y la IL-6, considerados como los marcadores biológicos clásicos, y más específica que la PCR para el diagnóstico de infección bacteriana y con un mejor valor predictivo positivo. Su elevación, que se correlaciona con la gravedad de la infección bacteriana sistémica, puede tener además un valor pronóstico.

A pesar de ello es necesario profundizar en el estudio de este nuevo marcador para dar respuesta a los numerosos interrogantes planteados. Desconocemos todavía por qué la PCT no aumenta o lo hace sólo moderadamente en situación de infección bacteriana localizada.  Por otra parte, no existe un valor de corte de PCT que permita, con una especificidad del 100%, diferenciar la etiología infecciosa de la no infecciosa. Los valores medios reportados en la literatura varían de 0,2 a 10 µg/L en función del tipo de patología estudiada. Este valor es todavía más dificil de precisar en la edad pediátrica.

 

Nuevos marcadores.-

Recientemente se ha señalado la utilidad diagnóstica del complejo elastasa-alfa-1-antitripsina de los polimorfonucleares como marcador de afectación renal. Un reciente trabajo realizado en Grecia (21) ha comprobado una elevación de este marcador en los enfermos con pielonefritis aguda confirmada por la afectación en la gammagrafía renal, en contraste con lo que ocurre en los pacientes con ITU y gammagrafía renal normal y niños control, que muestran valores normales. En su experiencia, este marcador ofrece una sensibilidad del 96% y una especificidad del 50% tomando como punto de corte el P95.

La alfa-1 microglobulina urinaria, determinada mediante inmunonefelometría, se ha estudiado también como marcador de pielonefritis aguda por Everaert y col. (22). El trabajo,  realizado en 62 niños con ITU, todos ellos mayores de 3 meses de edad, ha demostrado que el cociente alfa-1 microglobulina/creatinina ofrece una alta sensibilidad (98%) y especificidad (100%) para detectar lesiones en el DMSA en fase aguda; por otra parte este cociente es significativamente más alto (p<0.02) cuando las lesiones pielonefríticas son bilaterales.

 

 
 

 BIBLIOGRAFIA.-

 

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